Libet, Benjamin; Mind Time. The temporal Factor in Consciousness, Harvard University, Harvard, 2004; Mind Time. Wie die Gehirn Bewusstsein produziert, Suhrkamp, Frankfurt, 2005, 298 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Benjamin Libet defendió en Tiempo mental. Cómo el cerebro produce la conciencia, la posibilidad de someter a verificación empírica el paralelismo psicofísico y la génesis neurológica de la conciencia subjetiva o mental, sin considerarlo un problema irresoluble, como sucedió en McGinn, Chalmers, o los ‘qualia’ de Dennett, defendiendo dos tesis:

a) La temporalidad retardada como rasgo neurofisiológico de los mecanismos inconscientes de la mente humana, que permite diferenciar lo involuntario respecto de lo voluntario, o lo inconsciente respecto de lo consciente, como sucede en el fenómeno ‘ahora actúo’, en polémica con Doty. En estos casos la desincronización entre lo dicho y lo hecho se atribuye a las diferentes velocidades de respuesta de cada mente en particular, sin sacar la consecuencia oportuna: el retardo temporal existente entre la estimulación neurológica inicial y la posterior aparición de la conciencia subjetiva es el factor decisivo del carácter fragmentado y multiforme ahora atribuido al paralelismo psicofísico, así como de la posible función de veto habitualmente asignada al libre arbitrio, fácilmente se podría explicar en virtud de motivaciones ocultas o de un cálculo inconsciente de consecuencias;

b) La teoría del campo mental consciente aportó una respuesta estrictamente científica del problema de la articulación mente-cerebro desde un materialismo eliminativo aún más estricto que el de Dennett o Churland, sin necesidad de recurrir tampoco a una teoría del homúnculo, como siguió sucediendo en Searle. En efecto, ahora se podrían justificar las peculiaridades de los epifenómenos de la conciencia subjetiva en virtud del retardo temporal que experimentan respecto de la estimulación neurofisiológica correspondiente, aunque sólo se propone al modo de un experimento mental sin posible comprobación experimental directa. De ahí la necesidad de admitir el complemento de un experimento crucial o situación singular, que permite confirmar o refutar el anterior experimento mental, como ahora sucede diversos experimentos de desestimulación y re-estimulación de zonas corticales deliberadamente aisladas del resto del cerebro, si se comprueba que, a pesar de su aislamiento, pueden seguir provocando una respuesta subjetiva o vivencia psicológica proporcionada, si reciben la estimulación adecuada. La neurociencia postulará así un paralelismo psicofísico,  fragmentado y multiforme, entre el anterior campo cerebral inconsciente y este otro campo mental consciente, considerándolos como la única realidad efectivamente probada. Para justificar estas conclusiones se dan seis pasos:

1) Se reconstruye el peculiar paralelismo psicofísico tan fragmentado existente entre las zonas corticales del cerebro y los niveles conscientes correspondientes, comprobando a su vez la correspondencia humeana existente entre las multiformes estimulaciones o desactivaciones zonales y la subsiguiente reacción o falta de reacción de la conciencia sensible;

2) Se comprueba el retardo temporal existente entre la estimulación neurofisiológica inicial y la ulterior aparición de la conciencia psíquica, como se pone de manifiesto a través de la medición de sus respectivos umbrales de sensación, de sus ulteriores proyecciones retroactivas sobre una determinada zona del cuerpo, de los mecanismos neuronales de la reiteración de un recuerdo, o mediante los procesos de apropiación indebida y posterior rectificación de una acción;

3) El criterio de temporalidad retardada también permite justificar la separación existente entre los hechos psíquicos conscientes respecto de los inconscientes o no-conscientes, según hayan alcanzado o no un tiempo mínimo de estimulación, como de hecho sucede en los sueños, en los procesos fisiológicos, en los reflejos condicionados, o en otros automatismos mentales;

4) El criterio de temporalidad retardada también permite separar los actos involuntarios respecto de los voluntarios y libres, como por ejemplo ahora sucede en la reconstrucción temporal del fenómeno ‘ahora actúo’, atribuyendo la habitual desincronización en estos casos a las diferentes velocidades de respuesta de cada sujeto. Por su parte la deliberación, la reflexión o los sentimientos sólo cumplen en estos supuestos una mera función de veto, en virtud del posible influjo de motivaciones ocultas o de un cálculo de consecuencias en sí mismo inconsciente, sin que el libre arbitrio pueda aportar pruebas experimentales efectivas frente a las poderosas razones aportadas por el determinismo;

5) La teoría del campo mental consciente propone una solución estrictamente científica del problema de la articulación mente-cerebro, sin necesidad de recurrir a una teoría del homúnculo. Al igual que ocurre con la noción de campo en física, también ahora se atribuye a un campo cerebral inconsciente la necesidad estricta de generar un campo mental consciente en virtud de un experimento mental, dado que el factor desencadenante de los correspondientes epifenómenos de la conciencia subjetiva se atribuye simplemente al retardo temporal generado por la duración de los anteriores fenómenos neurofisiológicos, a pesar de la imposibilidad de someter a comprobación directa un supuesto psicológico de esta naturaleza. De ahí la necesidad de recurrir a un experimento crucial complementario que permita confirmar o refutar la hipótesis propuesta, como ahora sucede con los procesos de desestimulación y re-estimulación de aquellas zonas corticales que deliberadamente han quedado aisladas del resto del cerebro, mediante la realización de un corte anatómico adecuado, pero que sin embargo pueden seguir manteniendo una capacidad de provocar una respuesta subjetiva  o vivencia psicológica similar, si son adecuadamente estimuladas. Hasta el punto de ahora se considera probado experimentalmente el paralelismo psicofísico existente entre un campo mental consciente y un campo cerebral inconsciente,  fragmentado y multiforme, el único que propiamente puede ser objeto de una comprobación o refutación directa, aunque indirectamente también puede corroborar o refutar la hipótesis paralelista;

6) A través de un dialogo imaginario se ridiculiza a Descartes y a otros representantes del dualismo neurocientífico, a la vez que se equiparan los complejos modelos de la neurociencia con los futuros computadores automatizados de inteligencia artificial de la cibernética, aunque sin tampoco establecer una completa identidad entre ellos, como le criticó Penrose.

Para concluir una reflexión crítica: El materialismo eliminativo de Libet sólo pone una condición para lograr una efectiva comprobación experimental del anterior argumento mental, a saber: admitir una inteligencia inconsciente, automática o simplemente mecánica, carente de libre arbitrio, que también debería ser capaz de justificar el paralelismo psicosocial existente con las otras mentes, como le criticará Penrose. Libet rechazó la pretendida identidad o equivalencia de su inteligencia inconsciente o meramente psicofísica, con esta otra artificial o psicosocial, pero tampoco logró explicar el posible origen de estas diversas manifestaciones de la conciencia.

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Archivado bajo Antropología filosófica, Epistemología, Filosofía de la mente, Teoría del conocimiento

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