VICENTE ARREGUI, Jorge; La pluralidad de la razón, Síntesis, Madrid, 2005, 288 pp.

por Pablo Arnau

El último libro publicado en vida de Jorge V. Arregui resume los temas de reflexión que le preocuparon en los últimos años de vida. A pesar de lo arduo de su contenido posee el mérito de seguir un hilo estructural propedéutico y fácil de comprender para cualquier lector ajeno a la antropología o a la filosofía. Desde la crítica histórica de la razón de Dilthey se analizan los resultados que tuvo para la razón científica el saberse local y relativa. Arregui hace un ejercicio de fonambulismo extraordinario al conectar el escepticismo de la razón a la deriva y no fundada con el giro pragmático que originó la filosofía analítica. Tanto el fanático absolutista como el cínico comparten los mismos principios erróneos al considerar el descubrimiento de la imposibilidad de unificar los diferentes logoi como un fracaso o una merma de la razón teórica. Si ese fracaso es el del proyecto ilustrado, entonces hay que constatarlo ya como un hecho histórico. Pero la razón teórica no es más que un aspecto de la racionalidad. En este sentido Arregui se une a todos los que han llamado la atención sobre el hecho de revitalizar el concepto clásico de praxis: para saber lo que hay que hacer, hay que hacer lo que quiero saber. La razón teórica depende hasta tal punto de este concepto que el abismo infranqueable entre conciencia vital y conciencia intelectual parece, desde este punto de vista, salvado o, por lo menos, comprendido de una manera más cabal. Arregui da una perspectiva desde esta posición tanto del relativismo cultural como del moral. La inconmensurabilidad de las culturas o de las acciones no implica el mutismo o la ausencia de racionalidad sino que precisamente constituyen el acicate para el ejercicio de lo que se ha venido a llamar razón hermenéutica. Desde este paisaje el libro concluye con un ensayo muy ilustrativo sobre la sociedad liberal  y el fundamentalismo, sobre la razón pública y el pluralismo connatural a estas sociedades.

Arregui no quería que se le considerara un filósofo sino más bien un artesano de las ideas. La pluralidad de la razón es una muestra sobresaliente de ese trabajo concienzudo: el hilo argumentativo está sembrado de citas ad hoc y referencias a los filósofos sobre los que se apoyaba que no desdicen en nada de su originalidad. Poder citar a Putnam o las Investigaciones filosóficas en un libro divulgativo es ya un mérito. Si un gran filósofo no puede dirigirse a su sociedad, si no es capaz de establecer conexiones en sus ideas que puedan apelar al gran público, entonces cualquiera estará de acuerdo en que ser un gran filósofo consiste primero en ser un gran artesano.

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Archivado bajo Antropología filosófica, Teoría del conocimiento

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