SACKS, Mark; Objectivity and Insight, Oxford University, Oxford, 2000, 346 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Recientemente Mark Sacks ha revisado el posible sentido de la aparición de la vieja paradoja kantiana del ‘noumeno’ en el nuevo contexto de la filosofía analítica en Objetividad y perspicacia. En efecto, el abismo dejado abierto por Kant entre la objetividad atribuida a nuestro modo de representar los fenómenos y la realidad en sí a cuyo conocimiento aspira toda mirada perspicaz, ha seguido generando en el contexto de la actual filosofía analítica todo tipo de escepticismos. O bien se trató de contrarrestar el escepticismo otorgando una prioridad al sujeto del conocimiento, como ocurrió en Locke, Hume, Kant, James o Bergson. O bien se otorgó esta prioridad al propio mundo, aunque ello exigiera aceptar un proceso de domesticación de la razón, con el consiguiente sometimiento a unos criterios de objetivización cada vez más estrictos, a partir de la aceptación sobreentendida de unos presupuestos transcendentales implícitos, como ahora se piensa que acabó ocurriendo a lo largo de toda la filosofía analítica posterior. Sin embargo en ambos casos se tuvieron que introducir presuposiciones muy perniciosas que acabaron fomentando un escepticismo aún mayor, incapaz de justificar la peculiar objetividad de nuestro conocimiento: o bien se defendió un atomismo psicológico que justificaba el valor de la objetividad del conocimiento por procedimientos en sí mismos psicologistas, o bien la razón inició un giro copernicano de tipo naturalista, que le exigió asignarse a sí misma unas pretensiones de universalidad claramente desproporcionadas, sin poder tampoco evitar que este tipo de dogmatismos provocara a la larga un escepticismo aún mayor, aún incluso en las versiones más moderadas y autocríticas, como de hecho terminó ocurriendo con los programas analíticos de Davidson, Quine, Strawson, Kripke y el último Wittgenstein.

Sacks pretende salvar a la noción kantiana de objetividad de la paradoja del ‘noumeno’ que ella misma origina. En su opinión, es un error pretender evitar las tensiones existentes entre la objetividad y la subjetividad mediante una psicología transcendental, o mediante una simple semiótica transcendental, cuando en ambos casos se recurre a una estrategia de fundamentación en sí misma relativista. En su lugar se defiende una fundamentación ontológica, que haga compatible la referencia objetiva a una realidad en sí con los criterios de universalidad estricta utilizados por la propia razón para referirse al mundo entorno, sin compartir ya las visiones unilaterales de la subjetividad y excesivamente revisionistas de la objetividad antes propuestas. En su opinión, los desarrollos actuales del método analítico aportan unos argumentos transcendentales muy precisos a favor de un tipo de presupuestos ontológicos y no-metafísico, muy distintos de los propuestos por el idealismo transcendental, por cuanto ahora se justifican en nombre de un uso neutral de la noción de objetividad y de perspicacia, tratando de hacer compatible el naturalismo con el transcendentalismo, sin admitir el psicologismo de las propuestas kantianas, ni el dogmatismo de una metafísica apriorista. Para dar este último paso basta con prolongar los planteamientos kantianos más allá de donde él los dejó, sin volver a defender un realismo transcendental en sí mismo dogmático, a fin de justificar la realidad en sí de este mismo ‘noumeno’ en sí mismo incognoscible en nombre de un realismo empírico aún más autocrítico, salvo que se quiera volver a un fenomenismo subjetivista aún más escéptico. Dilman justifica así la dependencia de la filosofía analítica respecto de Kant para dar este ultimo paso que en general queda sobreentendido. Sin embargo deja sin responder una pregunta: ¿Realmente es posible remitirse al ‘noumeno’ kantiano prolongando sus propios planteamientos cuando su realismo empírico fue el preanuncio de la progresiva naturalización de la razón que, siguiendo a Hegel o Marx, se acabarían imponiendo en el modo de justificar el positivismo y el propio análisis filosófico?

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