ARGÜELLO, Santiago., Posibilidad y principio de plenitud en Tomás de Aquino, Eunsa, Pamplona, 2005, 387 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Posibilidad y principio de plenitud en Tomás de Aquino, analiza el recurso a dos principios aparentemente opuestos a fin de prolongar el análisis de las nociones modales más elementales en las que ahora se fundamenta la metafísica, como son la noción de necesidad, posibilidad, actualidad, contingencia o imposibilidad, más allá de donde la dejó Aristóteles: por un lado, el principio aristotélico de suposición que justifica la posibilidad previa a la efectiva comprobación empírica de la necesidad causal de un determinado principio natural, prolongando así la continuidad existente entre el acto y la potencia, ya que en caso contrario la explicación del movimiento se haría imposible. Por otro lado, el principio platónico de plenitud que garantiza la necesaria realización efectiva de un supuesto a partir del reconocimiento de su simple posibilidad, si efectivamente se justifica como tal, (lo posible necesariamente alguna vez se hará realidad, en el caso de demostrarse efectivamente posible), aunque también cupiera demostrar otras múltiples contingencias que obliguen a posponer ilimitadamente el logro efectivo de una participación de este tipo.
Por su parte el tomismo también estableció una clara separación entre dos posibles modos de articular estos dos principios: el uso transcendental, cuando se extrapolan estas nociones modales a todos los seres, a fin de lograr una articulación entre las nociones transcendentales de entidad, verdad o bien; o el uso predicamental cuando se procura más bien distinguir los diversos tipos de posibilidad lógica, física o simplemente metafísica, en razón del tipo de necesidad o de contingencia que favorece o dificulta la posterior realización de este mismo principio de plenitud. A este respecto la monografía acude fundamentalmente al Comentario a los libros V y IX de la Metafísica aristotélica y a la Questio de Potentia, a fin de lograr una fundamentación de la filosofía primera o metafísica a partir de tres tipos de posibilidad:
1.- La posibilidad lógica, o lo posible en sí mismo considerado (secundum se). En estos casos la atribución de una verdad o falsedad material exige la aceptación previa de un requisito formal irrenunciable, como es la justificación de una posible predicación de este tipo, mediante la aplicación del anterior principio de suposición, con sólo dos casos posibles: o la propiedad atribuida admite una alternativa posible o exclusivamente sólo se le puede atribuir una, dando lugar a las propiedades bilaterales o contingentes, y a las propiedades unilaterales o necesarias, sin que ninguna se puedan justificar mediante una simple adecuación lógico-formal de tipo estadístico. Se localiza así la confusión de los posibilistas lógicos, del necesitarismo absoluto de los megáricos y del contingentismo universal de Heráclito, ya sea por atribuir indistintamente estos dos tipos de posibilidad, ya sea por confundir las correspondientes formas de predicación ‘de re’ y ‘de dicto’. Además, en los tres casos se impone o una excesiva rigidez lógica o una libertad argumentativa claramente desproporcionada, sin tampoco alcanzar un cabal entendimiento de la providencia y de la omnipotencia divina.
2.- La posibilidad real, según una potencia esencialmente condicionada (ex suppositione) de orden físico. En estos casos la atribución de una potencia activa y pasiva previa es consecuencia a su vez del diverso grado de movilidad accidental y de generación sustancial característico de los seres contingentes. Aparecen así unas peculiares relaciones de contrariedad entre alternativas recíprocamente excluyentes y de imposible posesión simultánea, con sus correspondientes presupuestos de tipo transcendental y predicamental, según se refieran a un orden existencial, esencial u operativo, sin que ya el principio de plenitud pueda terminar haciéndolas compatibles.
3.- La posibilidad real-racional, según otro tipo de potencia esencialmente condicionada (ex suppositione), o mejor dicho autocondicionada, de orden metafísico-espiritual o suprasensible. En efecto, en estos casos la criatura racional es dueña de sus actos, y el libre arbitrio sólo puede decidir sobre la posesión o privación de este tipo de capacidades, ya que el fin hacia el que se dirige la acción de un modo intencional ya se posee, dando lugar a dos situaciones posibles: o bien estas capacidades se poseen plenamente o bien uno se ve totalmente privado de ellas, sin poder localizar una sucesión de grados intermedios, como al menos sucede con determinados hábitos intelectuales propios del alma humana. Se establece así una clara separación entre la contingencia de los seres corruptibles y generables, como por ejemplo sucede en la tercera vía, y esta otra posibilidad necesaria de autofinalizar la efectiva adquisición de un ‘esse’ infinito transcendental, propio de las criaturas racionales, cuya adquisición sin embargo está autocondicionada por el ejercicio efectivo del libre arbitrio. Se establece así una escisión dentro de la criatura racional, entre lo que ya se es (su actualidad primera) y aquello que todavía necesariamente puede conseguir ser (la actualidad segunda), en el contexto de las controversias tomistas contemporáneas sobre de la participación y de la distinción real esencia y esse. Hasta el punto que ya no se puede hablar de contingencia o corrupción a este respecto, sino simplemente de libre ejecución de un don ya poseído intencionalmente al modo de una posibilidad real-racional.
Finalmente, en el último capítulo, La posibilidad y el principio de plenitud, se rechaza la interpretación naturalista y materialista que, según Lovejoy y Knuuttila, hicieron Aristóteles y Tomás de Aquino de este principio, como si hubieran defendido una lógica megárica similar a la de Diodoro Cronos, cuando una interpretación estadística de este tipo ni siquiera permite justificar la validez de una posibilidad meramente física.
Para concluir una reflexión crítica. El rechazo de Lovejoy y Knuuttila al uso aristotélico y tomista del principio de plenitud vino precedido por la crítica popperiana al uso de este mismo principio por parte del positivismo lógico para justificar así las leyes inductivas y el ideal de una ciencia unificada y de una sociedad aún más tecnocrática. Además esta crítica se formuló en el contexto polémico de la aceptación por parte de algunos seguidores de Wittgenstein, como fueron Anscombe y von Wright, de las posibles aportaciones del silogismo práctico y de la lógica modal aristotélica a este respecto. De todos modos ya con anterioridad, en la propia neoescolástica, el uso teórico y práctico del principio de plenitud había generado múltiples problemas existenciales de aplicación, y en este contexto ahora se vuelven a replantear numerosas cuestiones abiertas, muestra sin duda del interés del tema abordado: ¿Cuál fue la contribución de la posibilidad lógica, real, y real-racional a la correcta resolución de las posteriores controversias teológicas, físicas o sociales sobre la predestinación y el determinismo? ¿Las nociones de posibilidad necesaria, condicionada y autocondicionada permitió justificar la compatibilidad existente entre el libre arbitrio y las leyes físicas e histórico-sociales, o la propia omnisciencia divina? Finalmente, ¿cuáles serían las indudables ventajas de las nociones modales tomista a la hora de fundamentar la metafísica, sobre las consabidas propuestas de la filosofía transcendental kantiana, al modo como reiteradamente ha sido indicado por numerosos tomistas contemporáneos?

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s