LEGE, J., Pragmatismus und Jurisprudenz. Über die Philosophie des Charles Sanders Peirce und über des Verhältnis von Logik, Wertung und Kreativität im Recht , Mohr Siebeck, Tübingen, 1999, 664 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

En su última época Peirce encontró una respuesta a los problemas que anteriormente el mismo dejó sin resolver. Por ejemplo, las complejas relaciones que el pragmatismo estableció entre el modo de trabajar de la lógica, los valores vitales y la propia creatividad científica. Inicialmente Peirce adoptó una actitud falibilista, reduciendo la verdad y la propia realidad a una hipótesis o a un ideal regulativo, o a una simple añoranza, sin poder ir más allá en el logro de este ‘telos’ o ‘fin último’. El último Peirce, en cambio, a partir de 1898, localizó un método abductivo aún más autocrítico, que garantiza la validez de los presupuestos éticos, fenomenológicos o simplemente estéticos, que hacen posible el siguimiento de una máxima pragmática. Este tipo de presupuestos generan un tipo peculiar de creencias probadas, que se pueden justificar a partir de la experiencia, o con total independencia de ella, como de hecho ocurre con la lógica, sin tomarlas ya como una hipótesis necesariamente falible, o como un ideal regulativo de imposible cumplimiento. Por su parte la filosofía contemporánea ha resaltado este segundo aspecto aún más edificante de su pensamiento, tomando a Peirce como un antídoto frente a las crisis que el mismo ha provocado a lo largo de la así llamada posmodernidad. De todos modos hay quien sólo acepta los planteamientos del joven Peirce, como ocurre con Apel, con quien Loge polemiza.
Según Joachin Logue, el pragmatismo ha hecho a este respecto dos importantes aportaciones al pensamiento contemporáneo: a) La filosofía de la ciencia alemana, a partir de 1967, ha ido aceptado progresivamente el modo como el último Peirce justificó la validez de un método abductivo, que se legitima en nombre de una máxima pragmática, sin remitirse a un fundamento último válido por sí mismo. De este modo la lógica de las relaciones garantiza la inserción de la ciencia en el mundo de la vida, con ayuda de determinados criterios éticos, fenomenológicos, o simplemente estéticos, igualmente necesarios. En este sentido el pragmatismo trató de resolver cuatro problemas muy específicos: 1) ¿Cómo es posible alcanzar en general un (nuevo) conocimiento? El método abductivo del último Peirce evitó el falibilismo generalizado de su primera época mediante una lógica de relaciones extralingüistica, que Apel rechaza. En cambio Loge la admite por ser una condición de posibilidad de la aplicación de una máxima pragmática, y por ser una garantía de la validez de nuestras creencias inductivas y deductivas; se genera así una lógica algebraica, dinámica, cuantificada, retroductiva y cada vez más autocontrolada mediante el uso compartido de gráficos existenciales; 2) El realismo transcendental del último Peirce tambien se afirma como una garantía del seguimiento de toda posible creencia, tanto inductiva como deductiva, sin interesarse sólo por las creencias científicas, como le critica Apel; 3) El realismo de los conceptos universales, la teoría de las categorías y su propia metafísica de la evolución también se afirman como un presupuesto del seguimiento de un método abductivo, aunque en el último Peirce estas propuestas tienen un significado muy preciso: mantener un equilibrio en el modo de justificar la validez de estos tres tipos categorías, sin otorgar una primacía a la terceidad y sin tampoco quedarse en una mera referencia abstracta a una comunidad ideal de investigadores en sí misma inalcanzable, como según Apel hizo el joven Peirce; 4) Finalmente, la posible conformidad, o adecuación, entre los diversos niveles y dimensiones del conocimiento, por ser una condición de sentido de la aceptación del propio realismo. Con ese fin el pragmatismo recurre a determinados criterios fenomenológicos, éticos y estéticos que, como también reconoce Apel, su aplicación a la experiencia siempre adolecerá de una cierta vaguedad, sin poder cerrar nunca definitivamente este proceso de conformación recíproca.
b) La influencia creciente de Peirce en la jurisprudencia alemana más reciente. En efecto, el derecho, al igual que la ciencia, también necesita remitirse a determinados criterios normativos, que están sobreentendidos tras el seguimiento de una máxima pragmática, o de un método abductivo, o simplemente retroductivo. A este respecto se señalan cuatro problemas principales: 1) ¿Como es posible lograr un nuevo conocimiento jurídico? Según Lege, el pragmatismo consigue evitar el recurso a un positivismo decisionista como el de Kelsen, o a un intuicionismo inmovilista como el de Larenz. Por eso concibe la‘lógica operativa’ de la jurisprudencia según un modelo subsuntivo, con el que pretende lograr una progresiva conformación recíproca cada vez más estricta entre las dimensiones externa y la interna del derecho, sin remitirse a ningún fundamento último válido por sí mismo; 2) Se caracteriza el derecho como un conocimiento de tipo práctico, que busca un tipo peculiar de claridad, o de recta razón jurídica, mediante el simple seguimiento de estos métodos pragmáticos. 3) Se legitiman determinados criterios de justicia, como el principio de utilidad social, o el concepto clásico de bien común, o el principio procedimental del ‘consensus’. A partir de aquí se caracteriza el derecho como un lugar de encuentro entre lo contigente y los ideales regulativos; y se distingue lo jurídicamente correcto respecto de lo exigible en justicia; 4) Finalmente, a partir de los años 70 la argumentación jurídica ha evolucionado y se ha caracterizado como un sistema autopoiético, normativo, cerrado y externo. Por eso el derecho se concibe hoy día como un arte contrapuesto a la moral, que tiene un peculiar modo estético de conformarse a la cambiante realidad social, sin referencia a un fundamento último de tipo moral.
Para concluir una observación crítica: Personalmente considero bien documentada la interpretación propuesta de la evolución intelectual del último Peirce, aunque discrepo en parte en algunas de su conclusiones. Logue reiteradamente insiste en que la evolución de la jurisprudencia en general, y del pragmatismo en particular, ha sido un progresivo alejamiento de busqueda de un fundamento último válido por sí mismo. En este sentido cabría cuestionarse: ¿La lógica de relaciones del último Peirce carece de cualquier referencia a un fundamento último, o simplemente transforma el sentido de esta búsqueda y la traslada a un sitio más preciso y decisivo? Por ejemplo, a la fenomenología, la ética, o la propia estética, concebidas como un análisis de las condiciones de sentido de toda posible aplicación de una máxima pragmática O más en concreto aún, ¿el modelo subsuntivo de correlación entre teoría e experiencia que ahora se defiende no requiere retrotraer la justificación a un fundamento previo? Por ejemplo, la lógica de relativos en el último Peirce, como ahora se propone, o la propia semiótica, como de hecho también ocurrió en el joven Peirce, al menos según Apel. Finalmente, ¿realmente Apel y Loge discrepan en su interpretación de Peirce, o simplemente valoran de modo diferente sus posibles aportaciones? (Cf. Ortiz de Landázuri, C.; ‘De Kant a Peirce 100 años después (A través de Karl-Otto Apel)’, Anuario Filosófico, 29, 1996, 3, 1185-1211 pp.).

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