Polo, L., La crítica kantiana del conocimiento, Edición preparada y presentada por Juan A. García González, Cuadernos de anuario filosófico, nº 175, Universidad de Navarra, Pamplona, 2005; 78 pp.

por Alejandro Rojas.

Juan A. García, discípulo directo y gran conocedor de la obra poliana al tiempo que especialista en teoría del conocimiento, prepara y presenta este libro a partir de los apuntes mecanografiados al parecer por Fernando Múgica quien asistía por aquel entonces como alumno al curso de teoría del conocimiento impartido por Leonardo Polo durante el año 1974-75. Unos apuntes que fueron revisados por el propio Leonardo en un primer momento, pero cuya revisión final se debe al profesor Juan A. García quien manifiesta en la presentación del libro su intención de ser fiel al pensamiento, y aún la palabra, polianos.
Se trata de un libro que interesa tanto a polianos como a no polianos. A unos, entre otros motivos, porque, como en más de una ocasión ha resaltado Juan A. García, Kant puede ser considerado como el interlocutor oculto de la filosofía poliana. A otros por cuanto se trata de un fructífero diálogo con Kant en el que Leonardo saca a la luz algunos puntos problemáticos dentro de la filosofía kantiana a los que buscará dar una posible salida.
El libro comienza exponiendo dos nociones fundamentales: 1) la metafísica como ciencia de principios anhipotéticos y 2) el ser como principio estrictamente primordial y anhipotético. A partir de las cuales concluye que el conocimiento a) objetiva, b) articula objetivaciones y c) manifiesta que aquello a que referimos las objetivaciones es algo principal. Esta primera parte, aunque breve en extensión, no puede pasar desatendida porque va a situar el suelo donde va a tener lugar todo el desarrollo posterior: el conocimiento como una acción humana esencialmente limitada.
A esta parte le sigue un breve resumen de la filosofía kantiana en el que se interesa especialmene por los tres puntos siguientes: 1) el problema de la justificación de la metafísica (quizás siguiendo la obra de Heidegger “Kant y el problema de la fundamentación de la metafísica”), 2) la división fenómeno-noúmeno (en confrontación con la cual llegará en la segunda parte a afirmar que la cogitativa humana no sólo recibe el dato sensible, sino que lo refiere a la realidad (de tal manera que la distinción que hay que hacer no es entre fenómeno y noúmeno, sino entre verdad conocida y ente real) y 3) la unidad del entendimiento.
Se trata de tres puntos que van a estar presentes durante todo el desarrollo del texto. De entre ellos quisiera destacar especialmente el tercero, pues en la historia de la filosofía se dan dos líneas diferenciales a la hora de tratar este aspecto y con las que Leonardo va a entrar en un fructífero diálogo. Una línea, la línea del idealismo, remite la unidad de la intelección al “yo pienso”. Otra, la línea de la fenomenología, remite la unidad de la intelección al tiempo (el esquematismo trascendental).
La segunda parte del libro se adentra justamente en este asunto y advertirá que ninguna de las respuestas es válida: con respecto al esquematismo trascendental por cuanto que en Kant está mal planteada la cuestión del tiempo, ya que el tiempo del que habla Kant es el tiempo consciente, y, siendo el tiempo de la conciencia, se trata de un tiempo que es general, pero no trascendental (para defender esto Leonardo se adentra en la noción de tiempo presentando una serie de modos diversos de entender el tiempo). 2) Con respecto al “yo pienso” Leonardo plantea los siguientes problemas: a) el “yo pienso” no da razón de porqué se aplica en cada caso una categoría u otra (hace falta el esquematismo), b) queda en el aire si el yo es idéntico a la conciencia, si se reduce a la conciencia (la conciencia, así lo decía Santo Tomás, es concomitante, acompaña a todo conocimiento intelectual, pero sin destacarse de un modo formal). Leonardo Polo insiste en que el Sujeto kantiano puede ser una explicación a la constitución del objeto, pero es incapaz de mostrar la razón cognoscitiva del objeto mismo, la explicación de nuestra intelección del objeto.
Resulta además que el Sujeto kantiano es un Sujeto colocado ante dos mundos: el de las exigencias morales y el de las necesidades cognitivas. Por ello, mientras que no importa en el tratamiento kantiano la realidad del Sujeto en el caso del entendimiento, es sin embargo un requerimiento necesario para tratar el caso de la moralidad. El asunto es que para plantear la cuestión por el sujeto (siendo el auténtico motivo de Kant la tarea de liberar al hombre de la necesidad propia del naturalismo spinozista) es reemplazar la división “razón práctica”-“razón pura” por las nociones de “ser personal” y “hábitos cognoscitivos”. Se conseguiría así salvaguardar la realidad del sujeto, intención esta por la cual Polo acudirá a la noción de intelecto agente aristotélica en la medida en que posibilita entender el sujeto sin que sea concebido como fundamento: nuestro conocimiento objetivo exige la remision al ser, a establecer la prioridad del esse respecto de lo inteligible. Leonardo invita así a plantear desde aquí el tema del sujeto porque quedaría superada la dualidad sujeto-objeto moderna.
La edición cuenta con una interesante presentación que incluye un pequeño comentario sobre el origen del texto, un resumen del contenido, una breve introducción al contexto biográfico en el que se encuadra este curso de teoría del conocimiento y una interesante valoración del texto en las que se exponen las claves para la correcta lectura del curso. Se trata de una presentación que elabora Juan A. García, quien, como decíamos, es un gran especialista de la filosofía de Leonardo Polo y todo un referente para quien quiera acercarse a la filosofía del veterano profesor de Navarra.
Si bien, no quisiera concluir la reseña sin hacer dos anotaciones más:
Por un lado, avisar al lector que se va a encontrar con un texto bastante lacónico, lo que lo hace de difícil lectura. Aunque bien es cierto que dicha opacidad hace notar la fidelidad a los apuntes escritos que le sirven de base. Algo que agradezcan los que conocozcan más de cerca la filosofía poliana, pero que se comporte como un obstáculo para los menos conocedores de dicha filosofia.
Por otro lado, quisiera también decir que se me presenta este curso de Polo como una llamada a la filosofía para que vuelva a ciertas maneras metafísicas abandonando los derroteros que actualmente parece estar tomando. Cuando se refiere a la línea fenomenológica entiendo que, de alguna manera, lo que está haciendo es situar en la problemática “sujeto-objeto moderna” una línea que va a intentar responder a los problemas que dicha relación plantea eliminando toda apelación a algo así como una realidad independiente (de modo que no sólo cabrían en dicha línea los autores propiamente fenemenólogos como Husserl o Heidegger, sino también todos aquellos autores postfenomenólogos como Derrida, Foucault, Deleuze, etc.). Entiendo al mismo tiempo que situar el idealismo también como una respuesta posible a los problemas de la relación “sujeto-objeto moderna” es también desacreditar dicha línea metafísica, algo que habría que entender como una llamada a una nueva metafísica que sepa afrontar, salvando la relación sujeto-ojeto, el asunto referente a la persona.tml’, ‘INCIARTE, F.-LLANO, A., Metafísica tras el final de la metafísica, Ediciones cristiandad, Madrid 2007; 381 pp.’)

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