VARELLA, Stavroula. Language Contact and the Lexicon in the History of Cypriot Greek. Contemporary Studies in Descriptive Linguistics, Vol. 7. Oxford/Berna/Berlín/Bruselas/Frankfurt del Meno/Nueva York/Viena: Peter Lang, 2006. 283 pp

Pedro J. Chamizo Domínguez

El estudio de los avatares que ha sufrido una lengua (o un dialecto dado de una lengua determinada, como es el caso del libro del que estoy dando cuenta) a lo largo de su historia no es solo una cuestión que interese a los lingüistas profesionales, sino que también puede ser de sumo provecho para cualesquiera otros profesionales. Y ello porque un estudio de este tipo revela muchos aspectos del devenir de un país o una región, que no son estrictamente hablando lingüísticos pero que están relacionados con ellos. La doctora Stavroula Varella centra su trabajo en el caso del dialecto chipriota de la lengua griega y en los procesos de interferencia que este dialecto ha sufrido en su contacto con otras lenguas. Y ello hace especialmente interesante su trabajo por dos razones al menos. La primera razón radica en el hecho de que normalmente estamos tan acostumbrados a que la lengua griega haya sido, junto con la latina, la mayor exportadora de términos a las lenguas europeas modernas, que no solemos ser conscientes de que, también el griego, ha recibido préstamos de las más diversas lenguas. Y justamente el propósito de Stavroula Varella en su libro es poner de manifiesto la multitud de términos que el griego (chipriota) ha tomado de otras lenguas a lo largo de su historia, asunto que documenta desde los más antiguos documentos conservados en esta variante de la lengua griega hasta nuestros días. Pero, y en ello radica la segunda de las razones a las que quiero referirme, el caso del dialecto chipriota de la lengua griega es especialmente interesante por cuanto que la isla de Chipre ha sido colonizada por multitud de pueblos diversos. Efectivamente, en Chipre han asentado sus reales los hititas, egipcios, persas, romanos, bizantinos, árabes, francos, otomanos e ingleses. Y todos ellos han ido dejando su huella lingüística en el dialecto chipriota del griego. Así, por ejemplo, la lengua árabe ha dejado una importante imprenta en el griego chipriota, aunque quizás no tan amplia como la que ha dejado en el castellano. No obstante, hay algunos términos compartidos entre el griego chipriota y el castellano que tienen sus orígenes en el árabe. En este sentido no quiero dejar de aludir al hecho de que, también este dialecto del griego, ha tomado prestado del árabe el término turjumàn (τζουρτζουμάνος, en chipriota) para designar al intérprete o lengua como una clase especial de traductor, cosa que también ha ocurrido en castellano, tomando el término directamente en un primer momento del árabe como trujumán y, en un segundo momento del francés trucheman como truchimán (Corominas y Pascual, 1984-1987)

En cuanto al contenido del libro, hay cinco capítulos centrales y varias secciones menores de las que son habituales en los libros académicos. El libro comienza con una página de agradecimientos, Acknowledgements (p. 7), en la que la autora muestra su reconocimientos a cuantas personas e instituciones la han ayudado en su trabajo. A continuación aparece un corto prólogo (p. 9) donde se resume el contenido de la obra, haciéndose especial hincapié en que aquí se van a estudiar las influencias de otras lenguas solamente en el dialecto chipriota, que no en la lengua griega en general. Y a continuación aparecen los cinco capítulos centrales. El capítulo 1, Introduction to the Greek dialect of Cyprus (pp. 11-48), consiste básicamente en una introducción a las características peculiares del dialecto chipriota de la lengua griega, donde también se pasa revista a las fuentes de las que se ha tomado el corpus estudiado. El capítulo 2, Cultural and linguistic contacts in Cyprus (pp. 49-74), proporciona una descripción del contexto histórico y socio-cultural que enmarca y da razón de préstamos que el dialecto estudiado ha tomado de otras lenguas. El capítulo 3, Exploring the lexicon I: Phonology and morphology (pp. 75-160), pasa revista a los procesos fonológicos y morfológicos que han sufrido los términos foráneos en su aclimatación al dialecto término desde sus respectivas lenguas origen. En el capítulo 4, Interlude: The issue of etymologies (pp. 161-176), se discuten algunas de las etimologías anteriormente propuestas para los términos incluidos en el corpus y se ofrecen otras etimologías alternativas a las comúnmente aceptadas hasta el momento. El capítulo 5, Exploring the lexicon II: Semantics (pp. 177-231), se centra en los aspectos semánticos en el estudio de los cambios de significado de los términos estudiados con respecto a los significados que estos términos tienen en sus respectivas lengua origen. Y finalmente, el libro se remata con cuatro secciones más: un epílogo (pp. 233-238) que sirve de resumen; un apéndice con las listas de préstamos según las fuentes textuales, Lists of loanwords according to their textual source (pp. 239-271) clasificada por periodos históricos y en función de las lenguas de las que proceden los préstamos; una bibliografía más que apropiada (pp. 273-278); y un índice de los términos lingüísticos usados en el libro (pp. 279-283).

Aunque podrían ser obviados si se tratase de un estudio de otra lengua o del propio griego clásico, los capítulos 1 y 2 se me antojan imprescindibles en este libro por, al menos, dos razones. En primer lugar, porque, así como cualquier individuo medianamente culto suele tener nociones del griego clásico y de su división en varios dialectos principales (ático, jónico, eólico, dórico y arcado-chipriota), el griego moderno suele ser menos conocido y, si esto es verdad para la lengua estándar, mucho más lo es para un dialecto hablado en una isla que, para más inri, está política, religiosa y lingüísticamente dividida. En segundo lugar, porque de modo análogo, así como la historia de Grecia suele ser conocida hasta su conquista militar por Roma, suele ser bastante desconocida desde ese momento. Esto último hace que uno suela tender a olvidar que en Chipre, además de turcos e ingleses, también sentaron sus reales francos y venecianos, por ejemplo. Y precisamente una de las virtudes de este libro consiste en poner en conexión la historia de la isla con las diversas influencias lingüísticas que el griego chipriota ha ido sufriendo en relación con los diversos conquistadores que ha tenido la isla a lo largo de su historia. Por su parte, el capítulo 3 requiere de una competencia en fonética y fonología del griego de la que yo, por desgracia, carezco; aunque supongo que su pertinencia es inexcusable para los especialistas en la lengua griega en particular y los especialcitas en fonética y fonología en general.

Por el contrario, dada mi especial dedicación académica, a mí me han interesado especialmente los capítulos 4 y 5 en la medida en que versan sobre problemas semánticos, de interferencia lingüística y, en última instancia, son un excelente estudio particular que puede generalizarse a otras muchas lenguas –si no a todas las lenguas. Efectivamente, préstamos, calcos y herencias –aunque estas últimas no afectan al contenido de este libro dado el marco que se ha impuesto su autora– pueden ser documentados en cualesquiera lenguas y, precisamente por ello, son motores de cambios semánticos a la vez que la fuente de los falsos amigos semánticos totales o parciales que pueden encontrarse en dos lenguas cualesquiera. Y ello tiene dos consecuencias relevantes. En primer lugar, el estudio de los diversos préstamos que ha ido recibiendo una lengua dada –o un dialecto específico de una lengua– es un instrumento precioso para relacionar el fenómeno estrictamente lingüístico con fenómenos antropológicos, culturales e históricos; y esto lo ha llevado a cabo la Dra. Varella de forma magistral en lo que respecta a su lengua materna. En este sentido el libro que comento parece ser exhaustivo, aunque uno se extraña de que en el griego chipriota no esté documentado ningún préstamo ni del alemán, ni del español, ni del portugués. Bien es cierto que ni alemanes, ni españoles, ni portugueses han colonizado nunca Chipre, pero, aún así, no deja de ser sorprendente; máxime si tenemos en cuenta que muchos de los préstamos que se atribuyen al provenzal bien pudieran proceder del castellano o del portugués, dado que se escriben exactamente igual en las tres lenguas. Por ejemplo, el verbo examinar (αξαμινιάζω) se atribuye al provenzal cuando se escribe exactamente igual en castellano y portugués. Del mismo modo, batalha (πατάλια) también se atribuye al provenzal cuando se escribe exactamente igual en portugués y se pronuncia exactamente igual en castellano aunque se escriba batalla. Con toda seguridad la dra. Varella tiene razón en estas atribuciones, puesto que ello es lo que se infiere de las fuentes estudiadas; pero uno no puede por menos que señalar esta cuestión.

Pero, en segundo lugar, préstamos y calcos son, como he dicho antes, la fuente de los falsos amigos semánticos. Y, en este sentido hay en el libro una laguna que debería ser subsanada por trabajos posteriores de la autora. Me explico. Dado que la mayoría de los términos de una lengua dada son polisémicos, rara vez la lengua término toma la palabra en cuestión de acuerdo con todos los significados posibles en la lengua origen, sino que lo hace cambiando sus significados en función de cuatro o cinco mecanismos distintos: 1, restricción de los diversos significados de un término en la lengua origen a uno o muy pocos significados en la lengua término; 2, restricción de significados en la lengua término y añadido de nuevos significados que estaban ausentes en la lengua origen; 3, conservación del significado del término en la lengua origen y creación de nuevos significados en la lengua término; 4, aparición de por lo menos un significado nuevo en la lengua término y cambio de categoría gramatical de la palabra en cuestión; y 5, aparición de nuevos y diferentes significados en dos o más lenguas término a partir de un significante común en una lengua origen determinada (Lorentzen, 2005; y Chamizo Domínguez, en prensa). Y todos estos cambios de significado pueden ser explicados mediante el recurso a diversas figuras del lenguaje tales como la metáfora, la metonimia, la sinécdoque, el eufemismo, el disfemismo o la ironía. El resultado de todo ello no es otro que el de la aparición de falsos amigos semánticos y la multiplicación de los problemas de traducción entre las lenguas afectadas por este fenómeno de interferencia lingüística. Obviamente, esta cuestión no es el tema del libro de Stavroula Varella y mis apreciaciones no son una crítica a su contenido –que cumple con creces con el objetivo que se propuso la autora– sino, más bien, la propuesta de un reto. Dicho de otra manera, lo que estoy sugiriendo es que, una vez llevado a cabo este trabajo previo e inexcusable, la autora podría plantearse la posibilidad de seguir por este camino tan excelentemente iniciado y regalarnos otro trabajo en el que nos haga ver cuáles son los cambios semánticos que han sufrido los diversos préstamos tomados por el griego chipriota de otras lenguas con respecto a sus respectivas lenguas origen.

Incluso hay algunos temas a los que se alude de pasada y que podrían desarrollarse de una forma muy productiva. Por ejemplo, en las páginas 177-180 se alude a un fenómeno que tiene especial relevancia en la lengua griega pero que puede extrapolarse, mutatis mutandis, a otras muchas lenguas. Me refiero al hecho de que eso que llamamos “el griego actual o moderno” es una de esas lenguas en las que la diglosia aparece de forma paradigmática en la medida en que hay un dialecto popular (δημοτική, el demótico) y un dialecto culto (καθαρεύουσα, el katharevousa). Pues bien, como norma general los defensores del griego culto son puristas y, en función de ello, han procurado sustituir muchos de los términos tomados de otras lenguas por términos con marchamo griego. Así, por ejemplo, el griego demótico ha tomado prestado el sustantivo patata ( πατάτα, en griego) del castellano, pero, comoquiera que a los puristas les ha parecido poco digno ese barbarismo, lo han sustituido por el sustantivo geomelon (γεώμηλον), que significa literalmente ‘manzana de tierra’ y que tiene toda la pinta de ser un calco del francés pomme de terre, que ha podido ser tomado consciente o inconscientemente. Ahora bien, si esto es así, uno puede preguntarse qué es lo que hace que un término sea preferible al otro. Y de forma más general, ¿qué hace que algunos términos se consideren vulgares, políticamente incorrectos o disfemísticos mientras que otros se consideren cultos, polìticamente correctos o eufemísticos? Y la respuesta a este tipo de preguntas no es una cuestión lingüística, sino, más bien, social o cultural (Allan y Burridge, 1991). Y quizás haya pocas lenguas tan adecuadas para estudiar a fondo esta cuestión como la lengua griega, dado que en ella –además de una diversidad dialectal análoga a la de otras lenguas– también existe en fenómeno de de diglosia de forma más puras que en otras lenguas. Aunque, desde la perspectiva en que me estoy situando, este fenómeno no sería ajeno a ninguna de ellas en mayor o menos medida. Por ejemplo, ¿Cuál sería la razón última de que en castellano el sustantivo hemorroides sea considerado el término culto y el sustantivo almorranas el término vulgar y vitando en muchos contextos si no es una razón de prestigio social? Máxime, como es este el caso, cuando ambos términos proceden de la lengua griega en última instancia (Corominas y Pascual, 1984-1987). Del mismo modo, los puristas alemanes trataron de sustituir el sustantivo Television por el más castizo de Fernsehen, aunque en este caso es posible que la batalla esté camino de perderse.

Pero volviendo al asunto de los préstamos curiosos. En las páginas 221 y 245 se recoge como préstamo del italiano el sustantivo campana (καμπάνα) que parece ser que en griego chipriota significa ‘campana de ‘iglesia’ y que funciona como un hipónimo del término griego original kodon>koudouni (κώδων>κουδούνι), que sería el término superordenado. Ahora bien, dado que en italiano campana connota cualquier tipo de campana (como en castellano), sea la campana de una iglesia o la campana de un barco, bien pudiera ser que estemos ante un caso paradigmático en que el griego chipriota haya restringido el significado del término original y, como consecuencia de ello, estemos ante un ejemplo de falso amigo semántico parcial por vía de una restricción de significado. Y, para terminar, otro caso sumamente interesante es el del sustantivo cementerio (σιμιντίριν), que se hace derivar del provenzal cimenteri (p. 242), cuando, curiosamente, el sustantivo cementerio –y sus diferentes variantes en las más diversas lenguas– procede en última instancia del griego clásico κοιμητήριον, vía el sustantivo latino coemeterĭum (Corominas y Pascual, 1984-1987). Con este ejemplo estamos ante un caso de lo que yo mismo he llamado “préstamos de ida y vuelta” (Chamizo Domínguez, en prensa). Efectivamente, el provenzal habría tomado como herencia del latín el sustantivo cimenteri, un término que, en realidad y con el significado de camposanto, era en griego un eufemismo a partir de su significado literal de dormitorio. Si esto es así, entonces tenemos que el griego chipriota ha vuelto a retomar un término originalmente griego con solo uno de los significados que tenía ese término originalmente en la propia lengua griega.

En resumen, la lectura de Language Contact and the Lexicon in the History of Cypriot Greek, de Stavroula Varella, es sumamente recomendable para cualquier persona interesada en los fenómenos de interferencia lingüística no solo por lo que está dicho explícitamente en él, sino también por lo mucho que sugiere y los caminos de investigación que abre para el futuro. Por ello me permito retar a la autora para que siga trabajando en esta línea que ha iniciado y nos regale con otro trabajo en que nos haga ver cómo han cambiado de significado los términos que el griego chipriota ha tomado de las demás lenguas.

Referencias bibliográficas

Allan Keith y Kate Burridge. 1991. Euphemism and Dysphemism, Language Used as Shield and Weapon. Oxford-Nueva York: Oxford University Press.

Chamizo Domínguez, Pedro J. 2006: «False Friends», en Brown, Keith (ed.) Encyclopedia of Language and Linguistics. Oxford: Elsevier, pp. 426-429.

Chamizo Domínguez, Pedro J. en prensa. False Friends: Semantics and pragmatics. Londres: Routledge.

Chamizo Domínguez, Pedro J., y Brigitte Nerlich. 2002: «False friends: their origin and semantics in some selected languages». Journal of Pragmatics. 34, pp. 1833-1849.

Corominas, Joan y José A. Pascual. 1984-87. Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Madrid: Gredos.

Lorentzen, Lise R. 2005. «C’est un vrai bordel! Faux amis norvégiens-français», en XVI Congreso de Romanistas Escandinavos. Universidades de Copenhague y Roskilde. En  HYPERLINK “http://www.ruc.dk/isok/skriftserier/XVI-SRK-Pub/JUS/JUS04-Lorentzen/” http://www.ruc.dk/isok/skriftserier/XVI-SRK-Pub/JUS/JUS04-Lorentzen/.

Pedro J. Chamizo Domínguez

blog_tags(‘post’, ‘Inciarte_Llano_Metafisica_final_metafisica.html’, ‘INCIARTE, F.-LLANO, A., Metafísica tras el final de la metafísica, Ediciones cristiandad, Madrid 2007; 381 pp.’)

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