POLO, Leonardo; La esencia humana, Estudio introductorio y notas de Genara Castillo, Cuadernos de Anuario Filosófico, serie universitaria, nº 188, Servicio de publicaciones de la universidad de Navarra, Pamplona, 2006, 109 pp.

por Juan A. Garcia González

  Este libro edita un seminario oral sobre la esencia del hombre que Leonardo Polo impartió en la universidad de Piura (Perú) del 22 al 28 de agosto de 1995. La edición la ha preparado, y añadido un adecuado estudio introductorio (pp. 7-15), la profesora de aquella universidad dra. Genara Castillo.

                  Leonardo Polo acabó de publicar el tomo IV del Curso de teoría del conocimiento en 1994, y comenzó la edición de su Antropología trascendental en 1999. Entre esos años, impartió diversos cursos y conferencias, y redactó distintos escritos preparatorios de la versión final de su antropología (cuya redacción inicial está fechada en 1972). A esos años pertenece este seminario, impartido en 1995, que ahora se publica. Un poco antes, el 25.XI.1994, don Leonardo había dictado en la universidad de Málaga una conferencia titulada La esencia del hombre; Polo se sirvió del texto base de esa conferencia para la exposición de dicho seminario (p. 7).

                  Con todo, según Polo, es mejor decir esencia de la persona humana que esencia del hombre; pero para resaltar la distinción entre la esencia de la persona humana y la esencia extramental, empleo la expresión esencia humana (Antropología trascendental II, p. 11). En esta indicación va dicho el enfoque que preside el seminario que ahora se publica: se trata de distinguir la esencia humana de la esencia extramental.

                  El libro se divide en diez capítulos.

                  En el primero se plantea el tema de la distinción real esencia-acto de ser; es la más alta averiguación de la filosofía medieval, y con ella enlaza la metodología del abandono del límite que Polo ha propuesto para la filosofía. Especial importancia concede Polo al descubrimiento del especial sentido que tiene la distinción real en antropología. Precisamente el segundo capítulo incide en esta cuestión; y desde un punto de vista que no ha usado Polo en otras ocasiones: el de la individualidad del hombre. Es un caso paradigmático para apreciar los distintos sentidos metafísico y antropológico de la distinción real. La individualidad, según la tradición aristotélica, estriba en la materia signata quantitate (p. 32). Pero el hombre no está finalizado por su especie, ni se ordena al conjunto del universo; la esencia es de cada uno, y la individualidad se radicaliza: cada persona es un acto de ser. La distinción entre el ser personal y la esencia de la persona es el sentido antropológico de la distinción real; en cambio, la distinción real tiene otro sentido en la realidad extramental: el ser del universo es uno solo, y los individuos y especies son dimensiones de la esencia extramental.

                  En el capítulo III, Polo glosa las distintas nociones de acto, y los correlativos sentidos de la potencia, para poder hablar de la esencia como potencia respecto del acto de ser. En particular es preciso distinguir acto y forma, también para poder encontrar en el alma humana un sentido potencial, y distinguirla del ser personal.

                  Los capítulos IV y V estudian la esencia del universo y su acto de ser. La esencia del universo es la tetracausalidad, la conjunción de las cuatro causas. La analítica causal del universo distingue sustancias y naturalezas, y el orden final entre todas ellas. El orden es la perfección extrínseca de cada naturaleza, y así la esencia que las integra. El acto de ser que se corresponde con esa esencia causal es primero, principio (p. 49); el valor real del principio de no contradicción: el acto de ser del universo.

                  Los capítulos VI y VII estudian la esencia humana, cuya perfección es distinta de la ordenación al conjunto del universo. A la esencia humana corresponde el crecimiento, lo que equivale a decir que su perfección es intrínseca. La naturaleza humana se perfecciona con los hábitos; en virtud de ellos se esencializa: es la esencia de una persona humana.

                  El capítulo VIII termina de resolver el problema de la especie y el individuo. Si el hombre tiene una perfección intrínseca, no se subordina a su especie. Pero su naturaleza, obviamente, es común y constituye la especie humana. Para articular ambos extremos Polo sugiere la noción de tipo. Las personas tipifican la especie; ante todo, con los tipos básicos de varón y mujer (p. 85).

                  El capítulo IX es una defensa del método sistémico, global frente a analítico, como el más oportuno para el estudio de la esencia humana.

                  Y el capítulo X trata del acto de ser personal, principalmente entendido como libertad. La libertad es un trascendental personal que ha de convertirse con los demás trascendentales antropológicos, distintos de los metafísicos; pero es un trascendental especialmente ilustrativo porque permite entender la esencia humana como disponer: en el doble sentido de tener en el propio poder, y de distribuir para que las cosas estén bien dispuestas (p. 107); en ese doble sentido hablamos de la esencia humana como una extensión y manifestación de la libertad personal.

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