FRITHJOF, Schuon, La transfiguración del hombre, José J. de Olañeta, Palma de Mallorca, 2003; 314 pp..

por Alvar Camero

Nos encontramos sin duda ante una de las obras cumbres de Frithjof Schuon, cabeza del movimiento de los autores tradicionales o también llamados tradicionalistas, entre los que se incluyen otros filósofos de la talla de René Guenón,  Ananda K Coomaraswamy o Titus Burckhardt. Este breve texto resume la quintaesencia del pensamiento tradicional: reafirmar la dignidad del hombre como un ser para Dios, en sus propias palabras: “ la imagen del hombre que nos presenta la psicología moderna no es sólo fragmentaria, sino que es miserable. El hombre, en realidad, está como suspendido entre la animalidad y la divinidad […] nosotros, por el contrario, corregir y completar la imagen del hombre  insistiendo sobre su divinidad […] esto es lo que creemos poder llamar, en lenguaje simbolista, la transfiguración del hombre”.

El texto se nos da en una división tripartita. Una primera parte llamada pensamiento,  arte y trabajo; en el cual Schuon, fiel a su modo de escribir en el cual resume gran cantidad de contenido en frases muy breves y así expone una extensa temática,  tratará de la antropología tradicional, o del camino del hombre hacia la Divinidad, y eso le conducirá por senderos tan interesantes como: el lugar de la filosofía frente a la teología;  la santificación del trabajo en la era maquinista, o la diferencia entre arte sagrado y arte profano, deberes y derechos del arte para el hombre;  la usurpación del racionalismo, del materialismo y de la nueva era del pensamiento actual.

La segunda parte de La transfiguración del hombre también versará no solo versará sobre el ascenso del lo humano a lo divino sino que también tratará sobre  el descenso de lo divino a lo humano. Por título esta parte lleva: El hombre, la verdad y la vía. Partiendo de un análisis las facultades y modalidades del hombre, de sus virtudes ( que fundamentalmente son dos: el amor a Dios por encima del mundo, y el amor al prójimo); prosigue con una preclara exposición de lo que sea la Sophia Perennis por medio de sus axiomas fundamentales, es decir, que Dios es bondadoso y cognoscible y que el alma es inmortal y tiene vocación de oración y virtud, está hecha para la salvación y para la beatitud; para continuar exponiendo el misterio de la posibilidad, o sobre el problema del mal en el mundo y si ese mal es querido o permitido por Dios; también trará sobre el ritmo ternario del Espíritu como Sat-Chit-Ananda (ser, conciencia y beatitud); para concluir con una breve exposición de la mística voluntarista, hablar sobre el principio sacrificial, y unas reflexiones sobre las dimensiones de la oración.

Como ultima parte, a modo de guirnalda sobre la corona de la verdad, el libro incluye  extractos de la correspondencia personal de Frithjof Schuon con sus discípulos, en la cual podemos encontrar desde autenticas joyas del pensamiento filosófico y teológico a exhortaciones morales, pasando por admoniciones, cada extracto de la correspondencia con un título que corresponde a la temática para que el lector no se piedra entre los fragmentos, así hay fragmentos que tratan sobre: el amor a Dios, la gratitud, sobre la Santidad, sobre la certidumbre, etcétera.

Este breve pero intenso texto del pensador y místico de origen suizo, del cual recomendamos encarecidamente su lectura, tiene la virtud de devolver al hombre a su lugar, es decir, un lugar central entre lo animal o infrarracional y lo divino o suprarracional, tras de tanta formulación materialista o pensamiento psicologista reductivista como el caso del psicoanálisis de Freud y Jung o de las corrientes cognitivo-conductuales.  Ese estado central es lo propiamente humano, donde las artes son hermosas (ya que lo Bello, lo Bueno y lo Verdadero coinciden como todos los rayos coinciden en el Sol, y eso está en la base de nuestra tradición filosófica con Platón), las personas son humanas,  los fuertes cuidan de los débiles, los oficios son medios para alcanzar la santidad y el autoconocimiento, el entorno no es demolido y expoliado sistemáticamente para que se vean cumplidos los caprichos insaciables de unos pocos, y la vida merece la pena ser vivida por que pierde el tono gris metal y gris industria al que está sometida hoy en día.

No nos queda sino exhortar a su lectura y que cada uno saque sus propias conclusiones.

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