GÓMEZ RAMOS, A.; Diálogo y deconstrucción. Los límites del encuentro entre Gadamer y Derrida, Madrid, UAM, 1998, 260 pp.

por Luís E. de Santiago Guervós

Cuando en abril de 1981 Philippe Forget, profesor de lengua alemana en la Sorbona, organizó un encuentro en el Instituto Goethe de París, entre Gadamer y Derrida, las expectativas entre los filósofos eran enormes, aunque llenas de precaución, pues todo parecía indicar que estábamos ante un “encuentro improbable”, es decir, ante un encuentro en el que de antemano se podía ya predecir su fracaso. Se trataba, sobre todo,  de poner frente a frente por primera vez a los representantes de dos corrientes actuales de pensamiento que acaparaban la atención del momento y de obligar a los oponentes a buscar un terreno común desde el que poder dialogar. La incitativa en este encuentro fue verdaderamente de Gadamer, el cual dio pie a este acercamiento entre hermenéutica y deconstrucción, tal vez en un intento de buscar nuevos compañeros de diálogo en su cometido hermenéutico. Él mismo, en un tono conciliador, afirmaba que “quien me recomienda la deconstrucción e insiste sobre la diferencia está al comienzo de un diálogo, no al final” (p.74). Por su parte, Derrida detecta “la convicción absoluta de un deseo de consenso” por parte de Gadamer, al apelar a la “buena voluntad”(p. 43). A pesar de las buenas intenciones, Derrida se presenta aquí como el que trata de deconstruir aquello que Gadamer trata de mantener, mientras que éste, por su parte, con su filosofía hermenéutica sobre el diálogo y la conversación parece que trata de arbitrar cualquier forma de encuentro y, al mismo tiempo, intenta buscar una justificación o legitimación de sus propios principios. Esto explicaría, tal vez, la actitud de escepticismo y de ausencia que mantiene Derrida respecto a la hermenéutica; pero también serviría para entender el porqué habla Gadamer con tanta insistencia de una posibilidad de consenso, pues en el fondo tenía que hacer realidad y poner en práctica lo que enseñaba su propia hermenéutica: que siempre es posible el diálogo y el consenso. Pero todo diálogo auténtico también tiene sus propias exigencias, y es posible que ni uno ni otro tuviesen la intención de ponerse a prueba, y por eso evitasen ese  “terreno común” en el que se puedan airear sus propias debilidades y en el que tengan que  aceptar el poder no tener razón.

No obstante, y a pesar de las diferencias, hay un fondo común que los une, aunque verdaderamente es de nuevo Gadamer el que busca esos puntos y metas que pueda compartir con el deconstruccionismo. En primer lugar son filosofías posthegelianas y postmetafísicas que se sitúan en la estela de Nietzsche y de Heidegger. En lo esencial son filosofías del lenguaje que se desarrollan dentro de la tradición del llamado linguistic turn. También les une la preocupación por el texto, en concreto, por el texto literario y su interés por los problemas cruciales de la filosofía contemporánea. Una y otra están comprometidas con los problemas inherentes a la superación de la metafísica y del saber absoluto y se sitúan, sin mayores problemas, en el espacio postmetafísico que inaugura el pensamiento posmoderno. Gadamer y Derrida, cada uno a su modo, se enfrentan también  a la conceptualidad de la metafísica. Uno dejando que el texto hable, el otro jugando al juego de eludir lo ineludible. Y siempre de nuevo aparece el lenguaje como el gran problema de todo pensamiento radical.

Por lo que se refiere a la edición, dirigida por Antonio Gómez Ramos, sigue la línea de anteriores ediciones en otros idiomas. Un cuerpo con los textos del debate y un conjunto de trabajos que comentan dicho enfrentamiento. Los textos de este encuentro, celebrado entre los días 25-26 de abril de 1981, fueron editados primero por Philippe Forget bajo el título Text und Interpretation, (Munich, Fink, 1984). Posteriormente se editaron en lengua inglesa por Diane P. Michelfelder y Richard E. Palmer bajo el título Dialogue & Deconstruction, (State University of New York Press, 1989). Como novedad en esta edición se incluye la traducción de “Hermeneutik auf der Spur” (Band 10, 1995, pp. 148-174), que se tradujo casi al mismo tiempo en el Giro Hermenéutico (Madrid: Cátedra, 1998, pp.85-116), bajo el certero epígrafe “La conversación que sigue” y “Destruktion y deconstrucción” (Band, II, 1986), que fue traducida anteriormente en Verdad y Método II. Hubiera sido interesante, puesto que se trata de recoger la polémica entre Gadamer y Derrida,  que se hubiera incluido la carta de Dallmayr de 1985 y la respuesta de Gadamer en “Deconstrucción y Hermenéutica”, donde responde a las criticas del profesor de la Universidad de Indiana  en “Hermeneutics and Deconstruction: Gadamer and Derrida in Dialogue”, que se incluye en Dialogue & Deconstruction,  pp. 93-101.   

Además del cuerpo mayor de la edición,  en el que se recogen las intervenciones de Gadamer y Derrida, se adjuntan a la obra otras aportaciones interesantes: en primer lugar, aquellas que pertenecen al debate original, como las de Philippe Forget (“Gadamer, Derrida: punto de encuentro”), Manfred Frank (“Los límites de la controlabilidad del lenguaje”), Josef Simon (“La buen voluntad de comprender y la voluntad de poder”), a las que se ha añadido la de Jean Greisch. (“El conflicto de las universalidades”). Además, se incluyen otros trabajos de filósofos españoles que reflejan  distintos puntos de vistas sobre el encuentro: Mariano Peñalver (“Entre la escucha hermenéutica y la escritura deconstructiva”), Patricio Peñalver (“Ruinas, chiboletes, prótesis”), José Manuel Cuesta Abad (“…Diafórica..”), y Jorge Pérez de Tudela (“Trashablar: Gadaderriada”).

En resumen, podemos decir que se trata de una cuidada edición de Antonio Gómez Ramos que no llega demasiado tarde, aunque ya hayan transcurrido casi dos decadas de aquel famoso encuentro. Tal vez, desde una mayor disonancia se pueda leer con más objetividad y menos pasión un enfrentamiento que ha tenido grandes repercusiones en el desarrollo de la filosofía actual de estos últimos años. Con acierto, el editor, bajo el epígrafe “La conversación que sigue”, cerraba esta obra con un trabajo de Gadamer de 1994 con un título bastante sugerente: “La hermenéutica tras la huella”, en el que Gadamer parece cerrar las vías a toda posible reconciliación cuando afirma al principio de manera categórica lo siguiente: “El tema de la deconstrucción cae, desde luego, dentro del dominio de la hermenéutica. No debe representarse la hermenéutica como un método determinado que caracterice algo así como un grupo de ciencias frente a las ciencias de la naturaleza. Antes bien, la hermenéutica describe todo el dominio del entendimiento entre los hombres” (p. 231).

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