AERTSEN, Jan A., La filosofía medieval y los trascendentales. Un estudio sobre Tomás de Aquino, Eunsa, Pamplona, 2003, 463 pp.

por Carlos Ortiz de Landazuri

La filosofía medieval y los transcendentales, establece una contraposición entre cuatro posibles caracterizaciones de las posibles aportaciones del pensamiento tomista a la filosofía medieval en general: la ‘filosofía cristiana’ de la metafísica del Éxodo de Gilson, el giro lingüístico de la lógica terminal nominalista de la ‘Cambridge History’, el aristotelismo ético de los humanistas renacentistas en De Libera y, finalmente, el pensamiento transcendental escolástico de Buenaventura, Aquinas, Escoto, Eckhart o Alberto Magno. En este último caso se intentó llevar a cabo una auténtica refundación de la metafísica a partir de las nociones más comunes y primeras, de ente, verdad, bien, sin partir de una ontología de la sustancia y las categorías aristotélicas, anticipando de algún modo el posterior análisis de las condiciones de verdad, de posibilidad y de sentido, ya se apliquen a las representaciones de la mente humana o al propio lenguaje, como mas tarde sucedería en la filosofía transcendental moderna o en el posterior giro lingüístico de la filosofía contemporánea. A este respecto se defienden diez tesis:
1.- La génesis de la doctrina de los transcendentales entre 1225 y 1255, en la ‘Summa de bono’ de Felipe el Canciller, en la ‘Summa Theologica’ de Alejandro de Hales y en el ‘De bono’ de Alberto Magno.
2.- La refundación última de la metafísica tomista entre 1256 y 1259, a partir de una doctrina de los transcendentales, especialmente en ‘De veritate’, q1 a1 y q21 a1, en ‘¿Qué es la verdad?’ y ‘¿Añade algo el bien al ente?’ En los tres casos se prolongó el método resolutivo de la filosofía primera más allá de donde lo dejó Aristóteles o Avicena, sin considerar este paso imposible, como al menos fue el caso del postpopperiano Hans Albert. Además, se localizó una primera noción, el ente (ens), más básica que la de ‘cosa’ y ‘lo necesario’, que ahora se afirma como lo primero conocido por el entendimiento. La localización de diversos transcendentales exigió que cada uno de ellos no se considere un simple ‘nugatorio’, o tautología, como afirmó Kant. También se evitó otorgar a la verdad un papel privilegiado excluyente en las relaciones que los entes pueden establecer con la Causa Primera, con el ser humano y entre sí, cuando cada transcendental aporta un modo de significación propio.
3.- El “segundo comienzo de la metafísica” de la filosofía transcendental en el siglo XIII, ahora se sitúa en el Comentario al ‘De Trinitate’ q5 a4 de Boecio, y al ‘Prologo’ de la Metafísica de Aristóteles. Allí se atribuyeron a las propiedades comunes o transcendentales del ente en general un papel fundamentador muy singular, con anterioridad a remitirse específicamente a la Primera Causa, a los seres espirituales o materiales. A su vez el recurso a un doble método resolutivo de análisis de presupuestos previos, causal y transcendental a un tiempo, permitió remitirse a la Causa universal de todo ente y a su vez localizar sus propiedades comunes según la razón, desbordando claramente los esquemas hasta entonces utilizados por la ciencia aristotélica acerca de la sustancia y las categorías.
4.-El ente como primer transcendental justifica su primacía en el proceso abstractivo intelectual. Se trata del objeto per se de un método resolutivo propiamente transcendental, que ahora se afirma como un medio o instrumento de la acción iluminadora del intelecto agente a partir de lo sensible, a través de un proceso de simple aprehensión previa al juicio. Cuando la entidad se predica respecto de la esencia, entonces se habla de res o cosa, si en cambio se predica respecto del acto de ser, entonces se habla de ente, siendo dos propiedades recíprocamente convertibles.
5. La unidad como transcendental defiende la originalidad de la filosofía transcendental tomista, en polémica con la tradición aristotélica, neoplatónica, la árabe de Avicena, o la metafísica del Éxodo de la filosofía cristiana de Gilson. Se justificó la convertibilidad recíproca de los transcendentales, a la vez que se introdujo una multiplicidad en la propia noción de trascendental, distinguiéndolos por su diverso modo de predicación.
6.- La verdad como transcendental justifica la necesidad de remitirse a una comunidad de seres de este tipo, con anterioridad a la consideración de una verdad divina o humana. Se justificó así una filosofía transcendental capaz de revisar las relaciones que hasta entonces se establecían entre lo verdadero y lo falso, entre la verdad y el bien.
7.- El bien como transcendental justifica, en polémica con Max Scheler, el tomista Hessen, o Levinas, la tesis de la convertibilidad entre la entidad y la bondad (todo ente es bueno), a la vez que resalta su significado específico por ser el último de los transcendentales, ya que tiene razón de ‘perfecto’ y ‘final’. Además, ahora el bien también aporta una fundamentación transcendental del primer principio de la razón práctica, en la medida que es objeto específico de una facultad, la voluntad.
8.- La belleza: ¿Un transcendental olvidado?, rechaza esta posibilidad, a pesar de su aceptación por parte de Gilson, Maritain, Urs von Balthasar, Kovach, Czapiewski, Pöltner, mientras no se localice con claridad cual es la facultad a la que se remite.
9.- Los transcendentales y lo divino, justifica su respectiva jerarquización interna en razón de su atribución a Dios, según se siga un modelo de causalidad aristotélico, de participación platónica o de simple analogía. A su vez se analiza la posible atribución intrínseca o extrínseca de estas nociones comunes a Dios y a la Trinidad.
10.- Conclusiones, resalta los principales precedentes históricos de la doctrina de los transcendentales y sus indudables aportaciones a los desarrollos de la metafísica medieval.
Para terminar una reflexión crítica. Evidentemente la doctrina de los transcendentales de Aquinas introdujo una transformación en el modo de concebir la metafísica o filosofía primera, ¿pero sacó todas las consecuencias pertinentes que hubieran sido de desear, o se quedó a medio camino, como con frecuencia se le ha reprochado? ¿Hasta que punto este segundo comienzo de la filosofía transcendental fue una simple prolongación de las interpretaciones que en su día hicieron Gilson, Maritain o Fabro de sus respectivas tradiciones, sin que se pueda hablar de una efectiva refundación de la metafísica? Aertsen hace numerosas sugerencias a este respecto, pero sólo el tiempo permitirá saber el sentido final de las numerosas cuestiones ahora dejadas abiertas

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s