MAGRIS, Claudio; Danubio, Anagrama, Barcelona, 1988, 377 pp.

Carlos  Ortiz de Landázuri

Danubio es una novela fluvial, de frontera, metaliteraria, metahistórica, metafísica, teológica. Claudio Magris (1939) acometió este ambicioso proyecto narrativo ya en su madurez en 1986, a los 47 años, como culminación de una trayectoria intelectual de especialista en literatura germánica, dando un salto creativo audaz que, sin duda, lo situó entre los grandes de la literatura mundial. La magnitud de la empresa en gran parte está motivada por una peculiar singularidad temática muy difícil de repetir. Se trata de una novela fluvial que describe los sucesivos tramos del río, desde su nacimiento en los canalones de un tejado a mediavertiente entre el Rin y el Danubio, hasta sus cinco desembocaduras, pasando por ocho regiones: Alemania, Wachau, Viena, Eslovaquia, Hungría, Banato y Transilvania, Bulgaria y Rumania. Pero simultáneamente también es una novela frontera con numerosos castillos característicos del peculiar conglomerado de pueblos diversos que formó el imperio absbúrgico o austro-hungaro en su lucha multisecular contra los turcos, con complejos problemas de identidad, con fronteras geográficas muy móviles, como el continuo fluir como el río que las recorre. También es una novela metaliteraria que rinde un homenaje a los autores y personajes más representativos de las diversas minorías étnicas y culturales danuvianas: Heidegger, Celine, Jean Paul, el Dr. Mengele, Mauthausen, Hitler, Schmid, Hoffman, Grillparzer, Stifter, la Canción de los Nibelungos, Kepler, Descartes, Napoleón, Francisco José, Wittgenstein, Freud, Wagner, el pintor Makart, Müsil, Schumpeter, los mas recientes Bernhard o Handke, Kafka, Lukacs, Arnold Hauser, Kadar, Tito, Drácula, Cioran, Chagal, Canetti; con personajes femeninos tan entrañables, como Marieluise Freissert, Agnes Bernauer, Maria Antonieta y Luis XVI, Bárbara Blomberg y Carlos V, María Vetsera y Wagner, la Marianne de Goethe, transformada en la bellísima Suleika en virtud de su portentoso diván oriental, la princesa Sisí, o la polifacética abuela Anka. Precisamente a estos personajes se les caracteriza por su tendencia a la fragmentación, la bipolaridad y el particularismo, sin ser muy conscientes del marco grandioso en el que a su vez se encuadran. Es una novela metahistórica donde los avatares del viejo imperio absbúrgico son una metáfora del calidoscopio hacia donde se dirige la historia mundial, necesitada cada vez más de una mirada omnicomprensiva que la acoja, sin por ello negar las diferencias insalvables existentes en su interior. Es una novela metafísica, que trata de expresar la totalidad cultural de un conjunto de pueblos a través de su literatura, tratando de rastrear a su vez el peculiar destino de comunicación y de lucha por la supervivencia que les ha venido dado por su pertenencia a la cuenca del Danubio, crisol de culturas y de complejas identidades individuales y colectivas, desde Trajano y Arriano hasta Soliman o Ceausescu. Finalmente es una novela teológica que recoge la presencia del profundo espíritu católico de su contrarreforma cultural, dando lugar a profundas paradojas de las que es testigo fiel su mejor literatura, aunque con manifestaciones artísticas y culturales verdaderamente deslumbrantes. Mediante este juego de contrastes bipolares Magris genera la confiada ilusión de darnos a conocer este vasto territorio, caracterizado por su común cuenca fluvial, el efecto frontera, una narrativa bipolar, una unidad calidoscópica y una amalgama religiosa barroca, en el fondo muy católica. Por otro lado la acción dramática pasa desde las regiones más floreciente de Alemania y Austria hasta el corazón de las tinieblas (Conrad) o los caminos del mal, a medida que el narrador se aleja de la fuente, para llegar a regiones y culturas mas degradadas, o simplemente con contrastes culturales más bipolares, con fronteras geográficas, étnicas y culturales más pronunciadas, a medida que el Danubio se acerca a su borrosa desembocadura. En este sentido, aunque pueda parecer lo contrario, el ritmo de la acción es de una intensidad creciente, poniéndose cada vez más de manifiesto el carácter cada vez más bipolar de las contraposiciones del discurso narrativo, entre occidente y oriente, entre el criticismo individualista capitalista y la solidaridad mecánica de  los países del Este, entre la ética del trabajo germánica y la convivencia vital precivilizada, entre el imperio austro-húngaro y la barbarie turca, entre el barroco moderno y la antigüedad mítica. Su objetivo es crear la ilusión de poder abarcar un ámbito geográfico tan vasto como es el Danubio, desde el Adriático (Trieste, Venecia) hasta el Mar Negro, a través de las creaciones literarias de sus diversos idiomas y culturas, sin establecer una separación entre buenos y malos, entre ganadores y perdedores, resaltando en cualquier caso el afán compartido por un ideal de convivencia pacífica, con frecuencia amenazada y fracasada. La acción esta situada en 1986, dos años antes de la caída del Muro de Berlín, y de la caída del comunismo, otra peligrosa frontera que, sin embargo, ahora se superpone como una más a las muchas existentes, sin que entonces se sospechara su próxima desaparición, ni sus trágicas secuelas. Hoy Magris podría haber escrito un epilogo feliz sobre el nuevo destino que le espera al Este danubiano en un nuevo marco  supranacional más amplio y con nuevos contrastes bipolares. Entonces no lo hizo, pero tampoco le hizo falta. El Danubio es una bella metáfora también de la nueva Europa, como de otras tantas cosas.

Carlos  Ortiz de Landázuri

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