Juan A. GARCÍA GONZÁLEZ, Principio sin continuación. Escritos sobre la metafísica de Leonardo Polo, Universidad de Málaga, Málaga 1998; 228 pp.

por Salvador Piá Tarazona

La metafísica poliana está recogida principalmente en El ser I: la existencia extramental y en El conocimiento habitual de los primeros principios, obras que estudian el ser extramental. Y además en el tomo cuarto del Curso de teoría del conocimiento, libro que examina la esencia del universo físico.

La metafísica, según Polo, es una filosofía primera. Pero no toda la filosofía primera, porque también es primera la antropología trascendental, si bien de otro modo que la metafísica. Eso quiere decir que la metafísica no estudia toda la realidad; ya que no se interesa por el ser personal, sino que tan sólo estudia el ser extramental.

El ser extramental es el tema del pensar, es decir, su contenido; o aquél ser del que decimos algo al pensar. Lo pensado es, en este ámbito, limitado, porque no se agota en sí mismo, sino que remite al ser como fundamento de su verdad; ésta es la remisión metafísica. En cambio, el ser personal es el de quien ejerce el pensar; y para el que lo pensado también es limitado; pero, en este caso, porque quien piensa no se agota en ello, o porque al pensar nadie se alcanza a sí mismo, sino que el pensar requiere ulterior aclaración: se busca a sí mismo, y demanda un reconocimiento que está más allá de sí mismo.

Como se puede apreciar es la metodología poliana, que detecta un límite en el ejercicio del pensar y propone abandonarlo, la que permite establecer como radical esta división de los seres. En función suya decimos que la metafísica no trata del ser en toda su universalidad, porque el ser no es universal; sino que, precisamente, la universalidad de nuestro concepto de ente es una imperfección cognoscitiva que viene a remediar la metafísica por un lado, y la antropología trascendental por el otro.

Del ser extramental se dice básicamente que es principio. Pero la principìalidad del ser es compleja, porque el ser no es un principio monolítico y único. Ante todo, el hombre descubre mediante la razón las causas o principios predicamentales, cuya conjunción ordenada constituye al universo como una esencia, algo suficiente para existir. El orden predicamental es el asunto de una consideración filosófica del mundo que busca su fundamentación; una física de causas preámbulo de la metafísica, pero que bien pudiera tomarse incluso como una parte suya. El conocimiento del fundamento muestra que la índole extramental del ser no es incompatible con la índole lógica de la mente humana. Y es justamente ésta compatibilidad la que abre las puertas a la metafísica propiamente dicha, la cual, sin ella, ni siquiera sería posible.

Porque la esencia del universo se distingue de su ser, que es el tema propiamente metafísico. Y la distinción de esencia y ser del universo es muy precisa: la esencia causal del universo es la analítica del ser como principio primero. El análisis no es sólo un proceso lógico, sino que tiene una versión real: la que articula los principios predicamentales con alguno de los primeros principios. Porque tampoco hay un solo principio primero, sino una pluralidad de primeros principios; de lo cual es un indicio el propio análisis que uno de ellos permite. Y es que, efectivamente, el ser del universo es creado, y se distinguen como seres el creado del increado. Ambos son primeros, son principios, pero cada uno a su manera. La metafísica poliana establece la distinción de los tres primeros principios: el de identidad, que se reserva para Dios como ser increado y originario, y los de no contradicción y causalidad trascendental, en los que estriba el valor principial del ser del universo en cuanto que ser creado: la existencia del universo es creada, porque es principio como causa no contradictoria.

Si el límite mental es la unicidad de lo pensado, su abandono hacia la temática metafísica tiene que romper con ella. Y así, no hay un solo principio predicamental, sino cuatro sentidos de la causalidad: el universo es la tetracausalidad completa. Y tampoco hay un solo primer principio, sino tres mutuamente vigentes; en su intelección radica nuestro conocimiento de la creación del universo.

Pero esto quiere decir que la metafísica exige una metalógica, porque con el solo pensamiento poco conocemos de los principios. El abandono del límite mental hacia la temática metafísica es gradual: en la segunda dimensión requerida para el conocimiento de los principios predicamentales se nota con una progresiva mayor nitidez ese límite, hasta alcanzar a detectarlo en las condiciones en que puede abandonarse por completo: es ya la primera dimensión de ese abandono, exigida para la intelección de los primeros principios. Como el hombre es ciertamente capaz de entenderlos, esta superación de la limitación lógica del hombre es cognoscitiva, y no subordina la razón a intereses prácticos, ni la hace depender de creencias o previas adhesiones voluntarias. La creación es cognoscible por el hombre, si éste se toma la libertad de reconocer su limitación lógica para distinguir los primeros principios. De esta manera, la índole metalógica del saber metafísico lo inserta en el ámbito de la libertad personal, pues la metafísica es un saber rigurosamente personal, y libre.

Estas consideraciones enmarcan la metafísica de Polo, que es el tema al que Juan A. García González dedica el libro Principio sin continuación, editado por la universidad de Málaga. Ese libro se abre con un apunte biobibliográfico sobre Leonardo Polo, en el que se registra en particular su relación con la universidad de Málaga. Y después se recogen once trabajos, la mayor parte de ellos ya publicados, que examinan tanto la metodología como la temática de la metafísica poliana. Como apéndices se han añadido tres reseñas de textos recientes de Polo.

El autor habla del realismo virtual de la metafísica poliana, consecuencia de la distinción entre ser y pensar que de un modo tajante establece la metodología del abandono del límite mental. Esta diferencia se compone con la distinción real tomista entre la esencia y el ser, de acuerdo con la que se afirma que la esencia del universo es potencial respecto a su acto de ser. Y como la comprensión metalógica del acto de ser del universo es principial, es la intelección de los primeros principios de no contradicción y causalidad trascendental, entonces se concluye que el ser del universo es, según lo dice el autor, un principio sin continuación, o un principio persistente como tal principio. Ciertamente, según Polo, en la persistencia se advierte el carácter no contradictorio del ser creado. En cambio, la actualización de las virtualidades del cosmos compete al conocimiento humano, y a su libertad: ésa es la novedad que viene a continuación de los principios. Por eso, sin el hombre, el universo físico estaría incompleto.

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