KIERKEGAARD, Soren; Diario íntimo, Introducción de José Luís Aranguren, Traducción y notas de Mª Angélica Bosco, Editorial Planeta, Barcelona, 1993

por José García Martín

Para empezar una cuestión lingüística: El nombre propio de Kierkegaard se escribe en danés Søren (también Soeren o Sóren; Severino o Severo en español), no Sören como se encuentra en esta edición y que es sueco. Este es un error que se comete en algunas de las referencias españolas, supongo que por influencia del alemán.

La obra se compone de las siguientes partes:

La Introducción, formada por a) un pequeño estudio de Aranguren del pensador danés, b) una Cronología, c) una Bibliografía, y c) la Nota a la edición. En total veinticinco páginas.

El Diario íntimo. Cuatrocientos cincuenta y una páginas.

1.-Aparte de un par de erratas sin mayor importancia ( el nombre pseudónimo de Vigilius Haufmizuri, en vez de Vigilias Haufniensis, en la página IX; y la fecha 1941-1942, en vez de 1841-1842, en la página XIX), en general la introducción de Aranguren es muy limitada. Destacar dos puntos de su contenido, uno positivo y otro negativo.

En el primer caso, una cuestión de máxima trascendencia: me refiero a su afirmación —con la que estoy por entero de acuerdo— de que es «completamente inadecuado» la traducción por “el ente”, en la mencionada edición de la versión española, del carácter único y solitario del individuo frente a Dios (pág. XV) que contiene el concepto de den Enkelte en Kierkegaard. Lo que no entiendo es cómo Mª Angélica Bosco no le hizo caso. Lo curioso es que en una nota suya afirma que «Kierkegaard emplea la palabra Enkelte, que el traductor italiano [C. Fabro] traduce por il Singolo y los traductores franceses por l’Isole» (pág. 103).

La expresión danesa “den Enkelte” no es fácil de traducir, y de hecho se han propuesto diversas versiones, dependiendo de la lengua y el investigador; se ha traducido al inglés por the single Individual; al francés por l´unique por N. Viallaneix; al italiano por il Singolo por C. Fabro; al alemán por Einzelne. El referido término es la forma sustantivada del adjetivo danés enkelt, que significa solo, singular, suelto, aislado, individual (cfr. Dansk-Spansk ordbog, Norbok, Munksgaard, 1991. Pág.104). De este modo, traducido literalmente, significaría el solitario, el singular, el suelto, el aislado, el individual. Aunque resulta imposible una versión exacta que recoja todos los matices del término danés (además de los que lo caracterizan en Kierkegaard), personalmente considero que la más acertada al español sería la de “el individuo singular”. También cabría la opción más honesta de recogerlo tal cual sin traducirlo; claro está, con la salvedad de conocer su significado general, y no sólo el que le atribuye Kierkegaard; o acompañar la traducción con el término danés correspondiente.

Rechazo frontalmente, pues, la traducción que hace Mª Angélica Bosco en la edición española de los Diarios de “den Enkelte” por el “Ente”, ya que aparte de no tener nada o poco que ver con el término danés, crea bastante confusión. Pero no solo esto, sino que ella misma es incoherente en la traducción al utilizar en otras ocasiones el término “individuo” (cfr. p. ej. el último párrafo de la p.84 que corresponde al III A 212 de los Papirer). Menos se entiende si tenemos presente que su traducción y edición (como ella misma reconoce en la Nota a la edición) se basa en la italiana de C. Fabro, concretamente la 1ª edición de los Diarios (aunque desconocía por lo visto la 3ª y última de 1980-83 en doce tomos de Fabro, puesto que comenta que es «la más amplia e importante de las publicadas hasta ahora, con la excepción de la edición danesa…», pág. XXXIII) el cual emplea la expresión il Singolo (el Singular).

El aspecto negativo del estudio de Aranguren se encuentra en su afirmación de que «Kierkegaard no solamente está a mil leguas de todo panteísmo sino que rechaza enérgicamente la idea de “iglesia”, “asamblea” o “comunidad”» (pág. XVI). Aquí Aranguren confunde, o ignora, los conceptos kierkegaardianos de masa o multitud (“Mængden”), pueblo (“Folk”) o público (“Publikum”), con el de comunidad (“Menighed”). Kierkegaard no rechaza la comunidad en cuanto formada por verdaderas individualidades (“Enkeltheder”), sino a la masa o multitud y, en general, a todas esas categorías asociativas fundamentadas en el individuo ejemplar o copia (“Exemplaret”). Hablar de comunidad en Kierkegaard equivale a referirse a un conjunto de individuos singulares. Un texto clave para entender la diferencias entre unos y otros conceptos es el siguiente: «En el “público”, y cosas por el estilo, el individuo como tal no es nada, no hay ningún individuo singular, lo numérico es lo constituyente y la ley para una generatio aequivoca; separado del “público” el individuo aislado no es nada, y dentro del público tampoco es, entendido de manera más profunda, propiamente nada. En la comunidad el individuo singular es; el individuo singular es lo dialécticamente decisivo como un prius para formar la comunidad. Y en la comunidad el individuo singular es cualitativamente lo esencial, y puede también en cada momento llegar a ser más alto que la “comunidad”; a saber, tan pronto como “los otros” reniegan de la idea. Lo que une a la comunidad es que cada cual sea un individuo singular, y después la idea; la aglomeración del público o su falta de cohesión es que lo numérico lo es todo. Cada individuo singular (en la comunidad) garantiza la comunidad; el público es una quimera. El individuo singular es en la comunidad el microcosmos que repite de manera cualitativa el macrocosmos; aquí vale en el buen sentido unum noris omnes. Nadie es individuo singular en el público; el todo es nada. Es imposible decir unum noris omnes, porque no hay nadie. Una “comunidad” es, por supuesto, más que una suma; sin embargo, es en verdad una suma de unidades. El público es un absurdo: una suma de unidades negativas, de unidades que no son unidades, que llegan a ser unidades con la suma, en vez de que la suma tiene que llegar a ser suma con las unidades» (Papirer, X 2 A 390; cfr. además VII 1 A 220).

Siguiendo con el análisis de la Introducción, la Cronología sí es bastante aceptable; sin embargo, la Bibliografía citada es muy escasa y antigua, aunque suficiente para una primera aproximación al autor.

2.-En lo que toca a los Diarios (Dagbøger), la versión de Mª Angélica Bosco está basada en la primera edición italiana llevada a cabo por C. Fabro en tres tomos (Brescia, Editorial Morcelliana, 1948-1951), como ella misma comenta en su Nota a la edición (pág. XXXIII), sirviéndose de la traslación francesa de Knud Ferlov y J. J. Gateau en dos tomos (París, Gallimard, 1942) al modo de edición de consulta. No tiene en cuenta, como afirmaba líneas más arriba, la última edición de Fabro, mucho más amplia y completa (Brescia, Morcelliana, 1980-1983). En todo caso, no se trata de una traducción directa del danés.

Desde el punto de vista formal, los textos seleccionados de los diarios se han recogido cronológicamente clasificándolos por fechas (años o periodos concretos), pero sin una estructura común o idéntica. Se encuentran textos que van acompañados de la fecha de su redacción por Kierkegaard, pero otros muchos no. Por otro lado, hay textos que aparecen unidos cuando en realidad son distintos en el original danés (p. ej. el VIII 1 A 641 y el VIII 1 A 640, además de manera inversa; cfr. págs. 204-205); o bien se separa un único texto en el original en varios (p. ej. el V A 33 que comienza con el título de “La desesperación silenciosa”; cfr. págs. 108-109). Otras irregularidades (de contenido) detectadas son más bien debidas, me imagino, a la primera edición italiana original: textos incompletos, pero especialmente el hecho de que en la selección de los diarios se eche en falta una mayor presencia de aquellos más importantes, esto es, los que hablan de Dios y el individuo (la relación con Dios).

En definitiva, se trata de una edición española de parte de los Diarios de Kierkegaard nada recomendable, si no fuera porque es la única existente hasta ahora.

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