BAECKER, D.; Form und Formen der Kommunikation, Suhrkamp, Frankfurt, 2005, 284 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Dirk Baecker, editor de numerosas obras de Niklas Luhmann, describe en Forma y formas de la comunicación, el papel del análisis matemático a la hora de formalizar los procesos de información, control, interacción y percepción cognitiva de la mente humana. Se trata de comprobar como las situaciones de incertidumbre posibilitan y a su vez condicionan la configuración de las artes y las ciencias a través de estos procesos, con una conclusión muy precisa: los análisis matemáticos funcionalistas de la comunicación humana pueden evitar los efectos negativos producidos por una ulterior aplicación incorrecta de estos mismos procesos, si desde un principio se tienen en cuenta las situaciones de incertidumbre que los posibilitan y a su vez los condicionan, cosa imposible en los procesos causales. Sólo así fue posible tener en cuenta leyes de la forma que permiten la interacción entre un emisor y un receptor, como hizo notar Brown en 1969, o la jerarquización alternativa de diversas  formas de pensamiento, como propuso Herbst en 1976, o el análisis de la empresa y de los objetivos propuestos, como hizo Shannons en 1993. Después Varela y Luhmann han generalizado este tipo de modelos ya sea para las neurociencias o la teoría social.

En efecto, Brown y Shannons justificaron una forma comunicativa básica entre dos, tres o más elementos, que establecerían entre sí una doble relación de redundancia interactiva y de recursividad recíproca, con independencia del contexto, de las situaciones de incertidumbre y del resto de circunstancias donde puedan tener lugar (p. 23-24). A este respecto Nobert Wiener, John Newman y Morgersen aplicaron el teorema básico de la redundancia a la teoría de sistemas, a la cibernética, a la teoría de juegos y a los autómatas. Según este teorema un sistema (S) no es idéntico consigo mismo cuando se toma como una función (S) respecto a un determinado mundo entorno diferente (U), de modo que si se modifican las situaciones de incertidumbre a las que se somete todo el sistema puede cambiar. Posteriormente Foerster definió la comunicación como una función recursiva de una interpretación de un organismo respecto de la de otro, presuponiendo su recíproca conmensuración respecto de una determinada observación, presuponiendo a su vez el sometimiento de ambos sistemas a unas situaciones de incertidumbre similares, aunque se tratase de un presupuesto de imposible justificación. Se pudo así formalizar la comunicación social como un proceso redundante y a la vez recursivo de transmisión de una información y de ulterior conmensuración selectiva ilimitadamente mejorable, siempre y cuando ambos sistemas se hallaran sometidos a similares situaciones de incertidumbre, como ahora se comprueba a través de Max Weber, Schütz, Parson, Luhmann, Sacks o Habermas. A este respecto ahora se sugiere utilizar las nociones de repetición y oscilación de Brown y Shamoon para formalizar las peculiares relaciones estéticas que estos distintos autores establecieron entre explicación y comprensión, entre comunicación y percepción, entre cerebro y conciencia, entre cuerpo y soma, presuponiendo siempre el sometimiento de sus respectivas relaciones de redundancia y recursividad interactiva a unas similares situaciones de incertidumbre.

Evidentemente este análisis formal matemático de la redundancia y la recursividad localiza con gran precisión las limitaciones y virtualidades de los procesos de comunicación recíproca. Por un lado la recursividad se considera un requisito previo exigido a cualquier proceso de tipo informático, cibernético, de teoría de sistemas, semiótico, neurofisiológico o del cálculo computacional, que pretenda garantizar una comunicación recíproca entre emisor y receptor. Pero por otro lado la redundancia exige la aportación de algún tipo de aplicación práctica, a saber: de tipo ecológico, si se trata de una comunicación entre cosas; cultural, si se trata de formalizar una relación social; de futuro, si se refiere a una simple relación temporal. Pero en cualquier caso se exige algún tipo de comprobación empírica, sin confundirlos con los mecanismos sustitutivos de validez tautológica. Sólo así estos modelos matemáticos de comunicación recíproca pudieron garantizar unas aplicaciones cada vez más versátiles, aunque sometidos a unas situaciones similares de incertidumbre. Se localiza así una categoría básica de las ciencias humanas y sociales, incluida la estética, como ahora sucede con este tipo de relaciones recursivas redundantes, que hacen a su vez posible un análisis más pormenorizado de cuatro problemas básicos, a saber: a) el modelo teórico usado por los diversos tipos de juegos dentro del espacio comunicativo de la interacción humana; b) el orden social de expectativas interrelacionadas, que a su vez hace posible la descripción autorreguladora de las diversas formas de relación social; c) el sentido interactivo de la aplicación de un sistema funcional a las personas, a los medios, a las redes, haciendo posible su propia evolución interna; d) el empeño ecologista, transversalista, economicista e intervencionista de un sistema funcional de este tipo, dada la capacidad que se le asigna para reconocer sus posibilidades y limitaciones de actuación.

Para concluir una reflexión crítica: los análisis matemáticos funcionalistas de Dirk Baecker pretenden garantizar la efectiva commensuración de relaciones redundantes y recursivas de la ciencia social, del mercado económico y de sus diversas instituciones en virtud de una ley de la forma, o a una forma de las formas, a pesar de las indudables paradojas que generan este tipo de propuestas. En efecto, el funcionalismo postula en virtud de esta ley fundamental la emergencia de un metasistema global de tipo ecologista, transversalista, economicista e intervencionista, que permite postular el logro de un permanente reequilibrio entre las numerosas disfunciones y relaciones asimétricas existentes entre los diversos subsistemas sociales y económicos, a pesar de la creciente complejidad que hoy día adquieren estos problemas. Sin embargo la justificación de estas virtualidades presupone el logro de este reequilibrio en cualesquiera situaciones de incertidumbre, basado en criterios estrictamente pragmáticos, a pesar de ser un extremo nunca suficientemente justificado. Y a este respecto cabe preguntarse, ¿realmente se puede postular un giro pragmático a la hora de justificar un posible reequilibrio entre la totalidad de las situaciones de incertidumbre a las que se hallan sometidas este tipo de relaciones redundantes y recursivas, cuando simultáneamente también se producen otras asimetrías, vaguedades, monoticidades, condicionamientos o subalternaciones, a las que también habría que aplicar criterios similares?

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