POLO, L., El yo, presentación, estudio introductorio, y notas de Juan Fernando Sellés, Cuadernos de Anuario Filosófico. Serie Universitaria, nº 170, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, Pamplona, 2004, 151 pp.

por Juan J. Padial

En el mismo año que aparece la traducción al castellano de El Yo de Schelling, ve la luz un curso inédito sobre la misma temática de Leonardo Polo. Se expone en este volumen parte del desarrollo intelectual de su posición sobre esta materia. Así aparece la tesis de la identidad entre yo y ser personal, más cercana a las primeras elaboraciones del tema en El acceso al ser, que a la concepción muy ajustada con el resto de nociones pensadas que Polo nos ofreció en Antropología trascendental. No obstante el interés de este trabajo no es meramente historiográfico en la perspectiva poliana. Ofrece una interesante perspectiva sobre las nociones heideggerianas de Lichtung, escucha y serenidad. También aborda magistralmente el arranque de las filosofías leibniziana y hegeliana como filosofías de la vida del espíritu. Y en los logros temáticos, Polo consigue una rectificación de la noción de potencia como ordenabilidad, congruente con la noción de naturaleza humana.
El libro se articula en torno a cuatro grandes núcleos. En cada uno de ellos se estudia una concepción moderna del yo. La exposición va entrelazando y contrastando los resultados alcanzados históricamente. En este proceso, Polo discute y depura su visión del yo. Esta concepción es incoativa. Su elaboración correspondió a los dos volúmenes de su Antropología trascendental, especialmente al segundo, publicados por la editorial Eunsa en años anteriores (este texto corresponde aun curso doctorado anterior a la confección de la antropología citada). Los autores estudiados son Descartes y Kant, en un primer capítulo sobre el racionalismo. Hegel, a cuya presentación y discusión responde casi todo el volumen, Heidegger y Nietzsche.
A mi juicio la exposición del racionalismo prepara la de Hegel. Polo propone comprender el yo hegeliano como productor de su propia realidad. Por lo tanto no puede juzgar meramente los datos inteligibles (Kant), mucho menos ejercer una actividad despierta (Descartes) ante ellos. La exposición cartesiana será retomada en el último capítulo, al hablar de las dos dimensiones —duales, e irreductibles— de la conciencia humana: la claridad y la existencial. Así pues Polo expone un diálogo de Descartes con Kant, Hegel, Heidegger y su propio pensar. En el primer diálogo, Polo indica la fuente común por la que el yo aparece en las filosofías de Descartes y Kant: la preocupación por la certeza. Tras esto realiza una tópica de la certeza y la intencionalidad cognoscitiva, asimismo como una crítica al yo racionalista, que es entendido como mero sujeto lingüístico. Como balance concluye en el no compromiso del yo con la actividad iluminante de los datos.
El grueso de la obra lo lleva el diálogo con Hegel. Retrotrayendo la discusión a las fuentes históricas del idealismo alemán, Polo encuentra dos autores de los que pende el idealismo absoluto: Leibniz y Lutero. Polo lleva el planteamiento monadológico leibniziano a una teoría de la vida, de la que arrancará la especulación hegeliana. Este movimiento es un acompañar la mente del lector al primigenio momento de admiración del que arrancó el idealismo alemán. Como la filosofía ha de proseguir o morir en el enfrentamiento con las aporías que salen al paso en el transcurso del pensar, Polo señala la aporía a la que tuvieron que enfrentarse los idealistas: si se piensa lo vivo como sustancia, o como naturaleza, entonces el dinamismo vital no puede ser infinito. Si la vida es el ser para los vivientes, no puede ser comprendida adecuadamente desde las categorías. Polo señala que la reformulación del planteamiento leibniziano por Hegel estriba en negar que la vida —trascendentalmente considerada— pueda ser comprendida desde la noción de sustancia (mónada). La vida es un dinamismo infinito, que produce sus propias determinaciones, su propio contenido, y que sólo se aquieta en la actividad contemplativa. Ese dinamismo es el yo. La Betrachtung es el resultado, el yo Absoluto, actividad terminal de una potencialidad (dynamis) infinita y anterior. Así interpreta Polo la necesidad hegeliana de comprender la sustancia como sujeto. Según esto el sujeto es perfeccionable infinitamente, toda su actividad revierte sobre un dinamismo que no tiene ni término finito alguno, ni acaba de modo alguno. Su término tan sólo es el Absoluto. Tales son los presupuestos hegelianos de las nociones de conciencia, yo y espíritu. La discusión con Hegel es triple: de una parte Polo rehabilita la concepción schilleriana de armonía, para la comprensión de la naturaleza humana como potencia de ordenación. Aquí hay una crítica a la preponderancia absoluta del fin en la antropología e historiología hegelianas. En segundo lugar, Polo se sumará a la crítica heideggeriana a la autoconciencia. En tercer lugar, Polo plantea su tesis de la irreductibilidad del haber al ser, formulada en el último capítulo de El acceso al ser.
Las últimas dos maniobras le llevan a concentrar la atención en Heidegger y Nietzsche. Acepta de Heidegger la imposibilidad de conocimiento del ego. No obstante la exposición de esta crítica le lleva a advertir en Heidegger la misma pretensión de identidad operante en Hegel. Una pretensión ya confusamente irrealizable, pero que determina el sesgo pesimista de la comprensión heideggeriana del yo.
Respecto de la edición es preciso señalar tres niveles. El primero es el de las notas añadidas por el editor. El profesor Sellés, actualmente asistente del profesor Polo, remite con muy buen criterio a textos paralelos más desarrollados, o a variaciones en el pensar poliano. De seguro que estas indicaciones serán de mucha utilidad al lector novel en la obra de Polo. La presentación incardina muy específicamente la obra publicada en el conjunto de la obra de Polo. Por último se acompaña de un estudio introductorio en el que vuelven a recorrerse diacrónicamente las concepciones del yo. A mi juicio, habría sido deseable un detenimiento mayor en el estudio sincrónico del yo en la obra poliana. No obstante, el estudio cumple muy loablemente su función introductoria a la antropología poliana.

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