HANNA, Robert; Kant and the Foundations of Analytic Philosphy, Oxford University Press, Oxford, 2001, 312 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Recientemente Robert Hanna ha revisado los orígenes kantianos del método analítico en una obra: Kant y la fundamentación de la filosofía analítica. En efecto, ahora se comprueba como la prioridad otorgada por Wittgenstein y la filosofía analítica posterior a la justificación del significado de las palabras es comparable a la que Kant otorgó al problema modal de la justificación de la validez de las representaciones. Paralelismo que ahora se extrapola a la prioridad que Frege o Russel otorgaron al análisis previo de diversos elementos de la aritmética o de la geometría, como requisito previo para la justificación de cualquier conclusión lingüística. Se reconoce así la raíz común kantiana de todo este tipo de planteamientos analíticos, a través de un proceso que en su opinión ha tenido tres pasos: 1) el análisis logicista de Frege, Moore y Russell; 2) el análisis lingüístico de Wittgenstein y Carnap; y 3) el análisis estrictamente científico de Quine, que habría logrado justificar el carácter autoreferencial, inconmensurable y holista, que el uso estrictamente naturalista del método analítico se debe asignar a sí mismo, frente a las dependencias del lenguaje ordinario que aún mantiene el análisis lingüístico en el último Wittgenstein.
Según Robert Hanna, en las dos primeras fases del proceso se originaron un gran número de paradojas y sinsentidos cuando se trataron de justificar las nociones básicas del análisis, como ocurrió con su pretensión de definir el sentido y el sinsentido, lo válido y lo invalido, lo verdadero y de lo falso, lo a priori y lo a posteriori, lo sintético y lo analítico. Sin embargo no ocurrió así con la metafísica descriptiva de Strawson y el análisis científico de Quine. En efecto, la metafísica descriptiva de Strawson puso de manifiesto la necesidad por parte del análisis filosóficos de un tipo de prueba deductiva capaz de justificar la validez transcendental otorgada a sus respectivos presupuestos semióticos, ya fueran de tipo lógico, lingüístico o meramente semánticos, a fin de eludir la posterior aparición de paradojas y sinsentidos aún más perniciosos. Por otro lado, Quine justificó la necesidad de unos compromisos ontológicos de tipo naturalista que devolvieran al análisis la confianza que había perdido en sus propios presupuestos de tipo semiótico, a fin de lograr una justificación del carácter autoreferencial, inconmensurable y holista de cualquier tipo de lenguaje acerca del mundo entorno. Sólo así se logrará devolver a los juicios sintéticos ‘a priori’ el papel que Kant debería haberles asignado de lograr una efectiva naturalización de la razón y una eficaz racionalización de la naturaleza, parafraseando el famoso dicho hegeliano y en este caso también marxiano. Sin embargo también hay que advertir que Hanna consigue esto a un precio: reducir el ámbito de lo real a aquello que puede ser accesible por un análisis estrictamente científico, renunciando a cualquier posible descripción del ancho campo del mundo de la vida que vaya más allá de estos criterios, cuando este último parece un presupuesto más básico y decisivo, salvo que acepte un punto de partida en sí mismo reduccionista.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s