ARANGUREN, Javier, Antropología Filosófica. Una reflexión sobre el carácter excéntrico de lo humano, McGrawHill, Madrid, 2003, 287 pp.

por Juan Fernando Sellés

La reciente publicación de Javier Aranguren, , sigue a otro escrito del autor sobre esta materia: El lugar del hombre en el universo. “Anima forma corporis” en Santo Tomás de Aquino, Eunsa, Pamplona, 1997. Cuenta con un Prólogo de Alejandro Llano, una Introducción, ocho Capítulos, la Bibliografía final y dos Indices, uno onomástico y otro analítico, en el que aparecen bastantes referencias para entender el significado que el autor da al término excéntrico. Aporta algunas citas en el texto y ninguna referencia a pié de página. Se aprecia cierto manejo de la antropología clásica (Platón, Aristóteles, San Agustín, Sto. Tomás, etc.), de la propia del s. XX (H. Arendt, M. Buber, A. Gehlen, R. Guardini, M. Heidegger, P. Levi, E. Levinas, W. Pannenberg, J. Pieper, L. Polo, J. Marías, A. Millán Puelles, R. Spaemann, K. Wojtyla, etc.), y de la actual (J. Choza, A. MacIntire, M. Seller, Ch. Taylor, R. Yepes, etc.).
En cuanto al contenido de los capítulos, el primero Las pretensiones de la filosofía busca presentar al lector en qué consiste hacer filosofía. La respuesta es que, ante todo, es una vivencia, que antropológicamente en este primer tema se presenta preguntando acerca de qué somos, de dónde venimos y a dónde vamos, intentando superar el perspectivismo con un saber filosófico integrador. El segundo capítulo Vivir, sentir: los grados de vida presenta, de modo clásico, la noción de vida y los grados de ésta. Se explican las nociones clásicas de sustancia (materia y forma), accidentes, lo vivo, lo inerte, y las propiedades de lo vivo: el automovimiento, la inmanencia, el perfeccionamiento, la unidad. También la noción de alma como principio vital, y los grados de la vida: vegetativa, sensitiva e intelectual. Se describen los sentidos externos y los internos, así como el conocimiento instintivo animal. El capítulo tercero Rasgos diferenciales de lo humano busca lo distintivo (excentricidad) del cuerpo humano respecto del de los demás seres. El cuarto, Conocimiento y verdad habla de la apertura del hombre a lo real. Describe al conocimiento al modo clásico aristotélico como acto perfecto que es posesivo de una forma inmaterial que es intencional respecto de lo real. Se pregunta por la posibilidad de alcanzar la verdad, y describe las diversas actitudes subjetivas posibles frente a ella. Atiende a las dos facetas cognoscitivas de la inteligencia: la teórica y la práctica. Al término del capítulo, sale al paso de diversos errores noéticos tales como el escepticismo, el fanatismo, etc.
El quinto capítulo La vida como ornamento: la dimensión sentimental parece especialmente grato al autor, pues describe el campo de los sentimientos como “el más propio del existir humano”, a tenor de entenderlo como “horizonte y confín entre animales y espíritus”. Corrige tanto los errores sentimentales por defecto del estoicismo y rigorismo, como los excesos propios de la superficialidad del sentimentalismo, el infantilismo, etc. Ofrece, frente a los usuales sentimientos provocados por la prisa, el ser señor; frente a los que provoca el éxito, la ironía o el arte de no tomarse demasiado en serio; frente a los que provoca el ruido, el silencio de quien contempla. Al exponer la necesidad humana de adquirir sentido apela a la virtud, y explica algunas de las más centrales. El autor ya ha estudiado la virtud de la fortaleza, especialmente necesaria para nuestra sociedad, en su publicación: Resistir en el bien. Razones de la virtud de la fortaleza en Santo Tomás de Aquino, Pamplona, Eunsa, 2000. El sexto capítulo, Personas. Una reflexión sobre la esencia del amor en el que sigue especialmente a Levinas y Spaemann, busca adentrarse en el corazón humano. En este apartado se afrontan los puntos más centrales: la libertad, la verdad personal, las relaciones interpersonales, etc. El séptimo La intimidad, la casa y la familia se centra en la convivencia humana, descrita fenomenológicamente, pero con lenguaje sencillo, pues trata de temas tan usuales como la hipocresía y la confianza, la vergüenza y el pudor, del habitar y de problemas familiares como el divorcio; aunque también aborda temas de mucho más calado tales como el nombre personal, la intimidad, etc. El octavo La felicidad, ¿posible? es para el autor de “talante ético”. Para otros pensadores, en cambio, la felicidad desborda la ética. No es manifestativa sino trascendental, es decir, afecta al núcleo personal humano, y no sólo de la perfección intrínseca que adquieren las facultades superiores del hombre (inteligencia y voluntad) al actuar. Aranguren busca en este punto el origen del hombre, su destino, el sentido de la temporalidad humana, la muerte, lo inmortal, y lo que con palabras de Llano se puede llamar una “vida lograda”. Repasa el contenido del ideal clásico de “vida buena”, y termina con la apertura del hombre a la eternidad. Sin embargo, en cuanto a describir la vida con la expresión “vida lograda”, se puede proponer la descripción, tal vez más ajustada de L. Polo, que es de significado contrapuesto, a saber, “cualquier éxito es prematuro”. En efecto, la vida humana no es susceptible de culminación intrahistórica. Decir que se logra culminar perfectivamente la vida, aunque sea parcialmente, en la presente situación, supone aunque sólo parcialmente poner la meta donde no debe estar, pues el sentido completo de la vida está más allá de la vida, y sólo desde aquel hontanar se dota de sentido a este horizonte.
El texto de Javier Aranguren, como se nos advierte en el Prólogo, “puede ser leído por cualquier persona culta” y es apto para estudiantes universitarios. La razón de ello estiba en la pasión del autor por la literatura. Además se puede leer (merced al talante del autor) a modo de diálogo. De ahí el carácter vital de su pensamiento. El enfoque busca el carácter distintivo del ser humano, es decir, lo que el autor llama excentricidad. El temario responde, como se declara en la Introducción, a la corrección de apuntes de clase empleados para impartir la materia de antropología a alumnos universitarios de diversas facultades durante algunos años. El texto sobreabunda en ejemplos tomados de la amplia gama de la cultura humana: literatura, cine, ciencia, historia, artes plásticas, y, por supuesto, de los libros centrales de los filósofos más clásicos. No es una obra especializada, sino más bien de introducción a la antropología.

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