APEL, Karl Otto, NIQUET, Marcel, Diskursethik und Diskursanthropologie. Aachner Vorlesungen, Alber, München, 2002, 285 pp.

por Carlos Ortiz de Landazuri

Se analiza la antropología filosófica subyacente a las éticas discursivas de Apel y Habermas, tratando de llenar una laguna que habitualmente se había criticado a la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt. A este respecto Apel defiende tres tesis básicas: 1) El ‘homo faber’ es un presupuesto de las diversas instituciones que a su vez mediatizan el ejercicio de los mecanismos instintivos desinhibidos, siendo la ética quien le hace pasar a ser un ‘homo sapiens’ propiamente dicho, sin poder ya eludir las situaciones límite cada vez más problemáticas de tipo postconvencional a las que se debe enfrentar; 2) Las proporciones planetarias de la actual crisis ecológica exigen una revisión del sistema liberal de complementariedad occidental, como ya antes había ocurrido con el sistema ideológico de integración oriental o neomarxista, sin que tampoco el neoaristotelismo y el comunitarismo hayan conseguido dar una respuesta satisfactoria a este respecto; 3) Es necesario iniciar un proceso de fundación última que ponga de manifiesto la responsabilidad solidaria de los sujetos individuales con estos procesos a escala macroplanetaria, sin que sirva de nada pretender abordar estos problemas con un tipo de racionalidad más especializada.

Por su parte Marcel Niquet analiza la génesis histórica de las así llamadas antropologías discursivas a las que se remiten este tipo de éticas del discurso. 1) Su punto de partida fue la antropología filosófica de Scheler, Plessner y Gehlen, cuando hicieron notar la autotranscendencia, la excentricidad y la función regulativa de los mecanismos instintivos desinhibidos a través de la ética; 2) Se volvió así a una antropología transcendental de tipo kantiano como fundamento teórico adecuado de la filosofía práctica, como de hecho ocurrió en la mayor parte de las tradiciones de pensamiento; 3) La metafísica descriptiva de Strawson también se justifica en nombre de una filosofía transcendental de la persona, que a su vez se afirma como una condición de sentido del propio uso del lenguaje, volviendo de algún modo al esquematismo argumental kantiano; 4) Algo similar ocurre con la conexión que Nagel establece entre la metafísica de la objetividad y la antropología transcendental; 5) Se justifica así la voluntad de forma característica de la vida humana, tanto en un plano individual como colectivo; 6) Se aclara en este contexto el significado de algunos términos filosóficos, como son el discurso, lo transcendental, las formas de vida o los procesos de identidad colectiva.

Para concluir una reflexión crítica. Si la antropología filosófica es un presupuestos de las éticas discursivas parece que deberían poder aportar algún criterio de objetividad y de prueba, que deberían afirmarse como condición de sentido de la realización del propio discurso racional, sin quedar ya a merced de las reglas del propio discurso o del acuerdo entre las partes. En este sentido cabe preguntarse, ¿realmente ahora se han tenido en cuenta todas nociones afectadas por estos procesos de fundamentación última o debería ampliarse este proceso a otras nociones igualmente básicas, como son la noción de derecho natural, de argumentación natural o de verdad lógica? Sin duda Apel y Niquet han iniciado un proceso muy prometedor, que posteriormente también ha sido proseguido de algún modo por Habermas, aunque todavía les quedan muchos pasos por dar.

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