HELTING, Holter; Heidegger und Meister Eckhart. Vorbereitende Überlegungen zu ihren Gottesdenken, Duncker & Humblot, Berlin, 1997, PHS 22, 81 pp.

por Alejandro Rojas Jiménez

Holter Helting, el autor de Heidegger Auslegung von Hölderlins Dichtung des Heilegen (PHS 30)” (que como aclara en su prólogo es el trabajo de habilitación que presentó en la Universidad de Klagenfurt), nos había presentado tres años antes esta otra obra: Heidegger und Meister Eckehart, una aproximación al pensamiento sobre Dios de Heidegger y Eckehart que, por no tener ninguna pretensión sistemática, resulta de una lectura amena y sugerente. El hecho de que cuente con un índice de conceptos y otro de nombres, y del uso de una abundante bibliografía (que acompaña a cada capítulo), convierte a la obra en una interesante herramienta de trabajo.
Como recoge el subtítulo del libro, se trata de la preparación para una reflexión acerca del pensamiento de Dios en ambos pensadores. Quizás el extenso trabajo que citamos al principio (que supera las 700 páginas) sea, precisamente, el resultado de esa reflexión para la que preparaba esta obra. Una obra que, como decíamos, resulta especialmente sugerente por su falta de pretensión sistemática (confesada en la propia introducción), pues ello le permite la libertad suficiente para poder tratar el asunto de una manera más creativa y sugerente, haciendo girar todo el estudio alrededor de la pregunta por la nada.
El no-ser, se convierte así en el hilo conductor que da cohesión al estudio de Holter Helting, que comienza, centrándose en el pensamiento de Eckehart, por señalar tres modos diferentes para referirnos a la nada: una nada nihilista, una nada como privación y una nada como origen y meta de los hombres. Abriéndose un sugerente espacio de relaciones. Por un lado podemos decir: fuera de Dios la nada, porque lo que es sólo puede serlo en Dios (el sermón 22); por otro lado Dios es nada en el sentido de no ser ningún ente (sermón 37), Holter dirá que es supracategorial (crf p 16), más allá de los modos en los que se dice el ser según Aristóteles, se trata de un no-Dios, no-imagen, no-persona (sermón 42). Dios no es ente, sino origen en el sentido de otorgar ser, y también es meta: Eckehart busca la identidad perfecta entre el hombre santo y Dios (proposición 10 de la bula condenatoria del papa Juan XXII).
Se está diciendo así: las cosas no son nada por sí mismas, son contingentes, nunca necesarias, sino cosas posibles. El ente no es necesario, “lo que es” puede no ser. Y aquello que es necesario, Dios, no es un ente (por otro lado no debe ser escandalizador, pues esto en el fondo dice: Dios no es una criatura): Dios piensa. Podríamos recordar aquí que ya advertía Parménides, según la lectura hegeliana en sus Vorlesungen über Geschichte der Philosophie, recordando la cita que recoge Plotino (V. Ennead. I, 8) que lo necesario es el pensar, idéntico al ser (consistiendo el ser del pensamiento en el mismo ejercicio del pensar; enérgeia, dirá Aristóteles, el acto que posee el fin), frente a las criaturas cuyo ser no es necesario, y le viene dado desde fuera de ellas, desde el pensar: fuera de Dios, que es pensar, la nada.
En Heidegger, al que dedica el segundo capítulo, el pensamiento sobre la divinidad también requiere un acercamiento desde el no-ser, desde lo oculto como una dimensión esencial del desocultamiento. En Heidegger la reflexión sobre la verdad como desocultación, en relación a la cual hay que pensar la divinidad, lo conduce a la región de lo oculto, consistiendo justamente la divinidad en una dimensión del ocultamiento (como parte esencial del desocultamiento). Lo primero para acceder al pensamiento de Dios en Heidegger es pensar el ocultamiento, que, por otro lado, sólo puede brillar como ocultamiento cuando, de la mano de la pregunta por la verdad, estamos en condiciones de pensar el acontecimiento en su cuádruple articulación.
Así, en Heidegger Dios tampoco es el Ser. El ser es, ya desde su Logik, comparecer, y Dios nombra el ocultamiento como una dimensión de tal llegar a ser (aletheia) en el lenguaje, que es el modo del Ereignis (Unterwegs zur Sprache)
El pensamiento de Dios en ambos pensadores es, al mismo tiempo, un pensarlo como nada de ente. Claro que saltan a la vista, junto con las semejanzas, las diferencias. Y a ellas dedica el tercer capítulo sirviéndose de la noción de serenidad (Gelassenheit) en ambos pensadores, y que el propio Heidegger habría reconocido tomar de Eckehart, donde quedan claramente establecidas las semejanzas y las diferencias.
La semejanza es patente: a ambos pensadores, su pensamiento sobre Dios como no-ente los conduce a predicar la serenidad y el abandono. Pero mientras en Eckehart el abandono tiene que ver con abandonarse a la voluntad de Dios (es un no querer en absoluto), en Heidegger está pensado en relación a la Cuadratura: como un estar abandonados en medio de la tormenta (siendo tormenta y rayo el lenguaje de los dioses).
Eckehart predica, en lugar del deseo, la voluntad como un dejar y un permitir: lo que el hombre debe hacer es cumplir la voluntad de Dios, pero entendido de manera radical: la propia voluntad de cada hombre debe ser una con la voluntad de Dios abandonándose a ella. Como dice en Deutsche Predigten und Traktate (1979): se trata de no querer ni codiciar nada (cfr p 488 y p 304), o como también está expresado en la proposición 14 de la bula condenatoria del papa Juan XXII: “el hombre bueno debe ajustar de tal manera su voluntad a la voluntad de Dios, que querrá todo lo que Dios quiera. Incluso si fue voluntad de Dios que yo pecase, yo no querré no haber pecado: ésta será la verdadera penitencia”. Esta unidad entre Dios y hombre se refleja también en el conocimiento: el Conocer de Dios y el mío se establecen en una identidad, la vía contemplativa que nos conduce a Dios, y que exige renunciar a las cosas materiales, nos hace elevarnos a una identidad mística con él en la medida en que, debemos decir, si Dios es conocerse, conocer a Dios (de tal manera que nuestro pensamiento deje de estar volcado hacia fuera, hacia las cosas) debe significar esta identidad pretendida (generación del hijo).
La llamada que nos hace Heidegger a la serenidad, no se identifica con esto que predica Eckehart. Aunque el propio Heidegger reconociera haber tomado el término del maestro místico, la llamada a la serenidad en Heidegger debe leerse en relación con la Cuadratura, esto es lo que nos dice y enseña Holter; a cuyo pensamiento sólo se puede acceder si abandonamos la ratio: la más obstinada adversaria del pensar (como nos recordaba Heidegger en su Nietzsches Wort: “Gott ist tot”).
Me gustaría acabar diciendo que se trata de un estudio sumamente interesante, muy trabajado y muy bien documentado que encantará a todo lector interesado en la relación que, con respecto al pensamiento de Dios y la nada, se da entre Eckehart y el Heidegger tardío.

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