PIPPIN, Robert; Persistence of Subjectivity. On the Kantian Aftermath, Cambridge University, Cambridge, 2005, 369 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

La persistencia de la subjetividad. Sobre las secuelas kantianas, comprueba el resultado paradójico de las numerosas críticas formuladas en la postmodernidad respecto del modo kantiano y hegeliano de concebir la independencia y la libertad humana, a saber: la confirmación de los resultados ambivalentes de las numerosas autocríticas formuladas por la propia modernidad a este respecto, perpetuando aún más el malestar y los malentendidos patológicos a los que dio lugar en la cultura europea, aunque sin lograr en ningún caso una efectiva superación que permita eliminarlas de forma definitiva. Según Robert Pippin, la pervivencia del kantismo en unas condiciones tan paradójicas se ha terminado convirtiendo en el reto decisivo del momento histórico presente, punto de partida de toda reflexión filosófica, después de Hegel. En su opinión, ha acabado ocurriendo en la filosofía lo mismo que sucedió en el arte, la ciencia y la sociedad en general, a saber: la crítica del individualismo, del subjetivismo o del solipsismo de la llamada filosofía ‘burguesa’, como ocurrió en Marx, Peirce o el propio Husserl, solo ha servido para retrotraer la fundamentación última de los distintos ámbitos de la cultura a un núcleo duro kantiano aún más persistente, sin tampoco conseguir eliminar la referencia residual a un modo aún más resistente de concebir la subjetividad. En cualquier caso la referencia a una subjetividad individual se sustituyó por otra de tipo transcendental y esta a su vez por otra de tipo comunitarista o social, aunque manteniendo en todos los casos el recurso al mismo tipo de fundamentación última. Se señalan a este respecto diversas secuelas dejadas por el kantismo, como son los consabidos análisis de las condiciones de posibilidad y de sentido, o la fijación de los presupuestos necesarios previos o de los ideales regulativos de la propia actividad del pensar. Se puede hablar así de la persistencia de la noción de subjetividad, como si se tratase de una secuela característica de estas distintas formas de kantismo residual que se acabaron haciendo presente tanto en la modernidad como más recientemente en la así llamada post-modernidad, a pesar del creciente rechazo que hoy día produce este tipo de propuestas. Evidentemente los numerosos cambios y transformaciones ocurridos en el modo de justificar las diversas manifestaciones de la propia cultura impide retrotraernos a los anteriores modos de concebir la subjetividad, pero esto es algo que ya ocurrió en Kant, Hegel y en todo el kantismo posterior, ya fuera de una forma declarada o encubierta. En cualquier caso la evolución histórica de la filosofía contemporánea parece repetir a gran escala la misma trayectoria intelectual que Kant recorrió, de modo que al enfoque predominantemente teórico sucedió otro de tipo práctico y a este el estrictamente metodológico o heurístico propio del ‘Opus postumun’, aunque en cada caso la persistencia de este tipo de subjetividad moderna tuviera una motivación distinta. En cualquier caso la tarea de la filosofía en el momento presente es reflexionar sobre la situación tan paradójica y tan hostil en la que se encuentra, sin que tampoco podamos hacernos falsas ilusiones sobre la posibilidad de darles una fácil respuesta.

Para justificar estas conclusiones se dan cuatro pasos: 1) Las secuelas kantianas. Reacción y revolución en la filosofía alemana moderna, describe la satisfacción o malestar cultural producido por el proyecto crítico moderno, que Hegel radicalizó aún más al proyectarlo sobre la historia en conjunto, dando lugar a un tipo de secuelas muy ambivalentes; 2) Los teóricos analiza las objeciones formuladas por parte del pensamiento contemporáneo posterior a este tipo de secuelas aparentemente inevitables, aunque hubieran sido de aparición muy tardía, a saber: la crítica al análisis kantiano de las condiciones de posibilidad (Heidegger), al subjetivismo del método de la reflexión transcendental (Gadamer), a la falsedad de la vida burguesa (Adorno), a la incapacidad de la filosofía crítica para asumir lo ordinario (Strauss), a su indudable responsabilidad en la génesis del mal totalitario (Hanna Arent), al aura heroica dada a la subjetividad romántica (Manfred Frank y el neoestructuralismo), o a las dos varas de medir para referirse al mundo físico y al propio sujeto, con la consiguiente atribución a este último de una segunda naturaleza complementaria al primero (Mac Dowell); 3) Costumbres modernas justifica dos logros incuestionables de la sociedad burguesa, pero que resultan paradójicos dado el contexto cultural en que se produjeron, a saber: el estatuto ético otorgado simultáneamente al civismo y a la autoridad social respectiva, como al menos ocurrió en el ejercicio de los derechos civiles y de la práctica médica, dando lugar a un ulterior proceso de secularización en la justificación de sus respectivos procesos de legitimación; 4) Expresión reconstruye el descubrimiento por parte de la sociedad burguesa de una nueva forma de necesidad débil o de terciopelo, que de distintos modos irrumpió en la literatura, la ética, el derecho y el arte de la época, siendo el lugar emblemático donde se apreció la crisis de la subjetividad moderna y del propio kantismo, como ahora se comprueba en el caso emblemático de Proust, a pesar de su persistente resistencia a desaparecer.

Para concluir una reflexión crítica. Robert Pippin trata de justificar la capacidad de supervivencia de la noción de subjetividad, o del propio kantismo, en situaciones verdaderamente adversas. Con este fin recurre a diversos conceptos biológicos que le permiten atribuir a este tipo de nociones y corrientes filosóficas una degradación residual con numerosas secuelas, así como una probada persistencia o vida futura, a pesar del medio tan hostil donde se desenvuelven. Lo paradójico es que este tipo de justificaciones ya las utilizó el último Kant en su tercera Crística del Juicio, cuando propuso una reconstrucción teleológica de la continuidad bipolar de renacimiento y posterior decadencia a las que da lugar este tipo de entidades culturales a lo largo de la historia, al modo como posteriormente ha sido habitual en numerosas filosofías de la cultura de tipo vitalista. En cualquier caso la situación actual de crisis generalizada del momento histórico presente se atribuye a la persistencia de la noción kantiana de subjetividad, que parecía superada, pero que de hecho sigue vigente. Se hace así a Kant responsable principal del malestar cultural existente, aunque también cabe preguntar: ¿No fueron las sucesivas transformaciones de la filosofía crítica kantiana a lo largo de su trayectoria intelectual las que permitieron encontrar una posible respuesta a este tipo de situaciones tan paradójicas que ella misma había provocado?

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