PAIMANN, Rebecca; Formalen Strukturen der Subjektivität. Egologische Grundlagen des Systems der Transzendentalphilosophie bei Kant und Husserl, Meiner, Hamburg, 2002, 447 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Rebecca Paimann, en 2002, en Estructuras formales de la subjetividad, ha analizado la compleja articulación transcendental que Kant y Husserl establecieron entre los diversos niveles de la subjetividad. Además, ha reconstruido la génesis inicial de esta articulación transcendental en la Crítica de la Razón Pura de Kant y en las Investigaciones lógicas de Husserl, con independencia de sus posteriores aplicaciones éticas, sociales o meramente antropológicas. Se trata así de justificar las complejas relaciones que los diversos métodos filosóficos pueden establecer entre sujeto y mundo, entre sujeto y sujeto, y entre sujeto y objeto, a pesar de ser un problema en sí mismo irresoluble para el postmodernismo filosófico. Se sitúa así en el centro de la polémica las paradojas a las que dio lugar la articulación meramente formal entre el nivel empírico, psicológico y estrictamente lógico de la subjetividad humana, al modo como se plantearon en la concepción del yo de Kant y la estructura del ego de Husserl, analizando sus respectivas condiciones de posibilidad y de sentido, sin pasar a considerar otros contenidos materiales inherentes a su posterior aplicación práctica. Precisamente la ventaja del método fenomenológico de Husserl en el uso del método transcendental residió en proponer un análisis más estricto que los diversos niveles de la subjetividad, sin dejar de atribuir a Kant el descubrimiento del método.

Evidentemente Husserl conocía las numerosas objeciones que anteriormente ya se habían formulado al uso que Kant hizo de este método. Por eso Husserl siempre procuró evitar la aparición de un nuevo dogmatismo metafísico, o de un apriorismo aún más arbitrario, como habitualmente se le critica a Kant, proponiendo el método fenomenológico como una alternativa al método trascendental. Sin embargo el mismo tuvo que reconocer la presencia del método transcendental kantiano en el desarrollo de su propia fenomenología, aunque sólo fuera por haber abordado un tipo de problemas similares. En efecto, en ambos casos la paradójica contraposición que ahora se establece entre el yo trascendental y el empírico se acabó convirtiendo en el problema central a resolver, sin las numerosas objeciones formuladas por los filósofos analíticos a este respecto hayan disminuido el interés del tema. Más bien ahora se comprueba como la crisis de la noción de subjetividad transcendental con posterioridad a Heidegger y Wittgenstein, ha sido un revulsivo a fin de evitar un déficit de reflexión de este tipo.

A este respecto el propio Husserl rechazó por completo la posibilidad de una subjetividad trascendental, por considerar que sólo era una mera ficción psicológica en sí misma impensable, y sólo aceptó inicialmente la referencia a una subjetividad empírica. Sin embargo ya Kant hizo notar la oculta presencia de una subjetividad de tipo transcendental tras la referencia a cualquier manifestación de una subjetividad empírica, como quedó de manifiesto en la formulación de los paralogismos del alma humana, al igual que después también terminó ocurriendo en la fenomenología de Husserl. Por su parte Strawson y la mayoría de los representantes de la filosofía analítica han rechazado la posibilidad de una subjetividad empírica con los rasgos reflexivos, funcionales y formales que le atribuye Kant, volviéndola a considerar como una ficción psicológica, tanto en el plano transcendental como en el empírico. Sin embargo Strawson sigue atribuyendo a la conciencia subjetiva humana un carácter ‘a priori’ meramente psicológico, sin tampoco poder ya justificar la intersubjetividad de la comunicación humana en virtud de un fundamento semiótico proporcionado, como también ocurrió en Wittgenstein.

Finalmente, la filosofía hermenéutica ha criticado los círculos viciosos a los que da lugar una autoconciencia compartida de este tipo, cuando se trata de articular la posibilidad de un sujeto transcendental con el correspondiente referente meramente empírico. En estos casos se presupone de un modo dogmático la validez de esta misma posibilidad, sin poder evitar ya un proceso al infinito en sí mismo paradójico. Sin embargo ahora también se acepta la posibilidad de otorgar un sentido virtuoso a este círculo hermenéutico en sí mismo vicioso existente entre la conciencia transcendental y la empírica. En efecto, en la misma medida que es posible anticipar una autoconciencia reflexiva que se asigna a sí misma la función de reducir paulatinamente la ilimitada distancia que ahora se establece entre sujeto y mundo, entre sujeto y sujeto, o entre sujeto y objeto, aunque esta distancia nunca se pueda anular completamente. En su opinión, el actual retorno a un planteamiento trascendental de este tipo no es más que un reconocimiento de la vigencia de los problemas entonces abordados. En cualquier caso para justificar estas conclusiones se dan dos pasos:

a) Se analiza la génesis de las paradojas inherentes a la aceptación de una apercepción y de un sujeto transcendental en la Crítica de la Razón Pura, llegando a una conclusión muy precisa: tan importante como atribuir al sujeto transcendental una forma adecuada, es admitir la posible construcción de una autoconciencia de este tipo por parte de cada uno de los sujetos empíricos, a fin de invertir el carácter vicioso atribuido habitualmente a la aparición de este tipo de círculos interpretativos, y atribuirles un carácter en sí mismo virtuoso;

b) Se analiza la aparición de esta misma paradoja en Husserl con resultados bastantes similares, aunque a la vez que se trata de evitar los numerosos malentendidos a los que puede dar lugar una comparación de este tipo. En su opinión, Kant propuso una articulación reflexiva meramente formal entre el yo natural, psicológico y el propiamente transcendental, similar a la que Husserl estableció entre el yo del mundo-vital, el fenomenológico y el estrictamente lógico. De este modo se resaltan en ambos casos los procesos de simple aprehensión, de reproducción imaginativa y de estricto reconocimiento característicos de cada nivel. Sin embargo Husserl  dio un paso más, e introdujo una separación formal entre un triple Ego trascendental: el yo-nosotros del mundo de la vida, el yo compartido de un modo meramente psicológico, y el yo originario u absoluto, que a su vez se afirma como una condición de sentido de los otros dos.

Para concluir una reflexión crítica. Para Paimann la comparación entre Kant y Husserl permite comprobar el sentido edificante que ambos terminaron otorgando a la aparición de una paradoja de la subjetividad transcendental. A su vez Husserl muestra la posibilidad de retornar a Kant para seguir avanzando en este tipo de planteamientos, a fin de prolongar la transformación de la filosofía iniciada por Kant, sin que esté dicha la última palabra al respecto. Sin embargo cabe plantearse a este respecto una pregunta: Si el propio Husserl tuvo que terminar reconociendo la superioridad de las propuestas kantianas a la hora de concebir el sujeto transcendental como una estructura formal capaz de autorregular de un modo compartido su propia reconstrucción, ¿no sería necesario tener en cuenta la arquitectónica trascendental y la subsiguiente actividad de juzgar con que Kant trató de dilucidar esta peculiar de estructura formal, que ahora se asigna al sujeto trascendental?

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