MILBANK, J.; PICKSTOCK, C., WARD, G.; Radical Ortodoxy. A New Theology, Roudledge, London, 1999.

Carlos Ortiz de Landázuri

Ortodoxia radical. Una nueva teología, revisa críticamente un gran número de tópicos secularistas postmodernos referidos a la estética, la política, el sexo, el cuerpo, la personalidad, la visibilidad, el espacio, tratando de abordarlos desde un enfoque metafísico específicamente cristiano, que a su vez reivindica un efectivo entroncamiento de matriz netamente patrística. A este respecto ortodoxia pretende ser un calificativo supraconfesional referido a la común pretensión de superar las numerosas desviaciones que en cada tradición de pensamiento a lo largo del pensamiento moderno hubo a este respecto. Radical pretende  resaltar la pretensión de situarse por encima de las diversas Escuelas y tradiciones de pensamiento, ya se4an teológicas o filosóficas, reivindicando una común fuente patrística del pensamiento cristiano. A este respecto se opina que la noción de participación platónica sigue siendo el mejor procedimiento para contrarrestar el creciente secularismo de la sociedad contemporánea, dando lugar a un relativismo y a un creciente nihilismo, tanto respecto a lo sagrado como a lo profano.

Las seis primeras colaboraciones muestran la relegación que experimentó el pensamiento teológico por parte del secularismo moderno, como fue denunciado por Hamann y Jacobi, y propiciado por Suarez, Heidegger y Wittgenstein, sin seguir las sugerencias de Agustín y Anselmo respecto del papel desempeñado por la subjetividad, como ahora hacen notar Milbanck, Montag, Cunningham, Hemming, Hanby y Moss. Las seis siguiente analizan diversos temas antropológicos, éticos y políticos, como puede ser el erotismo, la corporalidad, la ciudad, la estética, la percepción o la música, como ahora analizan Loughlin, Ward, Cavanaugh, Bauerschmidt, Blond o Pickstock.

La última colaboración es la de Catherine Pickstock, Alma, ciudad y cosmos después de San Agustín (243-277 pp.). En su opinión, el platonismo cristiano posterior permitió eludir las numerosas insuficiencias ahora encontradas al uso que el último Platón hizo de la praxis litúrgica, tomándola como un acceso privilegiado a la metafísica, cuando la patrística cristiana mejoraría sustancialmente este tipo de propuestas. San Agustín habría justificado el lenguaje doxológico de la liturgia sacrificial cristiana a partir de unos presupuestos escatológicos, metahistóricos y metapolíticos sin los cuales tampoco se podría entender su noción de sujeto, de epistemología, de historia, de política, de deseo. En su opinión, la praxis litúrgica cristiana aporta un conocimiento inmediato de la ciudad de Dios, sin cuya mediación tampoco se podría justificar cualquier forma de saber humano. Al menos esta fue la estrategia seguida por la praxis litúrgica cristiana para mostrar la superioridad del bien sobre el mal, de la paz sobre la guerra, de los criterios ontológicos y metahistóricos sobre los meramente políticos o intrahistóricos, propios de la ciudad de los hombres. Sólo así se pudo proponer una inversión de la dinámica del deseo donde efectivamente predomine el bien sobre el mal, sin volver a reincidir en los criterios secularistas, ya sean antiguos o modernos.

Para concluir una reflexión crítica. Sin duda el programa ortodoxia radical se enfrenta a un reto de gran interés para la sociedad contemporánea. Sin embargo su pretensión de situarse por encima de toda confesión y tradición de pensamiento puede ser más retórico que real, si después en la práctica la recepción ortodoxa del pensamiento patrístico y de la noción platónica de participación tampoco se puede separar de su recepción a través de unas determinadas tradiciones de pensamiento. Por otro lado su pretensión de hacer tabla rasa de todo lo moderno para fomentar un radical planteamiento teológico de todos los problemas, puede olvidar que la filosofía moderna en muchos casos fomentó una metafísica teológica e incluso platónica, como al menos ahora se reconoce para el caso de Hamann y Jacobi, o la mejor tradición liberal, aunque tampoco fuera suficientemente patrística. En cualquier caso se trata de mostrar que el calificativo ortodoxia y radical nunca se deberían tomar en sentido excluyente, sino que debería manifestar más bien una gradualidad de tipo bipolar donde la fijación del término medio siempre queda abierto a posibles precisiones.

Carlos Ortiz de Landázuri

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