Konersmann, Ralf; Kultur Tatsache, Suhrkamp, Frankfurt, 2006, 406 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Hechos culturales, concibe la filosofía de la cultura como una metafilosofía o filosofía primera invertida, que abandona la pretensión hegeliana de lograr una reinterpretación de las nociones básicas de la filosofía a partir de otras todavía más altas, y las sustituye por una simple relativización y desconstrucción aún más generalizada de este tipo de nociones, sin tampoco posponer su efectiva consecución a un futuro ideal más o menos lejano, como en su opinión siguió ocurriendo en la filosofía de la cultura de principios de siglo, especialmente en Cassirer o Simmel. Según Ralf Konermann, la misma expresión hecho cultural sería un oximoron o expresión contradictoria, que a su vez constituiría un residuo o resabio de la mentalidad positivista, cuando se recurrió a la ciencia para justificar aquellas profundas aspiraciones humanas latentes en la descripción de los hechos de la experiencia y de la cultura, sin sacar la consecuencia oportuna, a saber: el carácter desconstructivista y relativista de la razón humana que termina invirtiendo el significado de los hechos culturales al mostrar su dependencia respecto de nuestros propios convencionalismos, sin que ya se les pueda otorgar un significado o valor unívoco de tipo transpersonal e intersubjetivo. A este respecto la monografía analiza diversas expresiones tópicas que, como hechos literales, los brutos hechos o los duros hechos, ponen en evidencia este doble carácter dado y a la vez construido/desconstruible  que ahora se atribuye a la cultura en general, y a determinadas instituciones y conceptos filosóficos en particular, sin que nos podamos ya hacer falsas ilusiones sobre el posible sentido que se les debe otorgar.

Para justificar estas conclusiones Ralf Konermann sigue un hilo argumental bastante similar en todos los casos. En primer lugar muestra la novedad que supuso la reafirmación por parte de la modernidad de los valores culturales que habían pasado desapercibidos al pensamiento clásico en general, como especialmente ocurrió en Bacon y Montaigne. En segundo lugar se muestran la orientación que acabó tomando el proceso de secularización de la cultura durante la ilustración, sustituyendo el papel anteriormente desempeñado por la omnipotencia divina por el ahora atribuido a una visión providencialista de los hechos culturales, como especialmente ocurrió en Kant y Hegel. En tercer lugar se muestra como la mayoría de los críticos de Hegel y de su noción de cultura, siguieron manteniendo de un modo sobreentendido la prosecución del mismo tipo de ideales secularizados, aunque pospusieran ilimitadamente su consecución efectiva al desarrollo de una ciencia verdaderamente positiva, como en su opinión acabó ocurriendo en Simmel, Cassirer o Panofsky y la escuela de Warburg. En estos casos no se sacaron las consecuencias oportunas de la crítica formulada por Nietsche a Hegel, como finalmente acabó sucediendo en ell posmodernismo filosófico de Foucauld y Derrida. Sólo entonces se atribuyó a la acción humana las ilimitadas potencialidades dadoras de sentido respecto de la cultura, sin reducirla a un hecho que a su vez pudiera ser objeto de una ciencia positiva meramente descriptiva o de una simple descripción fenomenológica inmovilizadota, devolviendo el protagonismo a quien realmente le corresponde.

Ralf Konermann lleva a cabo esta des-construcción de la noción de cultura a través de un análisis conceptual de nociones filosóficas de la modernidad ilustrada que, en su opinión, después siguieron siendo sistemáticamente malinterpretadas durante la mayor parte de la filosofía contemporánea, agrupadas a su vez en cinco secciones, a saber: La Introducción analiza la noción de hecho cultural (en polémica con Merleau-Ponty, Cassirer y Adorno); 1) Formas de tiempo, describe el paradójico espíritu de la época (siguiendo a Blumenberg y Nietsche) y el presentismo excluyente del modernismo intelectual (siguiendo a Lévi-Strauss); 2) Formas de vida, reconstruye la problemática actualidad del saber filosófico (en polémica con Cassirer), el sentido de la vida y de la muerte (siguiendo a Jankélévitch), la mitificación injustificada de la noción de persona (siguiendo a Musil) y la pervivencia del sentido épico tras la metáfora marina (siguiendo a Nietzsche); 3) Formas de pensar describe la paradójica disociación entre las formas de vida y los estilos del pensar en la primera modernidad (siguiendo a Blumenberg), la anti-hemenéutica como una posible forma de vida conflictiva (en referencia a Habermas, Popper y Gadamer) y el paradójico precio de la legibilidad de las cosas (Blumenberg); 4) Formas de leer analiza la peculiar legibilidad de las materias problemáticas (en P. Válery), la posibilidad de una historia natural de la cultura (en B. Benjamin) y la posibilidad de tomar la calle como motivo de reflexión filosófica y artística (sobre el sentido del surrealismo en Baudelaire, Breton o Adorno); 5) Formas de lenguaje, reconstruye la génesis histórica de la semántica política (sobre el sentido actual del marxismo y otras utopías en polémica con Koselleck, Spaemnan, Luhmann o Mittelstrass y a favor de Derrida o Lübbe), el carácter absolutamente arbitrario del trabajo de la razón (sobre el sentido de la verdad en la metaforología de Blumenberg) y el valor meramente biológico de las palabras y las cosas (sobre las posibilidades de una historia conceptual al modo de Ritter), para llegar a una conclusión: el adiós a la verdad desnuda, sin posibilidad de hacerse falsas ilusiones.

Para concluir una reflexión crítica. Ralf Konermann polemiza con algunos defensores de una filosofía cultural que quieren seguir viendo en la historia conceptual la posibilidad de encontrar un hilo conductor que permita reconstruir el posible sentido edificante del progreso humano, al modo como en su tiempo propuso Joachin Ritter u hoy día Reinhart Koselleck. Por este motivo se rechaza la posibilidad de una historia conceptual de este tipo, dado que cualquier hecho cultural está sujeto a múltiples interpretaciones, sin que existan unos parámetros ideales (de tipo hegeliano) que a su vez permitan reconstruir este hilo conductor que ahora se anda buscando. Evidentemente Konermann sigue reconociendo las posibles aportaciones del proyecto moderno respecto de un pasado anterior, aunque, a diferencia de Koselleck, rechace la posibilidad de proponer una reformulación de este tipo de proyectos respecto del futuro más cercano que aún esta por venir. Y en este sentido cabría cuestionar: ¿Su filosofía de la cultura no sigue manteniendo un hilo conductor evolutivo, al menos respecto del pasado, aunque pretenda invertir su sentido respecto del futuro? ¿Hubiera sido posible reconstruir la ruptura radical acaecida hoy día en el modo de entender las nociones antes mencionadas sin seguir defendiendo una peculiar historia conceptual, aunque se discrepe totalmente del sentido final hacia el que se dirige? ¿Un planteamiento des-constructivista como el que ahora se defiende, evita verdaderamente la aparición de un relativismo, un presentismo, un contextualismo, un historicismo, como el que ahora se critica en los planteamientos ilustrados, o simplemente reincidiría en ellos aún con más fuerza?

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Archivado bajo Antropología filosófica, Filosofía de la cultura

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