GONZÁLEZ GINOCCHIO, David; El acto de conocer. Antecedentes aristotélicos de Leonardo Polo, Cuadernos del Anuario Filosófico, serie universitaria, nº 183. Servicio de publicaciones de la universidad de Navarra, Pamplona, 2005; 128 pp.

por Juan A. Garcia González

   Desde México surge este libro de David González Ginocchio, en el que nos presenta una investigación sobre la gnoseología aristotélica dirigida a explicitar y documentar si la teoría del conocimiento de Leonardo Polo se funda en ella, y continúa la gnoseología clásica del estagirita. Como manifiesta el autor en la introducción, no se trata propiamente de examinar la teoría del conocimiento poliana, sino de justificar la lectura de Aristóteles que hay como por detrás de ella. Y el balance final, valga anticiparlo ya, es que sí: que Polo filosofa precisamente a partir de los textos más representativos de Aristóteles (p. 15).

              El libro se divide en cuatro capítulos. Uno primero en el que se expone el planteamiento de la obra y su idea central: lo que Polo quiere recuperar especialmente es el tema del acto como “energeia” (p. 23). Un segundo capítulo se dedica a analizar los distintos sentidos de la noción de acto en Aristóteles, y que básicamente son el movimiento (kínesis) y la forma (entelecheia). De ellos, tanto del uno (II.b.) como del otro (II.c.), se contradistingue la energeia, la praxis cognoscitiva. El tercer capítulo examina principio y término del acto cognoscitivo: la facultad y el objeto. Y en el cuarto capítulo, se discute el voluntarismo, como un fenómeno que el autor entiende oscurece el valor actual del conocimiento, y en el que pueden condensarse los errores sobre el conocimiento (p. 103). Quizás un juicio demasiado ambicioso y que abarca una pluralidad temática tan compleja como para justificarlo y desarrollarlo en tan pocas páginas. El libro termina con un epílogo que resumen la investigación llevada a cabo.

              Como se aprecia por la arquitectura de sus capítulos, el libro tiene una buena estructura lógica. Además está muy documentado en cuanto a los textos aristotélicos, cual era su primario objetivo. Y finalmente está bien escrito, con claridad y concisión.

              Con todo, la operación cognoscitiva no es el único acto de conocer; los hábitos, adquiridos e innatos, son actos superiores; y como el ser es también acto, en la medida en que sea cognoscente –es el intelecto un trascendental personal-, será un acto obviamente superior a las operaciones y los hábitos. El tema del sujeto cognoscente (p. 121), al que se alude y se esquiva reiteradamente en el libro, puede tratarse desde aquí. Queda por tanto aún mucho por investigar.

              En todo caso, todos nos felicitamos y felicitamos al autor porque se estudie, y tan bien, la filosofía de Leonardo Polo; y porque se registren sus antecedentes históricos. Y además, felicitamos a los Cuadernos del anuario filosófico porque publique esta clase de libros.

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