INCIARTE, Fernando, Imágenes, palabras, signos. Sobre arte y filosofía, FLAMARIQUE, Lourdes (edit.) Eunsa, Colección cátedra Felix Huarte, Pamplona, 2004.

por María de la Paz Tenorio González

Fernando Inciarte (1929-2000) fue profesor de Filosofía en varias Universidades alemanas como Colonia, Friburgo de Brisgovia, Münster, y en la de Navarra. Es, además, autor de numerosas obras sobre filosofía práctica, análisis del lenguaje y metafísica. Entre sus escritos destacan: Breve teoría de la España moderna, Liberalismo y republicanismo, Ensayos de filosofía política, así como Tiempo, sustancia, lenguaje.

El libro es una serie de ensayos del profesor Inciarte, compilados y editados por Lourdes Flamarique, profesora de la Universidad de Navarra. Estos ensayos fueron elaborados entre 1988 y 2000. En todos ellos hay una interesante reflexión sobre el arte y, paralelamente, la metafísica.

El autor reflexiona sobre el arte, haciendo especial hincapié en el arte de vanguardia y estableciendo un paralelismo entre éste y la metafísica, entendida como una vuelta al origen.

Tras una presentación de la editora, nos encontramos los siguientes ensayos: Imágenes, palabras, signos. Mediación de la realidad y sustitución de la realidad; Espacio, tiempo y arte; Arte, culto y cultura; Sobre la fugacidad. Anaxágoras y Aristóteles, Quevedo y Rilke; Sobre perspectiva en literatura, pintura y arquitectura; Presencia y representación en el arte; Metafísica y arte; Arte y republicanismo (I), Arte y republicanismo (II) y, por último, Arte y republicanismo (III).

La idea central o hilo conductor, común a todos los ensayos, es que la metafísica está presente en el arte de vanguardia. Según Inciarte, la línea dominante que sigue el arte de nuestro tiempo es la de la simplicidad, tanto en las artes espaciales (en particular, la arquitectura), como la música o la pintura: se desprenden de todo lo innecesario para volver al origen. Se trata de una propuesta muy original, ya que, actualmente, la idea o la tendencia que rige la cultura de nuestro tiempo es una des-realización de la realidad y no una búsqueda del origen, como indica el autor.

Esta vuelta al origen se realiza mediante la abstracción (epagogé), figurativa o no (cfr. p. 66).

La abstracción, que desde Aristóteles se considera como algo positivo, primordialmente no significa otra cosa que la formación del concepto; por tanto, es lo que distingue directamente el conocimiento humano del animal (cfr. p. 31). La abstracción nos da acceso a la realidad en cuanto tal.

Las coordenadas espacio-temporales, según Inciarte, son tratadas dentro del arte de vanguardia desde otra perspectiva; por ejemplo, el espacio no es único en un cuadro de Picasso, ya que este artista nos hace ver el mismo objeto simultáneamente desde sucesivas perspectivas (cfr. p. 55). Lo mismo ocurre con el tiempo, que no es mera sucesión. Así, por ejemplo, el tiempo de una obra musical vanguardista es también, y más profundamente, simultaneidad (cfr. p. 54).

De esta forma, el arte moderno se presenta como un arte eminentemente reflexivo y filosófico (cfr. p. 83).

En el siglo XX acaba una larga tradición en el modo de concebir el arte y nace un arte que reflexiona sobre su propia esencia (cfr. p. 113). El arte es contemplado tanto desde la perspectiva del espectador, como desde la del creador. La creación no se constituye como algo al margen del origen, sino que realiza el ideal de no abandonar el origen (cfr. p. 188), ya que alejarse del origen significa dejar de ser (cfr. p. 204).

Estimo que esta obra merece una valoración global muy positiva, especialmente por la originalidad con que están abordados los temas. De un modo magistral, nos propone una actitud diferente, una pluralidad de perspectivas ante el arte contemporáneo y su relación con diversas ramas de la filosofía.

El arte de vanguardia manifiesta qué es el arte, y lo manifiesta con una sencillez admirable. Además, Inciarte nos propone una consideración y contemplación de la obra artística desde otra perspectiva, ya que la perspectiva del espectador no tiene por qué ser la única referencia, puesto que en una obra de arte se plasman  innumerables formas de ver el mundo o -yendo más allá-, en cierto sentido, ninguna.

El arte contemporáneo no intenta decir nada: sólo desvelar, hacer ver lo visible.

Pienso que este libro está dirigido principalmente a estudiosos de la materia, pero de ninguna manera excluye otras personas interesadas en el arte. Personalmente, lo recomendaría a críticos de arte, a profesores e incluso a artistas.

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