ARANA, Juan, Los filósofos y la libertad, Proyecto editorial Filosofía. Hermeneia, nº 16, Síntesis, Madrid, 2005; 256 pp.

por Juan A. García González

El autor, catedrático de filosofía en la universidad de Sevilla, nos presenta en ésta su última obra uno de los magníficos libros a que nos tiene acostumbrados. Se trata de un conjunto de estudios sobre el tratamiento que han dado a la libertad distintos filósofos de la edad moderna y contemporánea de la filosofía.

Y, como digo, es un magnífico libro por su claridad expositiva, por la precisión que logra al plantear las discusiones sobre la libertad mantenidas en los últimos siglos, por la erudición que el autor exhibe al tratar de ciertas cuestiones, por la documentación de textos que aporta en cada capítulo, y hasta por el ingenio con el que enfoca algunos de los aspectos tratados.

No es exactamente un libro de historia de la filosofía, aunque se base en ella; sino más bien un libro de filosofía: que se pregunta por la libertad, y le va dando vueltas al hilo de las reflexiones que han formulado sobre ella un grupo de importantes pensadores de los que nos anteceden.

El libro se estructura en nueve capítulos que exponen y discuten los pensamientos acerca de la libertad de Descartes, Leibniz, Wolff y Kant, Schopenhauer, Bergson, Skinner, Popper y Dennett. Con el añadido de que el autor consigue detectar lo medular de cada uno de los autores examinados y formularlo verbalmente: querer la libertad o entenderla; reivindicarla, impugnarla o adulterarla; defenderla o atacarla; desterrarla o esconderla. No es un mero recurso expositivo, sino expresión de la madurez de juicio alcanzada por el autor, que confiesa haber dedicado tres años a la redacción de estos trabajos (p. 10).

Especialmente en los primeros capítulos del libro el autor muestra los múltiples conocimientos que tiene de las relaciones entre ciencia y filosofía en la edad moderna; concretamente del impacto que Newton –un autor al que no se dedica específicamente ningún capítulo del libro- produce en la filosofía; el mecanicismo y la libertad. Como ejemplos notables de ello mencionaré el influjo de Newton en la tercera antinomia kantiana que señala el autor (p. 78), y la inversión que sugiere del peso relativo que la metafísica de Wolff y la física de Newton tienen en el pensamiento de Kant (p. 103).

Los capítulos dedicados a Schopenhauer y Bergson resultan muy ilustrativos, pues exponen unas ideas muy sueltas de lo que es la libertad humana (véanse los textos de las pp. 138 y 146). Los consagrados a Skinner, Popper e incluso el último que examina a Dennett, están en cambio muy centrados en el tema del determinismo. En este último capítulo, el autor hace una especie de balance (pp. 238 ss) y de esbozo de propuesta alternativa; en virtud de los cuales se ahorra una conclusión del libro, que no hubiera venido nada mal. El autor –partidario intransigente de la racionalidad científica- defiende, en definitiva, la libertad humana -que siempre tendrá a su favor el testimonio íntimo de la conciencia- por cuanto el determinismo cientificista termina siendo un cierto mito (p. 250).

Repito que se trata de un libro muy instructivo, y de amena lectura; y ello a pesar de tratar temas complejos, enfocados por autores muy heterogéneos. Su fruto indirecto es que hace pensar sobre la libertad humana. Y en este punto me cabe plantear a autor y lectores la siguiente cuestión.

Quizá el autor ha podido formalizar las teorías de los filósofos considerados en el libro como una cierta acción relativa a la libertad (defenderla, entenderla, esconderla, etc.) también porque presupone ya un cierto concepto de la libertad previamente definido; se sobreentiende qué es la libertad, para poder verter sobre ella esa acción con que se caracteriza cada teoría (impugnarla, atacarla, adulterarla, etc.). Este concepto de libertad en cierto modo queda expuesto en la introducción histórica que incoa el libro (pp. 15-20). Allí se enfrenta la libertad con el azar y la necesidad. La libertad está ubicada, pues, en el ámbito de la génesis de los sucesos, o de las acciones: si acontecen por necesidad, casual o libremente. O, en todo caso, en el ámbito de la conexión entre procesos o acciones y sus resultados: si tal conexión es necesaria, azarosa o libre.

¿Es suficiente este enfoque de la libertad? Tal vez sí; y además es muy usual, como el propio desarrollo del libro confirma. Pero también podría ser ampliado. Particularmente si en algunas ocasiones la procedencia de los eventos no fuera lo relevante para considerarlos. Si hay acciones o resultados de las mismas cuya génesis no es lo relevante de ellas (no diremos que no exista, claro; si no que no es relevante), entonces quizá inauguramos un ámbito de cosas distinto, y un modo de consideración diferente. Pudiera ser que entonces, en ese nuevo ámbito y distinto modo de consideracíon, se descubra la libertad con otros perfiles, incluso más propios de ella.

La tenacidad con que filósofo y científico buscan el por qué, el de dónde y el cómo ha surgido, creo que entorpecen la apreciación de aquellas cosas para las que su procedencia es más bien irrelevante. ¿O acaso no se dan esta clase de cosas?. Porque yo creo y sugiero que la libertad es una de ellas, o se descubre junto con ellas.

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