CALDERA, Rafael Tomás, Sobre la naturaleza del amor, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, Colección “Cuadernos de Anuario Filosófico, Serie Universitaria, nº 80. Pamplona, 1999; 140 pp.

por Javier García-Valiño Abós

Rafael Tomás Caldera, doctor en Filosofía por la Universidad de Friburgo (Suiza), es profesor en la Universidad Simón Bolívar de Caracas (Venezuela), donde enseña Filosofía medieval y Antropología filosófica. Entre sus publicaciones, podemos destacar las siguientes: Educación general y filosofía (Caracas, 1978); Le jugement par inclination chez Saint Thomas d’Aquin (París, 1980); La respuesta de Gallegos (1980); un estudio sobre La primera captación intelectual (Caracas, 1988) en el pensamiento de Tomás de Aquino; De la lectura. Del arte de escribir (2ª ed. 1992); Visión del hombre (Caracas, 4ª edición 1995), una introducción a la enseñanza antropológica de Juan Pablo II; un conjunto de ensayos recogidos bajo el título de El oficio del sabio (Caracas, 2ª edición 1996); y un breve ensayo titulado El uso del tiempo (Caracas, 1995).

Como se puede apreciar, el profesor Caldera es un estudioso y buen conocedor de Tomás de Aquino. En todas su obras –no sólo las dedicadas al Aquinate- está presente de alguna manera el maestro medieval.

El libro se inicia con un prólogo (pp. 7-12), consta de tres partes (pp. 13-12) y se cierra con un epílogo (129-135), a modo de conclusiones generales (pp. 129-136); al final, una bibliografía muy selecta (pp. 137-140).

La primera parte, “El problema del amor” (pp. 13-33), consta de tres capítulos:

1. “El hombre, imagen de Dios”; 2. “Éros y agápe”; 3. “La doctrina de Tomás de Aquino”.

La segunda parte, “Propria ratio amoris” (pp. 35-111), que constituye el cuerpo principal de esta investigación, se compone de diez capítulos, que aparecen sólo numerados, sin epígrafe alguno. (Considero que esta “omisión” es una pequeña deficiencia de esta obra. Ciertamente, una breve indicación del problema o tema que se aborda en cada capítulo (de esta segunda parte) ayudaría al lector, mostrando con mayor claridad la estructura argumentativa de esta parte central –la más extensa y analítica- del libro).

La tercera parte, titulada “La unidad del amor” (pp. 113-135), se articula en tres capítulos: 1. “Unitiva virtus”; 2. “Amor a Dios, amor a sí mismo”; 3. “Reductio ad amorem”.

Cada uno de los capítulos del libro se compone, a su vez, de varios apartados, que aparecen numerados, pero sin epígrafes. En cada apartado se trata con detalle –y, frecuentemente, aduciendo algún texto breve- un aspecto particular del tema del capítulo.

Esta obra, de pequeña extensión, es una monografía sobre el “problema del amor” en santo Tomás de Aquino (TdA). El autor hace una investigación analítica y rigurosa sobre la naturaleza del amor, al hilo de una gran cantidad de textos del Aquinate, extraídos de diversas obras, bien acotados y oportunamente traídos a colación, que se citan en latín y se traducen, en notas al pie, al castellano.

La tesis principal, que aparece como hilo conductor de todo el libro, es la profunda unidad del amor –de las diversas formas y modos del amor que se distinguen en la tradición filosófica y literaria- en el pensamiento de TdA. (Esta unidad se pone especialmente de manifiesto en el capítulo III). Desde el comienzo, se plantea con claridad el “problema del amor”, que, en la tradición cristiana, es el problema existencial de la recurrente disyuntiva entre los dos amores: el amor de Dios (amor Dei) y el amor de sí mismo (amor sui). La mención de estos “dos amores” nos “trae enseguida a la memoria la doctrina agustiniana, tal como se halla formulada en el De Civitate Dei (XIV, 28). En efecto, allí se articula el conflicto (…) como una contraposición entre el amor sui y el amor Dei (…). Pero Agustín no se refiere con ello directamente a la cuestión de la naturaleza del amor, sino a su orden (el ordo amoris) y medida (…)” (p. 23; el paréntesis es mío). En esos mismos términos, este problema ya fue bien planteado por Pierre Rousselot en su célebre obra Pour l’histoire du problème de l’amour au Moyen Age (Münster, 1908; París, 1981). Caldera toma a Rousselot como punto de partida. El autor francés distinguía dos concepciones del amor en la Edad Media: el “amor físico” (aquí, “físico” significa simplemente natural), esto es, el amor concebido como apetito de la propia perfección, que mantiene al sujeto (amante) en los límites de su individualidad, y “el amor extático, (…) “sobrenatural”, que saca de sí al sujeto –de allí su nombre de “extático”-, hasta (hacerlo capaz de) amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo” (Caldera, p. 8). Rousselot atribuía a TdA la primera concepción: la “naturalista”.

Pues bien, Caldera no está de acuerdo con esa atribución. Considera, por el contrario, que “el Aquinate ha logrado aquí conciliar los extremos, no por un sincretismo de superficie, sino precisamente llevando la comprensión a su nivel más radical” (p. 8).

Al comienzo de la segunda parte, el autor toma como punto de partida la definición aristotélica del amor: “amare est velle alicui bonum”, amar es querer el bien para otro (Aristóteles, Retórica, libro II, capítulo 4: Bk 1080 b 35). Caldera se pregunta si todo amor puede reducirse o no al amor de sí mismo: “Al preguntar sobre el amor, su naturaleza y sus condiciones de posibilidad, puede llegarse casi de inmediato (…) a una aporía que pone en cuestión su realidad: ¿Hay en verdad amor en sentido fuerte o se reduce todo al amor de sí mismo? Esto es, si la ratio diligendi es el bien, lo que me atrae y se me presenta como bueno, ¿no esta allí –en un amor de sí originario envuelto en la apreciación de lo bueno- el fundamento de todo amor a los demás? ¿Cabe entonces que el sujeto pueda de algún modo querer el bien del otro por el otro mismo?” (p. 93). Caldera responde a esta pregunta, mostrando la amplitud del enfoque y la profundidad de la síntesis de TdA sobre el problema del amor. Es significativo que, antes del índice, el autor haya escogido estas palabras de Agustín de Hipona, citadas por Tomás: “Augustinus dicit Super Ioannem: “qui non diligit Deum, nec se ipsum diligit” ” (TdA, S. Th., II-II, 23, 12, 1m).

En este estudio se considera el amor como vis unitiva (fuerza unitiva) queda muy clara la importancia “esencial” del affectus en el amor personal: “la unión afectiva es reconocida como el amor mismo: est essentialiter ipse amor” (pp. 62-63).

Al analizar la dinámica del amor y la afectividad, al hilo de los textos de TdA, el autor hace también consideraciones muy precisas acerca del papel del entendimiento y de la voluntad en los actos amorosos, y de la relación entre ambas potencias, poniendo de relieve la profunda unidad de la antropología de santo Tomás.

Mi valoración global de esta obra es positiva, porque nos ofrece en pocas páginas un estudio riguroso y bastante completo de la doctrina de santo Tomás sobre el amor; un estudio que, además, aúna con maestría el análisis y la síntesis. Hace una selección de textos verdaderamente relevantes –algunos, muy centrales- para el problema del amor, y propone una hermenéutica de los textos que me parece de gran coherencia interna, así como interesante para el lector de hoy. Además, se nota que el autor conoce bien los principales estudios publicados –al menos, desde Rousselot- sobre este problema. El libro es denso y requiere una lectura detenida y paciente.

Esta obra es, en fin, una aportación científica interesante que arroja luz sobre un tema crucial para cualquier ser humano, y puede contribuir –aunque sea en pequeña medida- a la renovación actual del pensamiento antropológico y ético inspirada en la rica obra del gran maestro medieval.

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