D’Ors, Pablo; Andanzas del impresor Zollinger, Anagrama, Barcelona, 2003, 150 pp.; El estupor y la maravilla, Pre-textos, Valencia, 2007, 413 pp.

por Carlos Ortiz de Landázuri

Estas dos novelas de Pablo D’Ors representan un claro ejemplo  del impacto que la novela de formación centroeruropea (“Bildungroman”) está ejerciendo en la novelística española contemporánea. Además, ahora se pretende hacer un uso más reflexivo del género, dándole un sentido claramente metaético, metaliterario, metaartístico, teológico, metafísico, además del carácter autorreferencial e irónico que siempre este género ha tenido. En ambos casos se trata de mostrar como los mecanismos miméticos habitualemnte utilizados en la justificación del comportamiento humano por la Bildungroman, también pueden ser utilizados para provocar un segundo efecto más sofísticado: la inicial reacción de estupor e ilusión que puede acabar generando la persistente presencia de lo maravilloso, una vez que se aprecia que con frecuencia aquellos mecanismos mímeticos iniciales paradójicamente también pueden esconder un sentido último más oculto totalmente desproporcionado respecto del punto de partida elegido. De este modo ambas noveleas se conciben como una fábula moral metaética, donde se trata de describir la aparición de lo milagroso, lo extraordinario, lo artístico, lo genial, lo divino, lo religioso, en la narración de la vida cotidiana más prosaica y vulgar, con sólo cumplir una condición: describir con la mayor parsimonia y lentitud posible los movimientos rutinarios de la vida profesional y social, para descubrir allí la aparición sorprendente de una segunda o tercera dimensión de la vida humana que inicialmente había pasado desapercibida, aunque sin duda estaba presente desde un primer momento. A su vez se pretende dar a este tipo de descripciones un carácter metaliterario y metaartístico, ya que mediante este procedimiento narrativo se lograrían describir los dos mecanismos básicos mediante los que opera toda ficción literaria, o toda creación artística, según predomine una de estas dos posibilidades: o darle a la reproducción mimética de un comportamiento un sentido vulgar o, sin perjuicio de lo anterior, intentar generar a su vez la ilusión de haber alcanzado un objetivo más transcendente e insospechado, según aquel inicial comportamiento aparentemente anodino permita o no establecer relaciones significativas sorprendentes con un término de referencia lo más lejano posible. De ahí que las dos novelas se proponen describir un transfondo metafísico o incluso teológico verdaderamente inesperado, que permitiría descubrir el profundo carácter relacional de la realidad en general y de la persona en particular, otorgándole la milagrosa capacidad de relacionar todo con todo, así como de descubrir a Dios en el fondo de las cosas más anodinas e insignificantes, como un simple zapato o una mosca. Finalmente, las dos novelas tienen un carácter claramente autorreferencial e irónico, ya que sus dos protagonistas principales, el impresor Zollinger y el vigilante de museos Alois Vogel, se toman al modo de una metáfora para describir la tarea aparentemente sin sentido y abocada al fracaso del propio narrador literario, aunque sorprendentemente todo lo que hace y escribe acabe encontrando un inesperado sentido, que le hace sentirse un creador artístico de mundos imaginarios en sí mismo privilegiado. Evidentemente hay diferencias muy claras entre las Andanzas y El estupor, ya que en el segundo caso la novela tiene un carácter mucho más reflexivo que la primera, tratando de mostrar algunos rasgos inherentes a la Bildungroman, que en el primer caso sólo habían quedado apuntadas. Magnífica en cualquier caso la descripción de la trasmutación del oficio de impresor en el de zapatero en la primera novela, y de la transformación que a su vez genera el enamoramiento ya en edad madura del protagonista principal. A este respecto ambas novelas hacen un claro homenaje a la génesis histórica de este estilo literario típicamente centroeuropeo, tan lejano en ciertos aspectos de la actitud vital del hombre meridional mediterráneo. Pero precisamente aquí surge la reflexión crítica: ¿Sería posible extrapolar el contexto centroeuropeo de la narrativa literaria de Pablo D’Ors al género de vida más espontáneo del hombre mediterráneo? ¿Se podría describir con mayor detenimiento y verosimilitud el tránsito del uso meramente mimético de este tipo de artificios literarios a aquel otro verdaderamente ilusionista o reverberante de la aparición de un nuevo sentido, una vez que verdaderamente se piensa, como ahora ocurre, que este tránsito es posible?

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