CARR, David, The Paradox of Subjectivity. The Self in the Trascendental Tradition, Oxford University, Oxford, 1999, 150 pp

por Carlos Ortiz de Landázuri

David Carr, en 1999, en La paradoja de la subjetividad, ha hecho notar el enorme impacto de las numerosas críticas formuladas por Heidegger a la subjetividad transcendental kantiana en la filosofía contemporánea. Sin embargo ahora se nos advierte que la aparición de estas paradojas en muchos casos ha servido de revulsivo frente a las numerosas críticas formuladas por el postmodernismo filosófico a este respecto, como al menos ha sucedido en los casos de Searle, Nagel, Frank, Ferry y Renaut. Según Carr, Heidegger rechazó en el último periodo de su trayectoria intelectual una posible armonización entre los diversos sujetos racionales por referencia a una subjetividad trascendental común a todos ellos, por considerar que de este modo se perpetuaría aún más su anterior tesis de la destrucción de la noción de ser llevada a cabo por la metafísica occidental, dando por probada una tesis que estaba muy lejos de estarlo.

En efecto, en su última época Heidegger radicalizó aún más el rechazo de la metafísica del sujeto, aunque tampoco logró localizar un acceso privilegiado al ser de los entes capaz de cumplir un papel similar al otorgado por Kant a dicha subjetividad transcedental. Según Carr, Kant defendió una revolución copernicana en el uso aún más autocrítico del método transcendental, sin admitir su posible utilización a favor de una determinada metafísica dogmática, ya esté basada en el objeto o en el sujeto. Por su parte Kant, según Carr, tampoco anuló la paradójica contraposición que ahora se establece entre la subjetividad transcendental y la meramente empírica, siendo este un rasgo específico que distingue el uso metódico del transcendentalismo respecto de su uso estrictamente metafísico. Para justificar estas conclusiones se dan cuatro pasos:

a) Heidegger en Ser y tiempo atribuyó a la metafísica del sujeto de Descartes y Kant la destrucción de la historia de la ontología, tesis que mantuvo constante a lo largo de todo su pensamiento. Descartes y Kant concibieron el sujeto pensante como el único sub-jectum o hipokoimenon privilegiado capaz de reducir al resto de los seres a meros objetos del pensar, sin utilizar la ilimitada voluntad de poder ahora atribuida a la filosofía hermenéutica para superar el ancestral olvido del ser de la metafísica occidental. A esste respecto fue el propio Heidegger quien terminó por rechazar esta misma posibilidad, debido a una dificultad que ya fue detectada por Husserl. En efecto, según Husserl, la posibilidad de fundamentar la fenomenología en una ontología exige admitir la posibilidad de un sujeto transcendental capaz de referir de forma compartida las intenciones cognoscitivas de la conciencia empírica al ser de los entes, sin que ya se pueda justificar este paso mediante una mera referencia a la voluntad de poder, como había pretendido Heidegger. De ahí que Husserl volviera a plantearse la posibilidad de una recuperación de la subjetividad transcendental kantiana, cosa que nunca admitió Heidegger.

b) Se rechaza la identificación de la filosofía crítica de Kant con una metafísica del sujeto propuesta por de Heidegger. En su lugar se fomenta más bien un uso metodológico aún más autocrítico del transcendentalismo con la clara intención de eliminar todo presupuesto dogmático de tipo metafísico, ya se trate del alma, del mundo o de Dios. Kant justificó así una contraposición paradójica entre la conciencia transcendental y la empírica, concibiéndolas como un factum de la apercepción transcendental sobre el que cabe reflexionar, pero que ya no se puede cuestionar. De este modo las representaciones intencionales empíricas se remiten a un yo transcendental en sí mismo indescriptible, pero efectivamente compartido, a pesar de que simultáneamente aquellas mismas representaciones intencionales se asignan a un yo empírico, coincidente con el anterior, pero individualmente diferenciado.

c) Se rechaza también la identificación de la fenomenología de Husserl con una previa metafísica del sujeto, cuando más bien el análisis de la noción de intencionalidad conduce a una contraposición aún más estricta entre la subjetividad transcendental y la meramente empírica. Es decir, la inevitable paradoja de tener que considerar la conciencia como un sujeto, y a la vez como un objeto, a pesar de la aparente incompatibilidad existente entre ambas adscripciones. Hasta el punto que la intencionalidad ahora se justifica en virtud tanto de un hecho de la pura lógica fenomenológica como de su simultánea adscripción a un determinado mundo de la vida, sin que en ningún caso esta mezcla de planos sea trivial. De este modo se atribuye a los hechos intencionales una universalidad estricta y una máxima individualidad. De igual modo se fomenta una actitud natural afirmadora de un yo personal en virtud de una relación de tipo causal, a la vez que se aplica a la conciencia intencional una epoqué fenomenógica meramente subjetiva, sin poder eliminar ya ninguno de los extremos de la relación, ya que ambos por igual son su condición de sentido.

d) Se justifica el carácter metodológico y crítico del proyecto transcendental, tanto en Kant como en Husserl, sin necesidad de remitirse a una metafísica dogmática previa. En efecto, en ambos casos la aceptación de un proyecto de este tipo surge de la necesidad de remitirse a un tipo de ficciones teóricas efectivamente compartidas. Sólo así será posible situarse más allá de la actitud natural propia del mundo de la vida, a fin de otorgar el reconocimiento debido a cada una de las subjetividades empíricas existentes en el mundo de la vida. Al menos así se pudieron justificar muchas de las paradojas a las que ha dado lugar esta subjetividad transcendental en el existencialismo de Sartre y en el postmodernismo posterior. De todos modos ahora se concibe esta subjetividad  transcendental como una ficción antropológicamente necesaria dados los procesos de finitud y universalización que caracterizan a la condición humana.

Para concluir una reflexión crítica: Carr subraya la naturaleza lógica, ficcional y meramente instrumental que se debe asignar a la subjetividad transcendental, en virtud de las necesidades antropológicas a las que trata de dar respuesta, sin admitir el alcance metafísico que Kant y Husserl le atribuyeron. Sin embargo cabe objetar, ¿la subjetividad transcendental desempeña en Kant sólo este papel metodológico y ficcional, o históricamente supuso mucho más? Por otro lado, ¿la atribución a la subjetividad transcendental de un carácter meramente ficcional no presupone ya la aceptación tácita de una determinada metafísica del sujeto en sí misma ficcionalista, muy similar a la que se terminó haciendo presente en Nietzsche y en numerosos autores postmodernos, a pesar de las numerosas críticas que ahora se le formulan? Finalmente, ¿la atribución al método transcendental de una paradoja irresoluble, como señal de identidad frente a las interpretaciones estrictamente metafísicas, no presupone ya la aceptación de una imposibilidad de invertir el sentido destructivo de este tipo de aporías, cuando más bien Kant pretendió lo contrario?

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