M. HEIDEGGER, Lógica. La pregunta por la verdad, traducción de J. Alberto Ciría, Alianza, Madrid, 2004

por Alejandro Rojas Jiménez

Logik. Die Frage nach der Wahrheit, una obra que se corresponde con el curso de Lógica que impartió Heidegger en Marburgo el semestre de invierno de 1925-1926 y que ha sido publicado en el volumen 21 de la Gesamtausgabe no es una de las obras de Heidegger que cuente con más éxito entre el público, pero existen, entre otros, dos motivos básicos que hacen de esta obra una obra que, a mi entender, debía ser traducida y por lo que es de agradecer a D. J. Alberto la buena traducción que ha sacado a la luz.
El primer punto por el que considero que esta traducción era precisa es pensando en el joven lector de filosofía que pretende hacerse una idea global del pensamiento del primer Heidegger, pues una de las virtudes de esta obra es la de abrir de una manera rápida, amena y sugerente una puerta de acceso al pensamiento del primer Heidegger: al ser una obra aún demasiado inicial se observa sin complejidades el punto originario desde el que Heidegger parte para el tratamiento de su obra más famosa Sein und Zeit, 1927, y también su interesante Kant und das Problem der Metaphysik, 1929, aquel punto de partida que es la relación entre el Ser y el Tiempo que como todo lector de Heidegger sabe es la relación entre Ser y Existente, pues el Tiempo es en Heidegger, entendido como cuidado, la nueva noción de tiempo que Heidegger nos propone para vivir auténticamente nuestra existencia como proyecto. Un acceso que se hace aún más ameno por la genial traducción que ha logrado D. J. Alberto, que comentaré al final de esta reseña.
El segundo punto, por el que considero que se trata de una traducción necesaria y un libro de lectura aconsejada, no apunta ya al joven lector inexperto, sino al estudioso de Heidegger: en la medida en que nos abre al punto de partida del pensamiento de Sein und Zeit, el problema de la verdad, este libro debe ser leído comparándolo con el Parmenides, GA 45, donde vuelve a ser tratado el problema de la verdad ahora con el descubrimiento que la importancia del acontecer epocal tiene para el tratamiento de la verdad. El Parmenides (libro fundamental e imprescindible para la comprensión del segundo Heidegger), semestre de invierno de 1942/43, 17 años más tarde (la lectura de Hölderlin, el descubrimiento de que el proyecto de la existencia hacia sus posibles propios no se hace en el vacío, sino desde una historia acontecida donde nos son dadas las palabras, ha sido Rector (1933), ha dejado de serlo (1934), el mundo está en guerra…), y Heidegger vuelve a tratar el mismo asunto: el problema de la verdad. De este modo, Logik. Die Frage nach der Wahrheit, no es una obra sólo interesante para el joven lector que se encontraría con una redacción llena de vitalidad y fuerza (lo que justificaría de sobra la necesidad de su traducción) que D. J. Alberto ha sabido recoger con una sencillez a la que no nos tienen acostumbrado las traducciones de Heidegger, sino que, además, resulta, para el lector interesado en el pensamiento del filósofo alemán, especialmente interesante, pues no debiera resistirse a la lectura comparada de dicha obra con el Parmenides, en el que vuelve a tratarse el problema de la verdad (la ocultación y la desocultación).
Establecidos estos dos motivos, anunciaré brevemente los asuntos tratados en la obra: Heidegger analiza la noción fenomenológica de intencionalidad, si bien, yendo más allá de Husserl, determina la verdad de la intención desde el habla mediante la definición de enunciado como “hacer ver mostrando”; un habla que es, sólo se debe entender así, anterior al lenguaje comunicativo (la comunicación sólo es posible porque en el enunciado la cosa está accesible) en tanto que el hablar de algo se fundamenta en una existencia que se encuentra en el mundo. Mundo es otro de los puntos que se detiene a analizar, apareciendo temas muy conocidos del pensamiento de Heidegger: red de utensilios, trato comprensivo, cuidado (el tiempo de la existencia concebida como auténtico proyecto). En este análisis del habla llega a descubrir que lógos no nombra una estructura primaria, que el lugar por donde puede venir la respuesta a la pregunta por el ente consiste en el análisis de nuestro esencial “ser-en-el-mundo”.
El curso de Heidegger sobre lógica no tiene nada que ver con las clases de lógica a las que nos tienen acostumbrado los clásicos profesores de lógica. Heidegger contrapone a esta lógica de escuela (correspondiente a un estadio de la filosofía en la que ésta había perdido su carácter productivo, llega a decir Heidegger) una lógica filosofante como “ciencia de la verdad” al entender el lógos como un hacer manifiesto aquello de lo cual se habla (desocultamiento). Para el filósofo alemán ninguna ciencia, salvo la lógica, trata de la verdad, siendo la pregunta por la verdad la pregunta original y auténtica de la lógica cuando es lógica filosofante. Claro que este juicio de Heidegger requiere que se vuelva a Aristóteles para volver a prestar atención a la idea fundamental del filósofo griego evitando, esta vez, volver a caer en el error de la lógica de escuela que ha dejado de considerar la pregunta desde la que parte la lógica: la pregunta por la verdad.
Heidegger lee a Aristóteles desde la definición de enunciado propuesta y analiza la noción de síntesis como característica principal del enunciado. Si bien resalta el siguiente fallo en el tratamiento aristotélico, el no haber atisbado un problema “abisal”: que en la medida en que el presente es un carácter del tempo (del tiempo como carácter de diferenciación del ente volverá a tratar en el Informe Natorp cuando comente la Ética a Nicómaco), entender el ser como comparecencia (llegar a ser presente) debe llevar a entender el ser a partir del tiempo. Heidegger ya establece aquí el pensamiento que guía el proyecto de Sein und Zeit: la comprensión humana del ente es posible a partir del tiempo. Bien entendido que esto es distinto de decir que el ser es tiempo: ser es comparecer (p 325). Lo que se establece es que la pregunta por el ser es pregunta por la comparecencia, por la verdad. Si bien la pregunta que se impone y a la que dedicará Sein und Zeit es: ¿en qué sentido la estructura de la existencia está caracterizada por el tiempo?
En esta exigencia que descubre de la necesidad de pensar el tiempo, Heidegger analiza la filosofía kantiana donde cree encontrar una anticipación de su pensamiento, un lugar donde se ha atendido a la determinación temporaria de los fenómenos.
Dichas estas breves palabras sobre la obra, quisiera hacer algunos comentarios a la traducción:
En primer lugar celebrar la magnífica traducción que ha sabido hacer de la lectura del libro una lectura amena y sin esa especial oscuridad que pude llegar a ser un obstáculo para el lector que no esté familiarizado con el pensador alemán.
Un detalle muy llamativo de la traducción es la falta de palabras alemanas en el texto. Aunque puede parecer obvio que en una traducción no se hallen palabras alemanas, la dificultad de traducir ciertos términos heideggerianos por su juego etimológico habían hecho algo habitual el que las traducciones de Heidegger incluyeran aclaraciones sobre porqué y cómo se habían traducido y de qué manera algunos términos. Mas aunque los que estamos habituados a leer a Heidegger nos hemos acostumbrados a encontrarnos con este tipo de aclaraciones en las traducciones (y podemos llegar a echarlas de menos), lo cierto es que esta ausencia nos enseña el tipo de traducción de que se trata: como decía entes, una traducción fluida que ha sabido traducir de una manera asequible y nada oscura al pensamiento heideggeriano, y por lo que considero que es una espléndida traducción.
Diré eso sí, que me hubiera gustado un prólogo en el que se hablara sobre este curso y en el que se comentara la obra, por ejemplo relacionándola con el Parmenides o con Sein und Zeit, por poner algunos ejemplos. O en el que sencillamente se comentara el momento histórico en el que fue escrito. Si bien esto no habla contra la traducción, obviamente, sino contra la edición. Y, a decir verdad, esta ausencia de prólogo es, tristemente, una práctica muy habitual.
Volviendo a la traducción y dejando de lado estas opiniones frente a la edición, lo oportuno es acabar dando las gracias a D. J. Alberto por esta traducción de una obra que, insisto, es mucho más interesante de lo que se suele reconocer.
Me permitiré, además, incluir una felicitación personal a D. J. Alberto porque sé que ha sacado tiempo donde no lo tenía para poder sacar a la luz esta brillante traducción que espero que no sea la última que nos brinde sobre el filósofo alemán.

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