RICOEUR, Paul; Caminos del reconocimiento, Traducción de Agustin Neira, Colección estructuras y procesos. Serie Filosofía, Trotta, Madrid, 2005, 276 pp.

Juan A. García González

Ésta es (Parcours de la reconnaissance. Trois études) la última obra de Ricoeur antes de morir; e incluye tres estudios elaborados a partir de tres conferencias impartidas por Ricoeur en el instituto para las ciencias del hombre de Viena y el archivo Husserl de Friburgo.

En el preámbulo del libro Ricoeur confiesa que este ensayo nació de una apuesta: conferir a las diversas apariciones filosóficas conocidas del término “reconocimiento” la coherencia de una polisemia regulada (p. 12). Se trata, pues, de entender qué es el reconocimiento; o de encontrar un sentido tal de la noción de reconocimiento que justifique su plural uso en el lenguaje cotidiano.

Para lograr ese propósito, sigue confesando Ricoeur, como buen alumno de buena escuela británica del lenguaje ordinario, he intentado descifrar las significaciones según su contexto singular de uso en la lengua común (p. 15). Lingüística inquisición a la que Ricoeur dedica la introducción, y en la que procede con una hipótesis metodológica: mi hipótesis es que los usos filosóficos potenciales del verbo reconocer pueden ordenarse según una trayectoria que va desde el uso en la voz activa hasta el uso en la pasiva (p. 29).

Con todo, termina confesando Ricoeur, al dar al libro el título de caminos, y no el de teoría, subrayo la persistencia de la perplejidad inicial que motivó esta investigación, y que no invalida la convicción de haber construído una polisemia regulada, a mitad de camino de la homonimia y de la univocidad (p. 13).

La doctrina que Ricoeur alcanza a formular se divide en tres capítulos, que expresan esa ordenación de usos lingüísticos del verbo reconocer anunciada hipotéticamente: el reconocimiento como identificación (de cosas), el reconocimiento de sí mismo y el reconocimiento mutuo (entre personas).

El primer capítulo está dedicado al reconocer algo como identificarlo. La identificación objetiva tal como fue formulada en la filosofía moderna por Descartes, el genio de la duda, y por la crítica kantiana de la razón. Pero a ambos se contrapone el problema de la ruina de la representación, título de un ensayo de Levinas incluído en la segunda edición de Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger (p. 69); es el problema de la solidez del reconocimiento, que no se basa tanto en la subjetividad -en su capacidad de juicio- como en las cosas mismas y su mudanza y permanencia en el tiempo. En este punto, el reconocimiento de las personas se distingue claramente del de las cosas (p. 75). Se abre así la temática del capítulo segundo.

Se trata ahora del propio reconocimiento, o de cómo uno llega a saber sobre sí mismo. Ricoeur estudia aquí la acción humana (c. I), y las capacidades que permiten al hombre actuar y reconocerse como autor de ella (c. II). También la memoria y la promesa, la articulación del tiempo según la acción práctica (c. III). Como las capacidades naturales se prolongan con los derechos jurídicos, el campo del reconocimiento propio se abre hacia el ajeno (c. IV).

En esto del conocimiento propio es Ricoeur un especialista; pues en cierto modo es el tema que vertebra toda su obra (cfr. Autocomprensión e historia). Por eso, en este capítulo se manejan nociones como identidad e ipseidad, atestación, etc. que proceden de otros lugares, y en cierto modo se dan por supuestos algunos desarrollos de ellas.

El tercer capítulo está dedicado al reconocimiento mutuo, partiendo de la disimetría entre el yo y el otro con que Levinas objetó a Buber (c. I). Discutiendo el hobbesiano homo homini lupus (c. II), Ricoeur presta una preferente atención, como no podía ser menos, al tema de la dialéctica de la conciencia –toda conciencia exige dúplica- que Hegel trató en Jena, en su Fenomenología del espíritu (c. III). El estudio ricoeuriano es denso y profundo, e incluye particularmente un intento de actualización y rectificación del enfoque hegeliano conforme con la filosofía política de A. Honneth: el reconocimiento ajeno y la lucha social, y el derecho, y el multiculturalismo, etc. (c. IV). El quinto y último capítulo, dedicado a los que llama estados de paz, sugiere una interpretación del reconocimiento ajeno no teórica, sino práctica, casi económica; pues emerge del agapé, de la donación, y se ubica en el intercambio de dones, en la reciprocidad de los mismos. ¡Qué de posibilidades abre este punto de vista!

Como todas las obras de Ricoeur, ésta esta también muy trabajada; aceptando influjos de todas las corrientes actuales de la filosofía, pero también inspirada en las grandes filosofías del pasado (Grecia, la modernidad, el idealismo alemán). Y constituye una aportación muy sólida para la antropología filosófica. Con todo, el tema del reconocimiento merece no sólo alcanzar una analogía de sus posibles usos lingüísticos, soportada por una concepción narrativa de la identidad propia, sino toda una teoría gnoseológica de alcance metafísico; pero no es así: la hermenéutica ricoeuriana esquiva esa ambición.

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Archivado bajo Antropología filosófica, Historia de la filosofía contemporánea

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