VICENTE ARREGUI, J., La pluralidad de la razón, Síntesis, Madrid, 2004, 287 pp.

por Alejandro Rojas

En este libro Jorge Vicente nos llama a la sustitución de una razón “absoluta” tan presente en la vida pública actual por una pluralidad de razones prácticas que posibilite un lugar de encuentro para el diálogo en común sin la exigencia de que se abandonen las convicciones morales en los razonamientos políticos. Desde la defensa de que toda concepción depende de una experiencia de vida irreductible a elementos puramente racionales, se abre paso al reconocimiento de la contingencia, de los límites de la razón teórica, a la toma de conciencia de que toda racionalidad, por ser práctica, es sólo una entre otras (pluralidad de razones prácticas), y, de este modo, a la apertura a concepciones diferentes.
El suelo que le servirá de base para fundamentar su postura es expuesto en los dos primeros capítulos. Allí recurre a Dilthey y Wittgenstein para, resaltando, de un lado, el papel de la vida como estructura hermenéutica que constituye la base de las ciencias del espíritu frente a la imagen del sujeto intelectual desvinculado, y de otro, resaltando que el lenguaje con el que nos referimos al mundo adquiere su significado dentro del entrelazamiento que se da entre la actividad lingüística y la forma de vida de la que forma parte, sostener que no nos limitamos a describir el mundo desde fuera, sino que estamos insertados lingüísticamente en él. Algo que no debe ser interpretado como una defensa relativista; el relativismo es solidario con planteamientos representacionistas, y el lenguaje no se funda en representaciones. Lo que se sostiene es que, sencillamente, no podemos describir una realidad al margen del lenguaje, y que éste forma parte de una determinada forma de vida. Siendo así que, encontrándonos con una pluralidad de formas de vida, nos encontramos al mismo tiempo con una pluralidad de descripciones del mundo no reducibles a una unidad.
Desde dicho suelo Jorge Vicente puede mostrar la ausencia de un modelo único de lo propiamente humano y su consecuencia necesaria de pluralidad de concepciones morales. E invitarnos a sustituir el discurso tradicional de la filosofía occidental por la idea de una polifonía del logos, de una pluralidad de logoi. Esto es: la idea de una pluralidad de descripciones distintas de la realidad en oposición a la univocidad de una realidad extramental. No porque sólo existan las descripciones, sino porque sólo hay realidad descrita (está claro que el problema de la realidad extramental es el de la univocidad, y no el haber algo a lo que se refieran las descripciones: claro que cuando se describe el trueno como furia de Zeus o como descarga electromagnética se describe lo mismo, el caso es que no hay (haber es haber algo para nuestra comprensión) realidad al margen de nuestras descripciones que, como decíamos, forman parte de determinadas formas de vida).
Dicha idea de pluralidad de logoi, de una pluralidad de razones prácticas incompatibles entre sí, significa el reconocimiento de ser sólo un punto de vista razonable y, de este modo, la posibilidad de lograr en la vida pública el diálogo y el respeto buscados gracias al abandono de la pérdida de universalidad e incontaminación irracional.
Claro que esta postura no debe ser entendida como una suerte de relativismo en el que “todo vale”. Hay descripciones del mundo y concepciones morales mejores y peores: las prácticas y nuestros criterios deben ser continuamente revisados y reajustados. Caben valoraciones, como en todas las prácticas humanas. No se afirma el relativismo: lo que se hace con la defensa de una pluralidad de razones prácticas es negar el objetivismo. Se trata de advertir que nuestra razón es situada, determinada por una tradición cultural, dependiente de una determinada forma de vida, y que, por ello, ha de mantenerse abierta a escuchar otras posiciones.
Jorge V. con este libro consigue, aprovechando su gran bagaje filosófico, fundamentar en la pluralidad de razones prácticas, yendo más lejos que Rawls, una alternativa a la crisis política actual de partidos y ciudadanos incapaces de un diálogo eficaz (y cuya eficacia es tan necesaria en nuestra política para asuntos como el problema vasco) por haber concebido la razón política como razón pública: frente a la razón pública, y todavía razón teórica, la alternativa que nos ofrece Jorge V., basándose en la filosofía de Wittgenstein, consiste en defender, recurriendo a la idea de pluralidad de logoi antes expuesta, el no tener que excluir concepciones morales (como la propia razón pública de Rawls es ella misma un valor moral) para la posibilidad de un debate político abierto a posiciones contrarias e inconmensurables; un diálogo, que en nuestra política actual es imposible, y que todos estamos esperando.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Sin categoría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s