NUSSBAUM, Martha C.; The therapy of Desire. Theory and Practice in Helenistic Ethics, Princenton University Press, 1994, XIV & 558 pp. La terapia del deseo. Teoría y práctica de la ética helenística, Paidós, Barcelona, 2003, 670 p

por Carlos Ortiz de Landázuri

Se justifica el carácter terapéutico y medicinal de las éticas helenísticas frente al intelectualismo las éticas hedonistas clásicas de Aristóteles y sobre todo Platón, más propensas a abordar problemas teóricos de fundamentación y de legitimación desde una actitud contemplativa. Las éticas helenísticas abordan los problemas prácticos que plantea el logro de la felicidad en una situación y en una cultura concreta, tratando de contrarrestar los efectos negativos de este tipo de condicionamientos. Por ello las éticas helenísticas se ocuparon preferentemente del argumento médico o terapéutico, con la finalidad primordial de lograr la mayor felicidad posible y resolver un gran número de necesidades concretas de la gente, mediante la aplicación de técnicas adecuadas, como fueron el desarrollo de la memoria, la ‘confesión’, el autoexamen, la participación en la vida pública, el juicio del experto o del hombre maduro, sin dejarse llevar en ningún caso por los falsos convencionalismo sociales. Se muestran las virtualidades operativas de la terapia del deseo de este tipo de éticas para superar una actitud excesivamente pesimista ante la dinámica social, como ha sido tan frecuente en tres casos muy emblemáticos: la dialéctica marxista de la historia, la visión represora del continuo educativo en Foucault, o el conformismo social excesivamente conservador de las éticas comunitaristas del lenguaje ordinario, posteriores a la filosofía terapéutica del primer y del segundo Wittgenstein. En su lugar las éticas helenísticas fomentaron el seguimiento de unas técnicas individualistas de autocondicionamiento social con efectos retroductivos, como de hecho ocurre con los juicios maduros del hombre experto. Mediante estos procedimientos es posible contrarrestar los posibles efectos perversos producidos por la dinámica social de las pasiones mediante el recurso a otro tipo de motivación más racional, sin quedarse simplemente en la parálisis absurda a la que puede conducir una crítica de las ideologías cada vez más radicalizada.
A este respecto Nussbaum contrapone dos modos de entender el argumento terapéutico o médico: por un lado, el procedimiento platónico que otorga una prioridad a una racionalidad ideal, que paradójicamente refuerza un conjunto de instituciones sociales ya establecidas, imponiéndolas como naturales, justas y necesarias, cuando su pretendida actitud terapéutica les debería ser más autocríticas respecto a los resultados negativos conseguidos de un modo efectivo, reconociendo el gran número de efectos contraproducentes a los que dan lugar; y, por otro lado, la actitud médica de las éticas helenísticas, que reconocieron el papel que los condicionantes sociales ejercen en la dinámica de las pasiones con efectos secundarios en ocasiones muy contraproducentes, teniendo que recurrir a una terapia capaz de recuperar su auténtico sentido de los deseos y motivaciones naturales, descubriendo la auténtica racionalidad que subyace a sus diversas manifestaciones, aunque ello nos obligue a tener que recurrir a técnicas especiales capaces para lograr este fin. A este respecto ahora se analizan los procedimientos sugeridos para lograr una terapia de pasiones y deseos tan básicos, como el amor, la cólera, el temor ante la muerte, el honor, la fama, la avaricia, la simpatía, la comprensión, la clemencia, la benevolencia, el altruismo, ect. Además, ahora esta confrontación con las éticas contemporáneas antes citadas, se lleva a cabo a través de un personaje muy particular, Nikidion, una de las seguidoras de Lucrecio, que pone de manifiesto un modo expeditivo de superar los prejuicios y condicionantes sociales por parte de este tipo de éticas terapéuticas, sin confiar ya en los argumentos meramente deductivos o lógicos. En general se valora positivamente el distanciamiento de estas éticas ante los presupuestos metafísico de la filosofía griega, romana o posteriormente el propio cristianismo. Por ejemplo, se juzga como más cercana a nosotros su postura claramente favorable al ateísmo, al materialismo, a un reformismo de tipo utilitarista, al cosmopolitismo o incluso a un claro decisionismo, aunque sin poder evitar la aparición de paradojas e incoherencias de difícil solución. Según Nussbaum, la presencia de estos malentendidos se debe a la persistente dependencia de determinados planteamientos metafísicos profundamente arraigados, que se podrían haber evitado si realmente se hubiera confiado más en las virtualidades del argumento terapéutico. En este sentido todas estas éticas profundizan y amplían propuestas que ya había hecho Aristóteles, aunque en su caso siguió teniendo un concepto excesivamente intelectualista de la ética, sin dar el paso a una argumentación verdaderamente terapéutica, como la que ahora van a proponer los escépticos, los hedonistas y los estoicos, con las lógicas variantes que hay entre ellos. En cualquier caso el argumento terapéutico de las éticas helenísticas pretendió evitar los efectos contraproducentes derivados del seguimiento práctico de las diversas teorías éticas, sin volver a confiar la terapia de los deseos a procedimientos meramente políticos o en una educación a largo plazo, como anteriormente había ocurrido en Platón, cuando ya se disponía de procedimientos y técnicas más decisivos, que de algún modo ahora se conciben como una anticipación de las posteriores técnicas psicoanalíticas o de autocontrol personal.
Estas tesis se justifican a través de trece capítulos. El primero se analizan las peculiaridades de los argumentos terapéuticos en general. Los dos siguientes se comprueba la justificación y el uso de este tipo de razonamiento en Aristóteles, ya se aplique a la medicina o a la ética. El cuarto analiza la actitud contraria al vano deseo por parte de la cirugía epicúrea. En los tres capítulos siguientes se analiza la postura de Lucrecio ante el amor, la muerte, la cólera y la agresión. En el octavo la terapia purgativa de autorrenuncia y epochè o ausencia de juicio seguida por los escépticos ante este mismo tipo de problemas. En los cuatro siguientes se analizan los tónicos y los procesos expeditivos de extirpación de las pasiones de la ética estoica, así como la postura de Séneca ante la cólera, la envidia, la benevolencia, la clemencia, el altruismo, se consideren o no como otras serpientes del alma. En el trece se analizan los principales logros metodológicos de la ética helenística, a pesar de otros desenfoques y malentendidos ya citados.
Para concluir una reflexión crítica: Con razón se ha caracterizado nuestra época como la entrada en un nuevo helenismo, con una conciencia cosmopolita cada vez más clara de participar de unos mismos valores, compartiendo una forma cada vez más globalizada de entender la economía, la política, o incluso la guerra, como también ocurrió entonces. Sin duda la obra de Nussbaum ha contribuido poderosamente a hacernos más familiar y cercano este periodo histórico, con todas sus luces y sombras, como también le ocurre a nuestra época. Sin embargo deja sin responder una pregunta a la que insistentemente ella se remite: ¿Puede el razonamiento terapéutico dar una respuesta a los posibles efectos iatrogénicos o contraproducentes que a su vez pueda producir la intervención del propio médico o del hombre experto, si efectivamente carece de una base teórica capaz de justificar la orientación vital o teleológica dada a la resolución de un problema? Nussbaum hace bien en reconocer que no fue tanto la ciencia médica de Hipócrates y Galeno, sino la filosofía de Aristóteles, de los epicúreos, escépticos y estoicos la que desarrolló las implicaciones del razonamiento terapéutico en las complejas relaciones que a partir de entonces se establecieron entre la medicina y la ética. Pero ¿se puede preconizar una completa autosuficiencia del razonamiento terapéutico a la hora de llevar a cabo este cometido sin depender de la formación de un carácter moral o profesional previo, como en el caso de la medicina antigua ya ocurrió con la cirugía, o en el caso de la filosofía con la aparición de los diversos estilos o escuelas filosóficas, al modo como ya entonces hicieron notar Horacio o Cicerón, o aún antes Aristóteles o el propio Platón? Sin embargo Nussbaum reduce el argumento terapéutico a la aportación de un conjunto de procedimientos discursivos dispersos, sin hacer notar su profunda imbricación en un mundo de la vida previo a través de la formación de un carácter moral de rasgos muy precisos, capaz de justificar sus aciertos y sus posibles limitaciones, sin advertir que se trata de una condición de sentido de la función terapéutica que efectivamente ahora se le asigna.

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