Vorobej, Mark; A Theory of Argument, Cambridge University, Cambridge, 2006, 324 pp.

Carlos Ortiz de Landázuri

Una teoría de los argumentos pretende evitar la aparición de los tradicionales sofismas mediante un análisis más exhaustivo de los mecanismos de persuasión del discurso racional, sin recurrir solamente a estrategias de tipo lógico. A este respecto Mark Vorobej comparte el fundacionalismo subjetivo propuesto por Richard Forley en 1987 en Teoría de la racionalidad epistémico. Allí se admitió de un modo programáticamente ingenuo la posible racionalidad de una creencia si después de reflexionar sobre ella en un determinado contexto se alcanza un convencimiento estable acerca de su posible validez. Evidentemente el fundacionalismo subjetivo no pretende ser ingenuo respecto al cumplimiento de los requisitos formales exigidos a este respecto por la lógica o la metodología científica. Sin embargo se acepta la ingenuidad de otorgar al llamado ‘autor’ del argumento la capacidad de valorar el grado de incidencia de los condicionantes colaterales en los argumentos persuasivos, aún a riego de confiar excesivamente en sus propias capacidades. El fundacionalismo subjetivo pretende así recuperar para la argumentación discursiva un tipo de razonamiento habitualmente considerado sofístico, pero que si efectivamente el autor de la argumentación ha llevado a cabo los controles pertinentes, se podría terminar considerando válido en atención de las circunstancias y de las pruebas aportadas. Hasta el punto de que, si se cree conveniente, se podría ampliar la validez otorgada a una argumentación persuasiva respecto de aquellos ámbitos que la propia lógica deja al uso discrecional de los afectados, sin dejarlos en una situación de permanente indefinición. De ahí la necesidad de someter estos ámbitos de indeterminación lógico-formal y de aquellos otros posibles factores metodológicos de riesgo contextual a un control discursivo verdaderamente compartido, a fin de garantizar el grado de validez atribuido en cada caso a una determinada creencia estable.

El fundacionalismo subjetivo distingue a este respecto dos niveles de análisis, acompañados ahora de más de 400 ejercicios de tipo práctico: la macroestructura determina los factores contextuales que inciden en la adquisición de una creencia estable, destacando tres aspectos: a) la peculiar naturaleza contextual de las argumentaciones (especialmente dos factores: las audiencias y la claridad expositiva); b) los requisitos para congeniar o no congeniar respecto de la aceptación estable de una creencia (especialmente los criterios para localizar un mal acuerdo o un buen desacuerdo); c) los criterios de normalización lógica y metodológica (especialmente la valoración de la validez y del relieve de un contrargumento). Por su parte la microestructura analiza los criterios usados por el autor de un argumento para justificar la estabilidad de sus creencias, destacando tres aspectos: a) los criterios de convergencia compartida (especialmente los diagramas modales o generales del discurso, las premisas charca o simples interrupciones, la concesiones de estilo o meramente caritativas, los diagramas colaterales o rodeos en falso); b) la concatenación argumental (especialmente las opciones estructurales, la vulnerabilidad absoluta y relativa, las ilustraciones o ejemplos); y c), finalmente, las estrategias supletorias de  convalidación argumental (especialmente los argumentos híbridos respecto de la ambigüedad estructural, las confusiones epistémicas, los malentendidos morales o lingüísticos y los diversos grados de ignorancia).

Para concluir una reflexión crítica.  La fundamentación subjetivista de Vorojeb se legitima en virtud del mismo tipo de creencias estables que trata de fundamentar, sin conseguir evitar el circulo hermenéutico en si mismo vicioso que genera este tipo de propuestas donde la valoración última de una creencia estable siempre queda en manos del propio ‘autor’ de la argumentación, se siguen valorando según criterios meramente subjetivos, y se termina defendiendo una resolución unilateral de las diversas situaciones de indeterminación originadas por la lógica o la metodología. Sin duda lo que habitualmente ocurre, pero posiblemente se podría esperar algo más de una autoproclamada argumentación crítica.

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