Frankfurt, Harry G., Necesidad, volición y amor, Katz, Buenos Aires y Madrid 2007, 278 páginas. Traducción castellana de Horacio Pons.

por Javier García-Valiño Abós

1. El autor

Harry G. Frankfurt nació en Pennsylvania (Estados Unidos), en 1929. Doctor en Filosofía (1949) por la Universidad John Hopkins, ha sido profesor en cinco universidades norteamericanas; entre ellas, la de Princetown, en la que actualmente es profesor emérito.

Sus principales maestros han sido siempre san Agustín y, sobre todo, Descartes, a quien sigue considerando guía y estímulo de su pensar filosófico. En él aprecia, principalmente, su actitud filosófica, su ‘escepticismo metodológico’ y su ‘lúcido estilo’ (‘Prefacio’, p. 9). “Mis esfuerzos sostenidos por recuperar la vitalidad de su pensamiento y rastrear los entresijos y las profundidades de éste, me enseñaron más filosofía que la que he podido aprender por cualquier otra vía” (p. 10). En el estilo de Frankfurt se percibe un esfuerzo de claridad y coherencia, cuyo fruto es una apreciable honestidad intelectual.

Frankfurt entiende que la voluntad, la ‘necesidad volitiva’, es la clave principal de la actitud y la obra filosófica de Descartes. “Para éste, el modo de necesidad más fundamental para la empresa de la razón no es lógico, sino volitivo: una obligación de la voluntad” (p. 10). De hecho, la voluntad es uno de los temas centrales del pensamiento de Frankfurt. Su interpretación de la voluntad y el amor está muy influida por san Agustín, quien no en vano es considerado como precursor de Descartes en aspectos importantes de éste. Esa influencia se percibe con claridad en algunos de los ensayos que componen este libro. Estimo que Frankfurt es el filósofo vivo que ha hecho aportaciones más significativas al tema de la voluntad.

2. Breve descripción del contenido

El libro se compone de un ‘prefacio’ y catorce artículos o ensayos filosóficos, publicados en diferentes momentos de la vida de su autor, desde 1964 hasta 1997, en distintos libros y revistas. La secuencia en la que aparecen aquí es cronológica. (En la primera página de cada uno, en nota al pie, está la referencia de la edición original).

Para agrupar los catorce ensayos, de variada temática, bajo un título breve, el autor ha elegido tres palabras-claves: necessity, volition, love, que indican los grandes temas de fondo que son como el hilo conductor de todo el libro y de la larga trayectoria intelectual del filósofo norteamericano. En efecto, todos los ensayos versan, directa o indirectamente, sobre la voluntad y la volición, la ‘necesidad volitiva’ y el amor, interpretado como una ‘configuración de la voluntad’.

La riqueza y densidad de los ensayos no nos permiten hacer aquí más que una breve presentación de algunos. Varios de los ensayos son reflexiones sobre cuestiones cartesianas. En particular, el segundo: “Descartes y el análisis de su existencia en la ‘Segunda meditación’”; el tercero: “Descartes sobre la creación de las verdades eternas”; el cuarto: “Dos motivaciones para el racionalismo: Descartes y Spinoza”; y el sexto: “Acerca de la libertad y los límites de la voluntad”.

En este último, se hace un fino análisis de la concepción de la libertad de la voluntad en Descartes y en su discípulo Rogers Albritton, con referencias a un artículo de éste: “Freedom of will and freedom of action” (1985). Frankfurt considera que “los dichos de Descartes y Albritton (sobre la libre voluntad) corresponden más al poder de la voluntad que a su libertad” (p. 123): lo que sostienen ambos es que el poder de la voluntad es ilimitado.

El octavo ensayo, “La más tenue de las pasiones”, versa sobre un fenómeno antropológico que interesa especialmente al autor: la ambivalencia, indeterminación o división volitiva. Se trata de un conflicto interno de la voluntad, muy propio de la condición humana, que ya fue descrito por san Agustín en sus Confesiones. De hecho, en este ensayo se nota especialmente la influencia agustiniana.

En el undécimo ensayo, “Autonomía, necesidad y amor”, a mi juicio uno de los más notables de este libro, se hace un examen comparativo de las ‘necesidades del deber’ y las ‘necesidades del amor’, o las demandas de uno y el otro, mostrando la analogía y diferencias entre unas y otras. El autor hace un examen bastante crítico del concepto kantiano de autonomía, en relación con los dictados supuestamente ‘racionales’ de la ley moral y la ‘voluntad pura’. Este ensayo contiene consideraciones muy relevantes sobre la naturaleza básicamente volitiva del amor, y las características y demandas del ‘amor activo’, que “no tiene por qué basarse en el egoísmo” (p. 211). Frankfurt explica “por qué las demandas del amor, a diferencia de las meras presiones de la emoción y el deseo, no sólo tienen poder, sino autoridad. Para el amante, la autoridad de las demandas que le hace su amor es la autoridad de su propia naturaleza esencial como persona” (p. 218). Y vincula esa ‘autoridad’ con la unidad volitiva, puesto que “existe una necesidad humana muy primitiva de establecer y mantener la unidad volitiva” (p. 219).

3. Valoración crítica y conclusión orientativa

Una de las principales tesis del autor hace referencia a la naturaleza del amor: ésta es básicamente volitiva, no sentimental o emocional. En la cultura occidental contemporánea se ha oscurecido u olvidado en gran medida esta importante verdad antropológica: el amor radica en la voluntad. Se suele considerar que el amor consiste principalmente en cierto tipo de sentimientos y/o emociones. Sin embargo, en contra de esta corriente general, estimo que Frankfurt y otros autores están redescubriendo la naturaleza básicamente volitiva del amor. Así, por ejemplo, en el undécimo ensayo, titulado “Autonomía, necesidad y amor” (1993), Frankfurt ha sostenido que el núcleo del amor es volitivo: “el amar difiere del hecho de tener cierto tipo de sentimientos, como los de la atracción poderosa, el deseo intenso o el deleite cautivador. (…) El amor suele implicar, desde luego, varios sentimientos o creencias fuertes que lo expresan, revelan o respaldan. Sin embargo, el núcleo del amor no es afectivo ni cognitivo. Es volitivo” (p. 206). En el siglo XIII, Tomás de Aquino decía que el amor es una “procesión interna de la voluntad” (De potentia, q. 10, a. 2, ad 11); a finales del XX, en esta obra, Frankfurt ha sostenido que el amor es una configuración de la voluntad: “como el amor mismo es una configuración de la voluntad, no puede ser cierto que el amor de una persona que ama auténticamente algo sea por completo involuntario” (p. 217). En este sentido, es menester ampliar el concepto de razón práctica, para conceder al amor, a través de la ‘auto-reflexión de la voluntad’, el papel decisivo que le corresponde: “la ‘razón’ (…) también debe incluir la capacidad de formar actitudes hacia nuestra propia voluntad. El núcleo de nuestra capacidad de amar es esa autorreflexión volitiva, y no una actividad discursiva o referencial” (p. 208, nota 2).

A mi juicio, el oscurecimiento de esta importante verdad ha tenido consecuencias muy negativas en el orden personal y social, que también se han manifestado en el ámbito educativo (reglado y no reglado). Estimo que la temática de este libro y las principales tesis de Frankfurt tienen una gran relevancia antropológica y ética, pero también implicaciones pedagógicas o educativas de gran alcance. A la luz de este libro, considero que, en los últimos años, no se ha prestado a la voluntad y al amor la importancia que merecen en nuestro sistema educativo; y, más aún, que la educación de la voluntad es la ‘gran ausente’ en la mayoría de las teorías y propuestas psico-pedagógicas recientes y en los nuevos documentos normativos que regulan la enseñanza secundaria en España. A mi parecer, la marginación u olvido de la voluntad está asociada a una valoración quizá excesiva de los sentimientos y las emociones. Lo cual se aprecia no sólo en nuestro sistema educativo, sino en nuestra cultura, en la mentalidad del hombre actual, al menos en Occidente. Una cultura y una mentalidad impregnadas de un notable ‘sentimentalismo’ y aún fuertemente influidas por la visión romántica del amor.

Estimo que Frankfurt, además de ser un buen filósofo, es un escritor que cultiva el ensayo breve de un modo magistral. Como ejercicios de escritura filosófica, estos catorce ensayos me parecen modélicos, por su claridad, precisión conceptual y coherencia argumentativa. Aunque me parece que, a veces, faltan ejemplos: el lector podría desear o necesitar más ejemplos que ilustren las tesis del autor.

Así, pues, por el interés y actualidad de los temas, la brevedad de los ensayos y las cualidades de su estilo literario, este libro puede ser bien acogido no sólo por académicos de la filosofía, sino por un público culto mucho más amplio.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Antropología filosófica

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s