Hanna, Robert; Kant, Science, and Human Nature, Oxford University, Oxford, 2006, 483 pp.

Carlos Ortiz de  Landázuri

Kant, ciencia y naturaleza humana, pretende mostrar la continuidad existente entre el proyecto programático idealista kantiano y las propuestas de naturalización de la razón y de racionalización de la naturaleza por parte de la filosofía analítica contemporánea, especialmente a partir de Strawson y Quine. A este respecto Robert Hanna ya había puesto de manifiesto en una obra anterior de 2001, Kant y los orígenes de la filosofía analítica, el paralelismo  existente entre el análisis modal kantiano de la validez de las proposiciones “a priori” y el actual análisis semiótico del significado de las palabras y representaciones, ya se tome como punto de partida el punto de vista logicista de Frege, el lingüístico de Wittgenstein o el estrictamente científico de Quine (cf. Hanna, Robert, Kant and the Foundations of Analytic Philosophy, Oxford University, Oxford, 2001). Por su parte Hanna ahora da un paso más, que antes sólo se había sugerido: establecer un paralelismo entre las pruebas de Kant en la Crítica de la Razón Pura para refutar al idealismo y el actual rechazo por parte de Quine y Strawon del esencialismo metafísico racionista, con un resultado común: la  recuperación que en ambos casos se habría producido de un realismo transcendental naturalista, así como de una fundamentación práctica de las ciencias humanas, con anterioridad a los posteriores proyectos de la Crítica del Juicio o al “Opus Postumum”.

Precisamente ahora se concibe la evolución intelectual de Kant como un modelo en pequeño de lo ocurrido en el pensamiento analítico posterior a 1950, donde también se habría producido un paso obligado entre dos imágenes contrapuestas del saber, pero condenadas a entenderse, a saber: por un lado, un realismo empírico regulado a su vez por una razón lógica vulgar cada vez más “a priorista”; y, por otro lado, un realismo científico-transcendental  mediante el que se espera lograr tres objetivos: una progresiva desaparición de cualquier pequeño resto de la antigua metafísica, una completa naturalización del conocimiento, así como un progresivo esclarecimiento del “noumeno” extramental del que a su vez depende nuestro conocimiento. De este modo tanto Kant como el pensamiento analítico contemporáneo habría postulado una fundamentación práctica del conjunto de las ciencias exactas a partir de unos principios comunes de la naturaleza humana, sin necesidad de remitirse a los presupuestos especulativos esencialistas de la metafísica clásica.

Para alcanzar estas conclusiones la obra se divide en cuatro capítulos, subdivididos a su vez en dos partes: La primera parte, Realismo empírico y realismo científico, analiza el paso progresivo que tanto en Kant como en el pensamiento contemporáneo se produjo de una imagen del mundo vulgar a otra científico-transcendental, a través de cuatro capítulos: 1) El realismo perceptivo directo I: La refutación del idealismo, se analiza la presencia en Kant de un realismo perceptivo directo que va más allá del realismo empírico vulgar, para afirmar la posibilidad de un realismo científico-transcendental que ya no se  basa en razones de tipo metafísico, sino en virtud de un antropocentrismo de tipo práctico, como de hecho también ocurre actualmente en Churchland, Kripke, Putnam, Nagel o Evans; 2) El realismo perceptivo directo II: El contenido no conceptual, comprueba como el realismo científico-transcendental kantiano exigió a las  percepciones directas un vaciamiento exhaustivo de cualquier contenido conceptual de tipo metafísico, al modo como también hoy día exigen algunos eliminativistas antimetafísicos para salvar la espontaneidad de las representaciones o vivencias naturales y evitar así el dogma de la sobredeterminación cultural, como también propusieron Rorty, Sellars o Churland, aunque no así McDowell; 3) Realismo manifiesto I: Una crítica del esencialismo científico, rechaza que Kant pretendiera justificar el acceso perceptivo directo a la realidad en sí nouménica en virtud de los conceptos abstractos de la ciencia natural. En su lugar Kant más bien habría establecido una estricta separación entre los designadores rígidos de este tipo de constructos mentales y el tipo de vivencias naturales que nos permiten acceder a la realidad transfenoménica del mundo en torno, como también hicieron notar Wittgenstein, Kripke o Putnam; 4) Realismo manifiesto II. Por qué el oro es necesariamente un metal amarillo, analiza la posible interpretación realista que, a pesar de todo, Kant siguió haciendo de las ahora mencionadas proposiciones analíticas “a priori”, así como de las proposiciones sintéticas “a posteriori”, a fin de justificar un posible paso desde las  propiedades primarias hasta las secundarias, desde el nivel microscópico hasta el macroscópico, desde las apariencias fenoménicas a la apercepción de unas  representaciones conceptuales cada vez más configuradotas del mundo nouménico real, como de hecho también ocurre en Kaplan, Perry, Bennett, Hacker o McGinn y otros autores antes mencionados.

La segunda parte analiza el similar papel que desempeñaron los principios de la naturaleza humana en la fundamentación práctica del saber, tanto en Kant como en los filósofos analíticos posteriores a 1950, a través de otros cuatro capítulos: 5) La verdad y la naturaleza humana, justifica el similar grado de veracidad con que los seres humanos perciben la objetividad científica en virtud de unos principios comunes de la naturaleza humana, a pesar de no poder garantizar una verdad o correspondencia plena, ni el logro final de una progresiva semejanza, como también sucedió en Frege, More, Wittgenstein, Tarski, Austin o Sellars; 6) Matemáticas para humanos, atribuye a las proposiciones sintéticas “a priori” de las matemáticas un origen empírico y a la vez fuertemente transcendental, justificando así su doble carácter deductivo  y a la vez inductivo, esquemático y a la vez fáctico, completo y a la vez indecidible, como también ocurrió en el teorema de Gödel, en la visión de las matemáticas en Hintikka o  en el algebra, según Shabel; 7) ¿Cómo podemos conocer las verdades necesarias?, justifica la posibilidad de congeniar la necesidad lógica o “a priori” y la necesidad epistémica o “a posteriori”, así como sus respectivos grados de contingencia y posibilidad, con sus múltiples grados de certeza, de creencia y de puntos de vista, a partir de la bipolaridad inherente a la regulación de los principios de la razón, con anterioridad al posterior uso del lenguaje, como también hoy día han afirmado Fodor, Carruthers o Broad; 8) ¿Dónde está el camino a seguir por la voluntad?: Causalidad y libertad, admite la posibilidad de autolimitar el espontáneo desarrollo de la acción humana en virtud de dos principios antagónicos de la naturaleza humana, como son la necesidad de la naturaleza y el propio sentido del deber, a pesar de su carácter analógico y de las antinomias que generan, como recientemente también han señalado Strawson, Westphal, O’Neil, Kane, Frankfurt, Watkins, Hacking, entre otros.

Para concluir una reflexión crítica. Es indiscutible que Kant rechazó la deriva idealista que ya en el siglo XVIII estaba tomando la filosofía racionalista moderna. Sin embargo es más discutible que ese programa tan ambicioso lo hubiera desarrollado ya completamente en la Crítica de la Razón Pura, con anterioridad a la tercera Crítica del Juicio y en el llamado “Opus Postumun”, aunque sin duda fue entonces cuando se puso el fundamento de tal proyecto. Y en este sentido cabría preguntarse. ¿Se puede separar la recuperación de un realismo no-metafísico por parte de Kant de su posterior evolución intelectual que le hizo distanciarse cada vez más de los presupuestos idealistas de su filosofía, a pesar del rechazo explícito que de ellos hizo en la Crítica de la Razón Pura? ¿Se puede seguir tomando la Crítica de la Razón Pura como el lugar más adecuado para justificar una articulación teórico-práctica de los principios de la naturaleza humana, incluyendo la articulación entre naturaleza y libertad, cuando a lo largo de su evolución posterior trató de alcanzar un planteamiento más correcto de este problema? ¿Se puede seguir tomando el rechazo de la metafísica aristotélica como el motivo central de su rechazo de un realismo científico-esencialista, cuando de hecho la evolución posterior de Kant marcan un lento pero progresivo acercamiento a las tesis gnoseológicas y metafísicas aristotélicas?

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Archivado bajo Antropología filosófica, Epistemología, Historia de la filosofía moderna

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