BERTUNG, Birgit; Kierkegaard og menneskelighed, Reitzels Forlag, Copenhague, 2002

por José García Martín

La autora, a la que tengo el gusto de haber conocido personalmente, es una investigadora danesa del pensamiento kierkegaardiano, y ha sido durante años secretaria de la Sociedad Søren Kierkegaard de Copenhague (Søren Kierkegaards Selskabet). Se trata, pues, de una de sus muchas obras publicadas sobre el melancólico danés.

Para empezar, una cuestión preliminar referida al título danés y que ya explica o adelanta el contenido del libro, así como la idea kierkegaardiana que se plantea. En realidad tal título es doble, porque Bertung está “jugando” con estos dos términos: «menneske» (ser humano) y «lighed» (igualdad). Si los unimos y ponemos «menneskelighed», significa humanidad; en cambio, si los juntamos de este modo: «menneske-lighed», debe traducirse por igualdad humana. La investigadora, sin duda consciente de ello, lo ha redactado de esa manera para resaltar la mutua implicación de ambos significados. Matiz imposible en español.

En efecto, el contenido de su libro está encabezado por una cita de los Dagbøger (Diarios) de Kierkegaard: «Hvad er Menneskelighed? Det er Menneske-Ligghed. Uligheden er det Umenneskelige», («¿Qué significa humanidad? Igualdad humana. La desigualdad es lo inhumano»; cfr. Papirer, VIII 1 A 268). Humanidad e igualdad humana, como sus antónimos, son conceptos intercambiables en Kierkegaard. La humanidad está formada por seres humanos, personas, que son iguales en dignidad. Lo contrario, la falta de igualdad significa, en mayor o menor medida, una deshumanización o despersonalización. Alrededor de esta tesis gira toda la obra de Bertung.

En la actualidad, cuando hablamos de igualdad nos referimos a la igualdad política. No obstante, para el pensador danés la igualdad política es el remedo de la igualdad religiosa: todos los seres humanos somos esencialmente iguales ante Dios. La auténtica igualdad es la igualdad religiosa. La igualdad política se corresponde con la forma de tiranía más peligrosa de todas: la tiranía del temor humano (cfr. Papirer, VIII 1 A 598).

El escrito se divide en las siguientes partes: Prefacio. I. Introducción. II. Sistema contra existencia. III. Ejemplos de sistemas: 1) Comunismo; 2) Judaísmo; 3) Islam. IV. Revelación y comunicación. V. Lo interhumano. VI. Conclusiones actuales. Y posee ciento cuarenta y dos páginas.

Tal como expresa la escritora en su Prólogo, este libro está dirigido tanto a aquellos lectores conocedores del pensamiento de Kierkegaard, como al público en general; en especial a los que están interesados en las estructuras filosóficas de las principales religiones y, sobre todo, con respecto a la problemática sobre el derecho a la dignidad humana.

Pasando al contenido de su obra, toma como punto de partida la contraposición entre sistema («system») y existencia («eksistens»), y a través de de los conceptos correlativos de el individuo singular («den enkelte») y el otro («den anden»), termina con unas conclusiones actuales sobre el relativismo cultural y la coexistencia. Todo ello, como es obvio, sirviéndose de la filosofía de Kierkegaard, que considera muy actual.

En este sentido, Bertung pretende ofrecernos una explicación filosófica del problema de integración socio-cultural de la inmigración —en especial, la musulmana— en su patria danesa. Con ello, pone de manifiesto el necesario choque entre dos maneras muy distintas de entender la existencia del individuo y su valor o dignidad. Una, la islámica, judía o comunista, depende del todo (pueblo, tribu, raza, nación, partido, religión…) o sistema al que pertenece el individuo; la otra, la sociedad democrática occidental, se fundamenta en la originaria idea cristiana de la igualdad ante Dios: todas las personas son iguales en dignidad y valor (con otras palabras, todos somos sujetos de unos mismos derechos en cuanto humanos), independientemente del sexo, creencia, o cualquier tipo de condición.

Se entiende, por ello, la dificultad de conciliar ambas tipos de culturas, y de por qué es más difícil de defender la dignidad de todo hombre o mujer, o la responsabilidad personal de todo ser humano concreto (en relación con Dios y con la misma sociedad), fuera del cristianismo o de nuestra propia cultura, aunque haya dejado de ser formalmente cristiana.

Para acabar, me gustaría hacer referencia brevemente a la crítica de la autora a dos conceptos importantes utilizados mucho en la actualidad: tolerancia y relativismo cultural.

En el primer caso, en el nombre de la tolerancia no se debe tolerar la intolerancia, lo cual sería un absurdo. Y respecto al relativismo, hay que decir que todo no es igualmente válido, porque si no fuera así nada significaría nada.

Málaga a 11 de marzo de 2006

José García Martín

Aquí puedo contar una anécdota un tanto “macabra”: aprovechando mi viaje de bodas en 1995, fuimos a Copenhague para inscribirme en dicha asociación. Como no dábamos con el sitio concreto en la calle, le pregunté a unos jardineros si sabían dónde se encontraba. Dada su ignorancia y de que se trataba del domicilio personal de la secretaria, nos llevaron allí cerca a una funeraria creyendo que estábamos interesados en nuestro entierro. La explicación estaba en que los pobres obreros confundieron el nombre de Kierkegaard con el de cementerio (Kirkegaard), que es lo que significa en danés.

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