LLANO, Alejandro; El enigma de la representación, Síntesis, Madrid, 1999, 303 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Según Alejandro Llano, ni Wittgenstein ni Heidegger afrontaron el enigma de la representación en toda su testaruda realidad. Wittgenstein defendió un antirrepresentacionismo radical que se atribuye una capacidad de disolución de cualquier problema filosófico, transformándolo en un simple malentendido lingüístico; nunca advirtió el carácter representativo del propio lenguaje, como ha sido señalado por Geach y Dummett, o como después confirmó el auge posterior de la filosofía de la mente entre los analíticos, como ahora se resalta. Heidegger, por su parte, defendió un representacionismo antifundamentalista, como ámbito privilegiado donde se hace patente de un modo inmediato lo representado, en este caso el ser, sin remitirse a ninguna esencia, o a ningún fundamento transfenoménico proporcionado, al igual que antes ocurrió en Nietzsche, o después ha vuelto a suceder en la así llamada posmodernidad. Pero al final los extremos se tocan y ambas corrientes de pensamiento han llegado a un punto de encuentro común. Al menos así ha sucedido en los planteamientos de Rorty, Nagel y el posmodernismo filosófico; todos defienden un perspectivismo posnietzscheano, que da lugar a un proceso ininterrumpido de desconstrucciones, donde la representación es un obstáculo, que imposibilita el desvelamiento del ser veritativo de la representación.

LLano defiende a este respecto un anti-representacionismo matizado, que no pretende eliminar las representaciones, sino ajustar su concepto. Con este fin recupera la crítica del sentido con que Brentano abordó el problema de los sentidos del ser en Aristóteles; o el método analítico con que Frege puso de manifiesto el carácter veritativo de la relación de intencionalidad que se establece entre la representación y lo representado, cuando se desdobla, o incluso tercia en su propia función de representación. A partir de aquí Llano separa dos formas de conocimiento en Aristóteles: El conocimiento mediato o intencional o representativo, que hace posible la apertura cognoscitiva a la realidad representada,  remitiéndose a algo distinto de sí mismo, ya sea a un nivel sensible o conceptual, y ya se trate de la vigilia o el sueño; y, por otro lado, el conocimiento intuitivo o inmediato, que es válido por sí mismo, aunque siempre es posible profundizar en su conocimiento de un modo aún más exhaustivo. A este respecto la representación, o conocimiento mediato, siempre se sitúa entre estos dos extremos del conocimiento intuitivo, el sensible y el conceptual, sin dejar de remitirse a este presupuesto previo, que se afirma como su condición de sentido.

“El enigma de la representación’ también se propone una reconstrucción histórica del desarrollo de este problema. En su opinión, el realismo metafísico, el análisis empírico y el idealismo transcendental mantienen muchas semejanzas en el modo de abordar este problema, aunque sean aún mayores las diferencias. Por ejemplo, Apel ha hecho notar como el realismo aristotélico y el análisis lingüistico se legitiman en nombre de un oculto transcendentalismo meramente sobreentendido, que se afirma como una condición de sentido de sus respectivos métodos. Por su parte el transcendentalismo kantiano se remite a un oculto realismo y a un empirismo igualmente sobreentendido, sin cuya aceptación el representacionismo kantiano se vuelve igualmente trivial y relativista, tanto en la teoría como en la práctica. Llano admite en parte la sugerencia de Apel, aunque considera un anacronismo ver en Aristóteles un precedente de un transcendentalismo de tipo pragmático. En su opinión, el realismo aristotélico presupone algo que Kant y el empirismo nunca aceptaron: la referencia a un conocimiento intuitivo de tipo sensible y conceptual, cuya validez se afirma por ser una condición de sentido del propio realismo.

De todos modos mayores son las diferencias que las semejanzas entre estos tres planteamientos. A este respecto el intuicionismo aristotélico es un antirrepresentacionismo matizado, que siempre está abierto a una posible fundamentación discursiva aún más exhaustiva, sin tener un carácter absoluto, sino sólo respecto de nosotros. Al menos así ocurre con los primeros principios, o con los sensibles propios, o con estas nociones comunes; en estos casos, cuando se interrumpe el proceso de representación, no se niega por ello la posibilidad de profundizar en lograr un fundamento discursivo más exhaustivo. Con este fin Llano se sirve de un método analítico similar al de Brentano y Frege, capaz de atribuir a las representaciones cognoscitivas un ser veritativo específico, en la medida que se afirman como una condición de sentido del resto de las representaciones y un signo formal, que a su vez remite a una realidad distinta de ellas mismas. Kant en cambio legitima el idealismo transcendental en virtud de un representacionismo antifundamentalista, donde las intuiciones inmediatas se conciben como si fueran simples proyecciones de una subjetividad transcendental, o de un ‘yo pienso’ aún más originario, sin otorgarles ya una validez por sí mismas. Por su parte el análisis empírico defendió una interpretación naturalista, o simplemente sicologista de estas intuiciones inmediatas, ya fueran los sensibles propios o los comunes, sin atribuirles el caracter  de signos formales que ahora les asigna la crítica de sentido. Por eso el análisis filosófico posterior derivó hacía un antirrepresentacionismo cada vez más radicalizado, donde se intentó evitar cualquier psicologismo de tipo representacionista, como ocurrió en Wittgenstein. Por su parte el antifundamentalismo poskantiano derivó hacía un perspectivismo donde las representaciones son objeto de proceso interrumpido de sucesivas desconstrucciones, como ocurrió en Nietzsche, o después en Heidegger y en la posmodernidad.

Según Llano, el realismo aristotélico es incompatible con una metafísica de la reducción óntica, o con cualquier otro tipo de fundamento de certeza, donde las representaciones se acaban reduciendo a una simple cosa física, o a un proceso psicológico o mental. Al menos así ha sucedido en la filosofía de la mente, o de la inteligencia artificial, de numerosos analíticos actuales, siguiendo el modelo de la programación informática. También ahora se remiten planteamientos similares a los de Descartes, Leibniz, y el pensamiento moderno en general, cuando el valor de las representaciones se justificó a partir de unos principios en sí mismos indubitables, deducidos a su vez a partir del ‘yo pienso’, o a partir de una visión reduccionista del mundo natural. En cambio para Aristóteles el punto de partida de la filosofía son las aporías aparentemente irresolubles del mundo de la opinión y que, justo por ello, están abiertas a un posible fundamento discursivo de su verdad respectiva. En este contexto Aristóteles concibió las representaciones como un simple signo formal con capacidad de alcanzar distintos niveles de intencionalidad, en la medida que nos permiten evitar las paradojas que a su vez genera nuestro propio conocimiento. Sólo puso un requisito: Aceptar la validez de dos formas posibles de conocimiento intuitivo, sin cuya aceptación tampoco hubiera podido detectar la presencia de aquellas mismas aporías y opiniones: 1) la referencia discursiva a unos sensibles propios y 2) la aprehensión simple de ciertas nociones básicas, como son el ente, el bien, la verdad, etc. Ambos presupuestos se justifican al modo incondicionado de los primeros principios, especialmente el de no contradicción; pues en caso de negar la validez de uno de estos principios, el propio discurso racional se vuelve un sinsentido. A este respecto Alejandro Llano pone de manifiesto la necesidad de una segunda inmediación conceptual, además de la sensible, que tiene un valor por sí misma, aunque no siempre se puede remitir a una realidad específica.

La publicación se divide en 17 pequeños capítulos, con títulos muy sugerentes. En los siete primeros se comparan las propuestas del idealismo transcendental y del realismo clásico: 1) ‘Las paradojas de la representación’, a partir de las actitudes antirrepresentacionistas de Wittgenstein y antifundamentalistas de Heidegger; 2) ‘Representación y modernidad’ en Descartes, en contraposición al perspectivismo de Nietzsche y Heidegger; 3) ‘En el umbral de la caverna’, o los niveles de representación y verdad en Platón; 4) ‘Acción transcendental y representación’, o las semejanzas entre la aprehensión simple del pensamiento clásico y la apercepción pura del yo transcendental kantiano; 5) ‘Representación y subjetividad transcendental’, o las diferencias entre el representacionismo transcendental kantiano y el realismo intuicionista aristotélico; 6) ‘Metafísica de la deducción transcendental’, o las diferencias entre el representacionismo antifundamentalista basado en el ‘Yo pienso’ kantiano y el realismo aristotélico; 7) ‘Deducción transcendental y principio de no contradicción’, o las diferencias entre el antifundamentalismo kantiano y el intuicionismo discursivo aristotélico.

En los diez capítulos siguientes se analizan las distintas fases evolutivas del representacionismo analítico, comparándolas a su vez con el realismo aristotélico: 8) ‘Lenguaje, inteligencia y realidad’ analiza el antirrepresentacionismo matizado de Aristóteles; 9) ‘La representación intelectual’ critica el antifundamentalismo y el antirreprensentacionismo radicalizado de tipo analítico; 10) ‘Signos formales y antimentalismo’ justifica el carácter intencional de los signos formales aristotélicos y rechaza la acusación de mentalismo; 11) ‘El representacionismo racionalista’ explica la ‘falacia del homúnculo’ en el mentalismo cartesiano y en los propios analíticos; 12) ‘El representacionismo empirista’ describe la crisis realista de esta forma de antifundamentalismo; 13) ‘Sentido y representación’ distingue el juicio, la representación y la intuición, tanto sensible como conceptual, a partir de Brentano; 14) ‘Semántica de la representación’ aplica la crítica del sentido de Frege al análisis de las representaciones; 15) ‘La irrealidad de la representación’ critica el caracter naturalista del perspectivismo contemporáneo y defiende el carácter ideal del ser veritativo, a partir de Millán Puelles; 16) ‘Antifundacionalismo y segunda mediación’ defiende la validez de una segunda inmediación conceptual para evitar así los males del representacionismo y del fundacionalismo, ya sea pro o anti.

Para concluir dos advertencias: Alejandro Llano no oculta en ningún momento las profundas diferencias que separan los planteamientos aristotélicos, transcendentalistas y analíticos. Pero todo ello no le impide reconstruir la presencia de un hilo conductor común, sirviéndose de lo positivo que hay en cada uno de ellos. En este sentido ni otorga el  rango de realista a quien no lo desea, ni tampoco ve posibles transcendentalistas por todas partes, como recientemente ha sido denunciado (cf. Lauth, R.; Descartes’ Konzeption des Systems der Philosophie, Frommann-Holzboog, Stuttgart, 1998). Por otro lado, su propuesta de añadir una segunda inmediación de tipo conceptual, junto a la sensible, hay que interpretarla en el contexto del realismo discursivo, en contraposición al modo empirista clásico de fundamentar el conocimiento (cf. Brewer, B.; Perception and Reason, Oxford University, Oxford, 1999). En este sentido el tratamiento gnoseológico y ontológico del enigma de la representación  deja abiertas otras muchas cuestiones que ahora se sugieren, y que aquí también en otras ocasiones han sido reseñadas (Cf. Anuario Filosófico, 1998, vol I, p. 339: García López, J.; Lecciones de gnoseología tomista. Gnoseología. Principios gnoseológicos básicos, Eunsa, Pamplona, 1997).

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s