HONDERICH, Ted, After the Terror, Edinbourgh University, Edinbourgh, 2003, 195 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Tras el terror, aborda la situación moral tan problemática de la paz en el mundo con posterioridad al atentado de las torres gemelas del 11-S de 2001. El terrorismo acabó visualizando las grandes diferencias existentes entre los distintos criterios económicos, políticos o sociales, para valorar la calidad vida de los distintos países, afectando ahora también a las nociones éticas de moral natural aún más básicas, sin que la razón pública televisiva pudiera permanecer indiferente. A pesar de que en todos los países hay un diez por ciento de la población que disfruta de una calidad de vida aceptable, sin embargo cambian mucho las expectativas y los consiguientes umbrales de sensibilidad moral si se pertenece al grupo del diez por ciento de los más desfavorecidos, estableciéndose así una neta separación en el mundo entre los que disfrutan de una buena o mala vida, ya se deba este hecho a la ignorancia, a la pobreza, o a la falta de una adecuada opinión pública. A este respecto la razón pública televisiva debe informar con objetividad acerca del contexto global del 11-S o del conflicto Palestino-Israelí, que a su vez determinan el sentido terrorismo internacional en el momento presente, estando por igual al alcance de todos. A este respecto se analizan cinco problemas éticos que deben ser tenidos en cuenta por la opinión publica televisiva europea, a fin de dar una respuesta adecuada a estos retos del terrorismo internacional:

1.- Lo natural y las otras moralidades, cuestiona la posibilidad de establecer unos criterios comunes de valoración del bienestar en una situación de profunda desigualdad, en donde sólo caben tres posibles modos de afrontar los retos que hoy día plantea el terrorismo internacional, representadas ahora respectivamente por Nozick, Rawls o la propia tradición de liberalismo americano: o el utilitarismo maximalista de un anarquismo libertario malentendido, o el igualitarismo abstracto de un liberalismo político trasnochado, o el respeto compasivo de los desposeídos en virtud de un principio de humanidad natural, como ahora se defiende.

2.- ¿Hicimos algo mal? ¿Hacemos algo mal?, analiza las nefastas consecuencias de un realismo político concebido como una suma de autointereses nacionales, donde sólo tiene cabida el frío cálculo de las consecuencias y los compromisos adquiridos, sin que tenga sentido una moralidad del respeto recíproco entre los individuos y las naciones. Por eso ahora se postula una política compasiva dirigida a compensar las posibles omisiones a este respecto, a fin de atajar las causas, las condiciones, las malas intenciones o incluso el cinismo que lo hicieron posible.

3.- Las torres gemelas y la democracia, define el terrorismo como un tipo extremo de violencia, incluso de violencia política, ya sea de naturaleza física o estructural. A este respecto la maldad del terorrismo no estriba tanto en el recurso a la violencia generalizada, o al asesinado de civiles inocentes, o a la desestabilización de la jerarquía de poderes fácticos democráticos de la llamada sociedad abierta de Popper. Su perversión procede de la quiebra del principio de humanidad natural sobre el que se fundamenta el orden internacional o la propia democracia.

4.- Nuestra responsabilidad y qué hacer, comprueba como un exceso de empatía colectiva ha dado lugar a un realismo moral y un cálculo posibilista cada vez más hipertrofiado, incapaz de hacer nada efectivo. En su lugar ahora la democracia jerarquizada asume una cuota de culpabilidad con las injustas desiguadades creadas por el sistema capitalista, ya sea por acción u omisión. Por su parte ahora se conciben las reacciones vengativas de tipo consecuencialista como un signo de barbarie carente de justificación, como ahora sucede con la posibilidad de una guerra preventiva en Irak. Se trataría de un autoengaño por no haber analizado las causas efectivas que provocaron el 11-S, cuando hubiera sido preferible fomentar el logro de una democracia mejor mediante la práctica de una desobediencia civil y una resistencia pacifista activa, al modo sugerido por Rawls.

5.- Últimos pensamientos sobre el terrorismo y a favor de la humanidad, analiza las dificultades que el principio de humanidad natural encuentra a la hora de delimitar con precisión el fenómeno terrorista. En su opinión, el terrorismo es una acción de doble efecto, que incluyen explícitamente la muerte de inocentes, especialmente en el caso del terrorista suicida, sin que se pueda hablar de un terrorismo a favor de la humanidad. Sin embargo este tipo de terrorismo se produce en el contexto de una democracia jerarquizada, o simplemente oligárquica, donde sólo tiene vigencia una moral meramente convencional, basada a su vez en verdades y reglas meramente fácticas, sin dejar abierta la posibilidad de otras vías pacíficas de defensa frente a la agresión injusta. Al menos así habría sucedido en el caso del terrorismo suicida palestino, que habría reivindicado una legitimidad ética para recurrir a este tipo de acciones violentas.

Para concluir una reflexión crítica. Evidentemente tanto en el 11-S, como después en el 11-M o el 7-J, fueron muchos los factores que influyeron en el fatal desenlace, sin que sólo uno sea el determinante. Para Honderich una solución mediática justa del problema debe comenzar por una valoración por parte de la razón pública televisiva americana y europea de la cuota de responsabilidad ética que a cada agente social le corresponde sin guiarse por criterios meramente consecuencialistas. Sin embargo cabe preguntarse a este respecto: ¿Realmente un reparto de cuotas de culpas permitiría afrontar de forma más responsable la posibilidad de nuevos ataques terroristas, similares o más graves aún de los antes mencionados? Evidentemente no hay que confundir las distintas cotas de culpabilidad contraídas en la génesis del terror respecto de un pasado más o menos lejano, con las cuotas de responsabilidad contraídas respecto a la posibilidad de evitar la repetición en un futuro inmediato de un nuevo escenario de terror de este tipo. Para Honderich basta prestar atención al primer problema, para que el segundo se resuelva. Sin embargo podría decirse que una mayor atención a la dimensión preventiva de la razón publica televisiva podría contribuir a evitar formas tan violentas de saldar las culpas pasadas, como las que recientemente hemos conocido. Honderich no desarrolla esta segunda parte del problema, pero otros lo han hecho. Veámoslo.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s