Magris, Claudio; Microcosmos, Anagrama, Barcelona, 2005, 325 pp.; El infinito viajar, Anagrama, Barcelona, 2008, 290 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Estas dos últimas novelas de Claudio Magris son una prolongación natural de su obra más emblemática,  Danubio. Como en aquella ocasión ahora también se trata de dos novelas fluviales, de frontera, metaliterarias, metahistóricas, metafísicas, teológicas, aunque situadas en un contexto muy distinto. Microcosmos se sitúa en un ámbito periférico al imperio austrohúngaro, en un aledaño con personalidad propia y aparentemente refractario a este tipo de influencias, como es Trieste, su tierra natal, dependiente a su vez de la Gran Señoría de Venecia y de Viena, la desdeñada protagonista de estos relatos, con la que sin embargo ha seguido manteniendo una débil dependencia multisecular de tipo fluvial. Por otro lado, El infinito viajar, pretende demarcar un ámbito de acción prácticamente ilimitado, al modo de una de las conocidas salidas quijotescas por el ancho mundo. Sin embargo al final también la acción queda circunscrita al macrocosmos multicultural que a su vez rodea al área anteriormente demarcada por Danubio, desde España, Canarias incluida, hasta Irlanda, el Imperio prusiano, para volver de nuevo al Danubio, Trieste incluido, para terminar con una mirada al lejano Oriente, donde ya la influencia del Danubio poco se deja sentir, salvo por su exotismo. Por su parte el estilo literario en los dos casos es similar, demostrando al respecto una maestría difícil de igualar. Se toma como punto de partida una singularidad lingüístico-cultural del lugar que se está narrando, para mostrar los paradójicos lazos interactivos que permiten relacionarlo con el ámbito geográfico que a su vez se está tratando de demarcar. En unos casos esta singularidad tiene un carácter histórico, literario, dialectal, o simplemente anecdótico. En otros casos la singularidad llega a tener un carácter metafísico o incluso teológico, en la medida que trata de mostrar como por aquellos lugares ha pasado el sentido más noble que aún hoy día se puede dar a la historia, a la política o a la propia religión, sin confundirla en ningún caso con las pequeñas rencillas de tipo nacionalista, partidista o simplemente sectario. Si Danubio había mostrado la paradójica unidad multicultural del Imperio austrohúngaro, Microcosmos pone de manifiesto la singularidad cultural del cruce de caminos donde se encuentra Trieste. En cambio El infinito viajar pone de manifiesto de una forma rotunda el redescubrimiento de las profundas raíces cristianas de la vieja Europa justo antes y después de la inesperada caída del muro de Berlín, una vez que se pudo comprobar a simple vista el fracaso del comunismo, y el renacer de una nueva Europa. En este sentido El infinito viajar es un oculto homenaje a Cervantes, a través de la figura del Quijote, que ahora se describe como el descubridor de un nuevo ámbito cultural ilimitado, en un momento en el que Europa parecía querer cerrarse a sí misma. Precisamente esta Europa que actualmente no acaba de crecer y cuyas fronteras cada vez resultan más imprevisibles. En cualquier caso Europa no puede cerrarse a los procesos de globalización, y por lo hasta ahora leído, a Claudio Magris todavía le quedan muchos océanos culturales por recorrer.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Estética

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s