Katz, James E.; Magic in the Air. Mobile Communication and the transformation of social Life, Transaction, Brunswick, 2006, 194 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

James E. Katz en 2006, en La magia del aíre. La comunicación a través del móvil y la transformación de la vida social, también analiza el papel desempeñado por las nuevas tecnologías electrónicas, desde el Internet al móvil, en el cubrimiento de la información con motivo del 11-S y en días posteriores, llegando a una conclusión muy precisa: El 11-S habría permitido visualizar los nuevos papeles profundamente ambivalentes asumidos por el móvil y el Internet en la transformación de la vida social, traspasando claramente las funciones de comunicación interpersonal que habitualmente se le asignan. A este respecto el 11-S habría demostrado que el móvil en determinadas ocasiones se puede acabar convirtiendo en el único medio disponible para expresar las reacciones de fe, esperanza, terror y redención, que se despertaron en una situación límite de lucha por la supervivencia como aquella, por ser el único lugar compartido (syntopian) al que poder acudir, como lo pusieron de manifiesto las numerosas conversaciones de los afectados por los atentados, ya desde dentro de la torres o desde los aviones. Se comprueba así una vez más que en estos casos lo importante no era el mensaje sino el medio utilizado, que permitió visualizar un tipo de mensajes que de otro modo nunca hubieran aflorado a la opinión pública.

El propósito de Katz es analizar las consecuencias de esta última revolución tecnológica para cada una de sus instituciones y el conjunto de la sociedad norteamericana. La rápida acogida dispensada por el gran público es una muestra de una demanda oculta que pone de manifiesto una sociedad cada vez más incomunicada y atomizada, a pesar de presumir de lo contrario. Se reconoce la estrecha ligazón entre los móviles e Internet, con conclusiones fácilmente extrapolables. En cualquier caso los móviles han ampliado considerablemente el ámbito de la comunicación, llevándola a ámbitos y situaciones hasta hace poco impensables, dando lugar a la así llamada magia del aire. Se describe el móvil como el contrapunto mágico de una sociedad altamente tecnológica que parecía haber renunciado a este tipo de consuelos fascinantes y engañosos, como en otros tiempos podía haber sido leer una carta u obtener una indulgencia, demostrando así que la humanidad sigue necesitada de este tipo de recursos. Se justifica así el poder de la magia de una comunicación sin fronteras y sin limitaciones, con sus fuertes connotaciones espirituales y religiosas. Se habría así producido un peculiar proceso de reculturización de resultados difícilmente previsibles, que a su vez habría generado numerosos enemigos o simples usuarios oportunistas o simplemente compulsivos.

El 11-S habría demostrado de todos modos seis importantes ambivalencias de los móviles y de Internet respecto a su posible incidencia en la efectiva transformación de la vida social, a saber: 1) Fomenta la práctica de determinados valores espirituales o religiosos – por ejemplo, la asignación de poderes mágicos ocultos a los números o en la revitalización de determinados valores religiosos -, aunque su uso generalizado también puede resultar muy corrosivo, pudiendo llegar incluso a anular el desarrollo de la propia espiritualidad; 2) Ayuda a la formación de esperas públicas de comunicación altamente sofisticadas, al modo de naciones de espíritus, capaces de superar las distorsiones comunicativas habituales en estos casos, como pueden ser los fenómenos de exclusión, aunque también generan otras nuevas igualmente perniciosas, como son la cercanía con el extraño y el alejamiento de lo más inmediato; 3) Genera una nueva ética de la comunicación en público, que ha terminado volviendo obsoletos los criterios de corrección válidos hasta hace poco, aunque también genera un fenómeno de ‘multi-habla’ (‘multitasking’) de difícil intelección; 4) la creación de un lenguaje específico correspondiente al nuevo significado  público asignado a la comunicación, fácilmente manipulable con fines comerciales, oportunistas o simplemente compulsivos; 5) una revolución educativa en las actitudes y costumbres de los distintos agentes educativos, que ha terminado erosionando la autonomía del profesor y su sentido de la autoestima;

Posteriormente, en la segunda parte, también se analiza el pasado, presente y futuro de las telecomunicaciones en la sociedad de la información: analizando cuatro aspectos: 1) el impacto del teléfono en las transformaciones de la sociedad, tanto desde un punto de vista global como microsocial, y tanto respecto a la distribución geográfica como al desarrollo económico, político o social; 2) El papel de la contabilidad en la sociedad de la información, a fin de permitir la predicción y control de los acontecimientos mediante adecuadas estrategias de información, sistemas globales y culturales más funcionales, que a su vez generarán nuevas formas políticas y sociales de integración compartida; 3) El futuro de las tecnologías de la comunicación especula sobre los futuros cambios que se generarán, cuando los valores humanos sean puestos a prueba por un mecanicismo tecnológico fuertemente implantado, que a su vez generará nuevas tendencias y leyendas en el modo de afrontar los viejos problemas humanos y las futuras libertades; 4) El futuro del móvil está indefectiblemente unido a la sociedad tecnológica que lo creó; por eso al proyectar las futuras generaciones de móviles estamos proyectando en cierto modo el futuro de la sociedad de la información, modificando el significado del tiempo, de uno mismo y del espacio vital del respectivo entorno;

Para concluir una reflexión crítica. Sin duda el 11 de Septiembre puede ser un punto de partida para llevar a cabo una reflexión crítica sobre las profundas transformaciones generacionales acaecidas en la sociedad postmoderna, ¿pero el propio 11-S no permitió visualizar otro posible tipo de relaciones interpersonales más concretas y no siempre tan edificantes, aunque no generen precisamente esta atmósfera mágica que ahora se les atribuye? Por otro lado, ¿no se deberían extrapolar este tipo de reflexiones a otras situaciones similares que también han llegado a constituir un auténtico fenómeno mediático con posterioridad al 11-S, aunque hayan terminado teniendo un desenlace colectivo totalmente distinto al de entonces? En efecto, tanto los atentados de Atocha del 11-M como los del metro de Londres del 7-J demostraron que se puede hacer un uso político e ideológico muy versátil de las nuevas tecnologías electrónicas en la sociedad de la información, sin tener que atribuirles un carácter tan mágico como hora se pretende.

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