SUANCES MARCOS, Manuel; Sören Kierkegaard. Tomo III. Estructura de su pensamiento religioso, UNED, Madrid, 2003, 516 pp.

por Luís Enrique de Santiago Guervós

Con este tercer y último tomo sobre Kierkegaard, Manuel Suances culmina un interesante tratado sobre el filósofo danés en el que recoge todos los aspectos de su pensamiento. El primer tomo trata de la biografía intelectual de Kierkegaard. El segundo tomo esta dedicado al desarrollo de su pensamiento filosófico. En este tomo, como indica su título, se trata de estructurar uno de los aspectos fundamentales o categoría básica de su filosofía. No es corriente dentro de nuestro entorno un estudio tan exhaustivo sobre el pensamiento de un autor. La obra se divide en tres partes. Una primera parte (21-174) trata de la relación hombre-Dios, como relación del encuentro del hombre ante la presencia divina. En ese encuentro dios se va manifestando al hombre y este va enriqueciendo su ser con su respuesta libre. A través de la adoración, el hombre se relaciona con el Dios absoluto; mediante la plegaria lo hace frente al Dios personal y, mediante la confianza, frente al Dios providente. La segunda parte (175-324) da un paso más en esta relación, en la medida en que el ser divino llama al hombre a participar en su vida. El autor se ha centrado en aquellos elementos que constituyen un vínculo necesario con la divinidad: la gracia, la fe, la esperanza y, sobre todo, el amor de Dios. La tercera parte (325-506) reflexiona sobre la gran dificultad en el hombre de poner lo eterno en lo temporal, o de la proyección en su vida diaria de los dones recibido de Dios. En esa relación la figura de Cristo es modélica, y el amor al prójimo el elemento esencial. Dentro del devenir de la vida cristiana el sufrimiento juega también un papel fundamental en cuanto elemento inherente a la existencia humana. Termina esta parte con una crítica del ideal monástico y del misticismo.

En el desarrollo de la obra el autor ha preferido dejar que Kierkegaard hable a través de sus textos. No obstante el esfuerzo del autor por encontrar una estructura orgánica y coherente en ellos es elogiable, pues de esa manera facilita al lector una comprensión mejor. Al final lo verdaderamente importante es que no estamos ante una filosofía de la religión o una reflexión sobre el cristianismo, crítica o no, sino ante un conjunto de vivencias que se expresan en pensamientos concretos y constituyen lo que significa la vida del creyente en todas sus facetas.

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