SCHOPENHAUER, A.; El dolor del mundo y el consuelo de la Religión, Edición de Diego Sánchez Meca (Estudio preliminar, traducción y notas), Alderabán, Madrid, 1998, 302 pp.

por Luís E. de Santiago Guervós

Poco a poco van apareciendo ediciones parciales de los Parerga y paralipomena :Kleine philosophische Schriften de A. Schopenhauer, escritos en dos volúmenes y publicados en 1851. Aunque recientemente se editaron en Málaga (Agora, 1997) tres volúmenes de los seis que se anuncian como edición completa, las traducciones sectoriales siempre son de gran interés. Este es el caso de la excelente edición que nos presenta Digo Sánchez Meca sobre los textos de los Parerga sobre el dolor del mundo y la religión. La traducción se  hace sobre la edición de Wolfgang Freiherr von Löhneysen, Sämtliche Werke, Frakfurt a.M., Suhrkamp, 1986, volumen V, pp. 316-466. Los textos corresponden a las secciones 134-182 de la obra original.  En el texto traducido se incluyen también los añadidos y correcciones que hizo Schopenhauer después de 1851, y que no se publicaron en vida. Las secciones 134-173 (pp. 81-172) constituyen un desarrollo sobre la teoría de la voluntad, como origen del dolor del mundo, ampliamente expuesta en El mundo como voluntad y representación. En ellas trata Schopenhauer sobre la indestructibilidad de nuestro ser por parte de la muerte, sobre la nulidad de la existencia y sobre el dolor en el mundo bajo la mirada siempre pesimista de la infelicidad generalizada. “El mundo –dice Schopenhauer- es el infierno y los hombres son, por un lado, las almas atormentadas y, por otra, los diablos” (sec. 156). A continuación describe las posibles vías de solución ante el dolor en el mundo, deteniéndose de modo particular en el suicidio como una salida, cuando “los horrores de la vida sobrepasan a los horrores de la muerte”. También describe, como lo hiciera en su obra principal, su teoría sobre la afirmación y negación de la voluntad de vivir.

Las secciones restantes (174-182) son más novedosas en cuanto que Schopenhauer aborda el tema de la religión, entendida como “metafísica del pueblo”, para ilustrar su metafísica de la voluntad. Para él, la religión lo mismo que la filosofía son respuestas a la “necesidad metafísica” del hombre. Las religiones  sólo se distinguen en cuanto a la forma, en cuanto al tipo de discurso y a quienes se dirige, es decir, por el modo de satisfacer la misma necesidad. El modo de hacerlo es mediante mitos, con lo cual la religión queda reducida a su elemento mítico, dejándola desvalorizada en su plano intelectual. Ahora bien, el problema que se les plantea a las religiones es que deben presentar sus verdades míticas como auténticas verdades, con lo cual la filosofía tendría que practicar entonces algo así como una critica de la ideología. La religión introduce también ideales éticos que elevan la conciencia moral de la humanidad; pero a su vez  introducen elementos de desmoralización, como por ejemplo,  los ritos y ceremonias; el fanatismo y la intolerancia.

La traducción de estos textos va precedida por un estudio preliminar del autor de la presente edición, Diego Sánchez Meca, bajo el título: “Schopenhauer y su idea de la religión como metafísica para el pueblo”. Un excelente estudio en el que de una manera sucinta y clara se expone la metafísica de Schopenhauer bajo la perspectiva de la “necesidad” metafísica del hombre. Esa necesidad metafísica, como algo esencial al hombre, tendría tres elementos: una necesidad teórica, una necesidad moral y una necesidad de liberación del dolor y del mal.  Por lo tanto, “junto al elemento teórico, en la ‘necesidad metafísica’ del hombre coexisten también, y de modo no menos esencial, una dimensión práctica y una dimensión emotiva”(p. 10). De una forma sintética se van exponiendo estos aspectos: el ascetismo, como realización moral de la metafísica; el arte y la filosofía como modos de liberación. Por último se centra en el carácter mítico de la religión como una necesidad constitutiva de la misma. El que Schopenhauer recurra a las religiones, a las religiones consideradas por él “pesimistas” (budismo y cristianismo), para ilustrar su metafísica de la voluntad, es un claro ejemplo de cómo su filosofía viene a ser también “como la plataforma adecuada para comprender y clasificar el material empírico de las religiones históricas”(p. 56).

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