BIELEFELDT, Heiner, Symbolic Representations in Kant’s Practical Philosophy, Cambridge University Press, Cambridge, 2001, 197 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Heiner Bielefeldt, en 2001, en Representaciones simbólicas en la filosofía práctica kantiana,  ha resuelto de un modo muy directo las paradojas de la subjetividad transcendental y la empírica en Kant. En su opinión, la filosofía kantiana fue solidaria con de los ideales programáticos del liberalismo político y siempre se comprometió con la defensa de una determinada visión del hombre, de la sociedad y de la historia, sin que su propuesta tampoco se puede reducir a un mero formalismo metodológico vacío de contenido. En este sentido Kant criticó el recurso dogmático de una metafísica, ya tomara como punto de partida el objeto o el sujeto, o la vuelta a un escepticismo aún más relativista. Por eso nunca defendió la supresión de la metafísica como tal, sino más bien una transformación que le permitiera una mayor apertura al progreso de la ciencia y de la humanidad en general.

Kant siempre defendió el posible recurso a una metafísica aún más crítica, que esté verdaderamente comprometida con los ideales éticos y políticos del liberalismo político, sin quedarse tampoco en un mero formalismo metodológico. Por eso Kant otorgó al sujeto trascendental un valor incondicionado de tipo simbólico, a fin de expresar de este modo la exigencia de tenerse que llevar a cabo en las diversas circunstancias empíricas de la condición humana, sin poder garantizar en ningún caso su plena realización en las circunstancias prácticas de la vida. Al menos así ocurrió con el imperativo categórico o con los ideales regulativos de la razón práctica, y logró dar un sentido muy edificante a la paradójica contraposición que el mismo estableció entre el sujeto transcendental y el empírico. Para justificar estas conclusiones se dan seis pasos:

a) La ilustración socrática kantiana muestra las semejanzas existentes entre el método transcendental y el mayeútico, en contraposición a la sofística. Se atribuye así a lo incondicionado un valor simbólico, concibiéndolo al modo de un ‘como si’ (‘as if’), que no pretende no ser dogmático, ni tampoco escéptico;

b) La ley de la libertad se justifica como un hecho de la razón, que ya no es deducible a partir de principios anteriores, pero que a su vez se concibe como un símbolo de una ley moral universal cuya realización en las condiciones empíricas constituye una exigencia para todo sujeto racional;

c) El imperativo categórico se concibe como la máxima expresión simbólica del carácter autolegislativo del sujeto trascendental, que a su vez determina el sentido teleológico dado al progreso moral, social y político por parte de cada sujeto empírico;

d) El ordenamiento jurídico se concibe como un símbolo de la dignidad humana, que conlleva un reconocimiento institucional de los niveles de autonomía de los sujetos particulares y colectivos en una situación de igualdad, libertad e independencia efectiva;

e) Huellas de la intencionalidad en la naturaleza y en la historia reconstruye el significado simbólico de la teleología, la belleza, el progreso, la social insociabilidad de los colectivos humanos, o la búsqueda cosmopolita de la paz;

f) El simbolismo de la religión permite interpretarla como una anticipación de una comunidad ética libre, sin dogmatismos ni tampoco violencias.

Para concluir una reflexión crítica. Bielefeldt pone de manifiesto el valor simbólico que Kant atribuyó a los valores éticos incondicionados inherentes a su concepción del sujeto transcendental y por extensión del propio liberalismo político. Se evita así la vuelta a una metafísica del sujeto en sí misma dogmática y apriorista, o la aparición de un ficcionalismo escéptico aún más relativista. Evidentemente ello conlleva otorgar al liberalismo político  un carácter cuasitranscendental, como si fuera el fin de la historia, como recientemente ha cuestionado el postmodernismo filosófico. Pero visto desde un punto de vista exclusivamente histórico cabe hacer otra pregunta de mayor interés a la hora de pretender justificar hoy día un retorno a Kant: ¿Hasta que punto la posterior defensa de los valores éticos incondicionados aportado por un uso aún más autocrítico de la metafísica no vino posibilitado por el planteamiento mismo de las paradojas del sujeto transcendental en la Crítica de la Razón Pura, especialmente en la formulación de los paralogismos, a pesar del uso aparentemente autodestructivo que el mismo propuso de ellas? La observación es pertinente ya que si el recurso de Kant a este método transcendental fuera independiente de la posterior justificación ética de liberalismo político se podrían justificar otros usos distintos, como al menos ocurrió en el caso de Husserl.

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