Blankenhorn, David; The Future of Mariage, Encounter, New York, 2007, 325 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

El futuro de la familia analiza la crisis institucional generada por la aceptación legal de matrimonios del mismo sexo, ya sean de gays o lesbianas, con la capacidad jurídica incluida de adoptar hijos. En este contexto el reconocimiento de la capacidad de adopción por parte de los padres legales, incluyendo también los matrimonios del mismo sexo, podría generar un conflicto entre tres tipos de derechos subjetivos, al menos en el caso canadiense, que es donde por primera esta terminología apareció: el derecho de los adultos a configurar en libertad su propio modo de vida, los derechos del menor a ser educado en un contexto familiar adecuado, y los derechos metainstitucionales derivados de las funciones sociales insustituibles desempeñadas por la familia. Por ejemplo, el ejercicio de estos derechos sociales podría verse seriamente obstaculizado por la exclusión deliberada en ciertos casos de determinadas metas socialmente incentivadas, ya se trate de la procreación o de una educación adecuada con unos referentes diferenciados respecto de un padre y una madre. De todos modos no se pretenden fomentar discriminaciones, ni un trato jurídico desigual, sino más bien hace notar el posible conflicto que ahora surge entre dos bienes incompatibles, donde la elección de uno imposibilita o dificultad la realización del otro, exigiendo a su vez una regulación específica para los casos límite que pudieran generarse, siguiendo a este respecto los planteamientos de Isaiah Berlin.

Blankenhorn pretende mostrar en cualquier caso la vulnerabilidad de la institución familiar a los cambios legislativos de las últimas décadas, queriendo hacer una llamada a la responsabilidad a los legisladores y al público en general, con independencia de las creencias religiosas e ideologías, sobre el destino que una sociedad democrática como la americana desea dar a esta institución tan básica tanto para la felicidad individual como para el conjunto del orden social. La familia a este respecto habría experimentado a lo largo de la historia numerosos procesos de desinstitucionalización y reinstitucionalización, habiendo sabido salir de cada uno de ellos más refortalecida, aunque posiblemente el momento presente sea uno de los que más esté desperdiciando sus indudables virtualidades. Se adopta así una actitud confiada hacía el futuro, aunque sin negar los negros nubarrones que ensombrecen el presente de la institución familiar.

La monografía justifica estas conclusiones a través de ocho capítulos: 1) ¿Qué es la familia?, resalta su triple función de realización personal respecto de los progenitores, su descendencia y el subsiguiente relevo generacional; 2) Prehistoria, justifica el triple papel biológico, antropológico e institucional de la familia ‘conyugal’, a partir de la tesis de la prohibición del incesto de Levi-Strauss; 3) Los  valles con río, reconstruye la aparición de la cultura institucional del matrimonio en Mesopotamia y Egipto hacia el año 2000 AC, frente a la anterior cultura de la promiscuidad y de la prostitución; 4) Las Islas Trobiand, analiza las sociedades patriarcales o matriarcales, con la aparición del concepto de matrimonio y descendencia legítima, siguiendo a Malinowsky; 5) Lo que el matrimonio es, analiza la triple función antropológico-cultural asignada a la unión carnal, ya sea de alianza entre tribus, identitaria respecto de la futura descendencia, o de iniciación ritual en la homosexualidad por motivos militares, aunque sin generar ya lazos institucionales, siguiendo a Evans-Pritchard; 6) Desinstitucionalización del matrimonio, se analizan 15 cuestiones polémicas planteadas en el debate actual acerca de la legitimidad del matrimonio del mismo sexo; 7) Bienes en conflicto, se muestra la exclusión de la procreación y de otros fines habitualmente asociados a la familia conyugal por parte de los matrimonios del mismo sexo; 8) Determinando el destino del matrimonio, se analizan numerosas estadísticas sobre la percepción actual del divorcio, de la adopción por parte de matrimonios del mismo sexo y de la propia institución familiar, tanto en países con una legislación permisiva como restrictiva, ya sea en todo el territorio o sólo en algunas zonas. Finalmente, en un Apéndice, se analizan algunos casos límite pasados y actuales de las relaciones del parentesco.

Para concluir una reflexión crítica. Blankenhorn pasa sin transición desde una consideración antropológica primitivista de la familia hasta el momento presente. Y a este respecto cabe plantearse: ¿Realmente el recurso a la antropología cultural primitivista puede ser un buen procedimiento para justificar el carácter iusnaturalista del matrimonio, o de la ulterior diferenciación entre géneros, o simplemente enreda aún más la polémica? ¿Realmente el análisis del posible conflicto entre los derechos subjetivos de la pareja y de su descendencia legal, no habría exigido una mayor consideración del derecho constitucional, como al menos ha terminado sucediendo en el caso español? ¿No sería conveniente establecer una clara separación entre la denominación dada a los matrimonios del mismo sexo y de sexo distinto, dado que la polémica se originó por este motivo?

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