GADAMER, Hans-Georg; El problema de la conciencia histórica, Introducción de Agustín Domingo Moratalla, Tecnos, Madrid, 2003.

por Alejandro Rojas Jiménez

Con esta reimpresión de la segunda edición vuelve estar accesible la traducción de D. Agustín Domingo de esta obra confeccionada a partir de la recopilación de cinco conferencias que dio Gadamer en Lovaina en 1957 (cuando ya estaba Wahrheit und Methode en borrador). Una obra, aunque breve, especialmente relavante para acercarse a los elementos principales que explican el paso que va desde la fenomenología (un paso que nunca es un abandono) a la hermenéutica.

Enfrentándose a asuntos como el surgimiento de una conciencia histórica o el problema epistemológico que presentan las ciencias humanas (que no es otro que tener por estudio un objeto distinto al de las ciencias naturales, lo que en consecuencia exige un acercamiento distinto) nos descubre el asunto capital de la nueva tarea del pensar que desde Heidegger concierne a la filosofía: la preocupación por acercarse satisfactoriamente a un objeto para el cual ya no son válidas las categorías metafísicas (que estudian la realidad extramental)  o las ciencias naturales (que estudian lo calculable).

La hermenéutica es la respuesta gadameriana al salto hacia el «otro comienzo» que reclamaba Heidegger en sus Beiträge, el salto de la filosofía hacia el ser histórico como distinto del ser natural: el salto desde el fundamento (Grund) hacia lo histórico (Ab-grund).

Apoyándose en Aristóteles, el eje central de esta recopilación es el siguiente: es el objeto lo que debe decidir de qué modo hemos de acercarnos a él, y no el método el que decida a qué tipo de objetos debemos dirigirnos.

Si el método científico no sirve para dar cuenta de lo que no puede ser sometido a cálculo (como es el caso de la historia del pensar en la que estamos instalados), eso no debe llevarnos a tomar la decisión positivista de que es algo que no debamos estudiar, sino que debe llevarnos a buscar nuevas categorías para lograrlo. A lo que estamos llamados (es la tarea de nuestro tiempo) es a pensar algo distinto de un modo nuevo. Si la metafísica tiene por objeto de estudio lo extramental, el surgimiento de la conciencia histórica propio de nuestro tiempo debe llevarnos a una nueva tarea del pensar que sigua a Heidegger en su descubrimiento de la diferencia ontológica (que está ausente en el tratamiento metafísico del ente en cuanto ente, y por supuesto ausente en el método científico) que consistiría en el descubrimiento de que el fundamento de lo dicho no es la realidad física (orden predicamental) ni la Idea (μετ̀α)  de la física, sino el habla como articulación de la facticidad y existencialidad.

El error de autores como Hegel (acercamiento metafísico al problema de la historia) o Compte (acercamiento positivista) es el error de no haberse dado cuenta de que lo histórico exige un acercamiento nuevo. No se trata de que la metafísica sea insuficiente, sencillamente no es el objeto de la metafísica, como tampoco lo es de las ciencias positivistas.

En última instancia se trata de lo siguiente: no estamos ante la naturaleza, sino entre textos. Tomarse en serio esta pertenencia histórica significa exigir al pensar adentrarse en un terreno nuevo que exige ciertos cambios para evitar lo que sería un error metodológico. Esto es, no podemos utilizar las mismas categorías que tenemos para pensar lo extramental, pues sería  un error semejante al error cartesiano de haber tratado el Sujeto como un Objeto.

La exigencia de búsqueda de nuevos criterios para pensar el nuevo asunto del pensar nos hace recordar algunos cambios propiamente heideggerianos:Mientras el pensar lo natural es hacérselo presente, lo histórico, sin embargo, no puede ser pensado como un acto (ενέργεια) semejante, sino que más bien diríamos se trata de recordar (andenken en lugar de denken).

Mientras lo que está presente exige una mirada nítida, la historia del pensar más bien nos habla a través de los textos y lo que hemos de hacer es aprender a escuchar.

El asombro (Grecia) ha sido sustituido por el recuerdo, porque la tradición no está ahí delante como una piedra lo está, sino que de ella tenemos noticia. Y no se trata de experimentar o aprender a mirar, sino de estar a la escucha. Se impone el diálogo con la tradición. Un diálogo que es algo bien distinto de una recopilación de citas: si tratamos el texto como algo que tenemos ahí delante y que basta tomar nota de él, entonces estamos incapacitados para comprenderlo. Comprender un texto es advertir que para aprender a escuchar lo que dice es preciso entrar a dialogar con él, para lo cual es preciso romper el cerco del mundo meramente personal.

Heidegger replanteó la cuestión del ser para separar la pregunta por el ser histórico de la pregunta por el ser de la naturaleza. Y Gadamer, tomándose en serio el camino del pensar heideggeriano, dará su propia respuesta adentrándose en ese «otro comienzo» de la historia del pensar occidental.

A diferencia de los griegos, nosotros tenemos una gran historia a nuestras espaldas (de la que los griegos son el principio), y los pensadores de hoy lo que tienen que hacer es leer y estudiar historia de la filosofía, porque sólo así podrán adentrarse en el terreno común de la tradición: la comprensión es una participación en la tradición común (la tradición con la que dialogamos).

Si bien, este «otro comienzo» no es una renuncia al anterior. Gadamer advierte que Aristóeles había visto la diferencia entre el mundo natural y el mundo humano, por eso distinguía  φύσις de  ὴ̃θος, y  ὲπιστήμη  de  φρόνησις. No se trata pues siquiera de descubrir un objeto totalmente nuevo para el pensar occidental. Si no quizás de advertir que hoy no estamos ya ante la naturaleza, sino que ésta ha sido sustituida por una sobrenaturaleza (que diría Ortega), por un mundo de utensilios y una fuerte carga cultural fruto de los años de historia que nos preceden. Y si esto es así, el conocimiento de lo imutable y necesario (ὲπιστήμη) no es ya para nosotros más importante que el conocimiento del mundo humano (φρόνησις). Siendo así que nociones como «comprender» o «verdad» deben ser reformuladas para dar cuenta de este mundo humano esencialmente histórico. La nueva tarea del pensar no es la crisis de la filosofía, ni mucho menos el descubrimiento de la incapacidad de la metafísica, sino sencillamente la tarea de buscar nuevas categorías al modo como Heidegger nos propuso los existenciarios.

El libro cuenta, además, con una interesante introducción de Agustín Domingo que contiene una presentación  de cómo se gestó el pensar gadameriano indicando su situación concreta (influencias, dedicaciones, contactos, lecturas…), así como una exposición general de la filosofía de Gadamer con especial atención, como cabría esperar, a Wahrheit und Methode, y centrándose en su paso de la fenomenología a la hermenéutica, que es la respuesta propiamente gadameriana a la tarea de haberse tomado en serio el salto hacia el «otro comienzo» que reclamaba Heidegger en sus Baiträge.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s