Kiełtyka, Robert. On Zoosemy: The Study of Middle English and Early Modern English Domesticated Animals. Rzeszów: Wydawnictwo Uniwersytetu Rzeszowskiego, 2008, 257 pp. Preface by Grzegorz A. Kleparski. ISBN.: 978-83-7338-387-6.

Por Pedro José Chamizo Domínguez

El uso de nombres que significan literalmente en el ámbito del dominio animal para referirse translaticiamente al ámbito de dominio humano (zoosemia) es un fenómeno extendido en cualesquiera lenguas y culturas. Y esto ocurre hasta el punto de que el mismo nombre se usa, en función del contexto con carácter meliorativo (Vg.: gato por «hombre sagaz, astuto»),[1] con carácter peyorativo (Vg.: gato«ladrón, ratero que hurta con astucia y engaño») o con carácter axiológicamente neutro o estrictamente referencial (Vg.: gato por «hombre nacido en Madrid»). Incluso muchas veces el nombre que significa literalmente un animal (o su imagen) se usan para simbolizar o referirse a las mismísimas personas de la Santísima Trinidad (Vg.: el pez por Jesucristo)[2] o a naciones o grupos sociales (Vg.: el toro como símbolo de España).[3] Es más, este fenómeno tan extendido consistente en referirse al dominio de lo humano con términos que literalmente significan en el dominio animal es explotado cognitivamente para usar algunos de estos términos en función de sus múltiples significados. Así, por ejemplo, el nombre del grupo musical The Pussycat Dolls, ha sido probablemente escogido en función de los diversos significados que tiene el término inglés pussy-cat; a saber: 1) «a nursery word for a cat»; y 2) «applied to a person (…) one who is attractive, amiable, or submissive» (OED, 1989).[4] Por no mencionar el hecho de que, aisladamente considerados, los sustantivos ingleses cat y pussy, además de significar literalmente gato, significan: 1) «a prostitute»; 2) «the vagina»; y 3) «a woman thought available for promiscuous copulation» (Holder, 2003). Y hay otras a veces en que incluso se recurre a códigos más ocultos que en el caso anteriormente mencionado. Este es el caso del nombre de otro grupo musical, The Guerrilla Girls, cuyo significado, prima facie, sería el de Las (chicas) guerrilleras. No obstante, y dado que las componentes de ese grupo musical aparecen disfrazadas con caretas de gorilas y los sustantivos ingleses gorilla y guerrilla son un caso paradigmático de homofonía, The Guerrilla Girls significará a la vez Las (chicas) guerrilleras y Las (chicas) gorilas.[5]

Pues bien, todos estos ejemplos son casos de términos que se han convertido en polisémicos u homónimos mediante un largo, y a veces intrincado, proceso histórico en el que han actuado los mecanismos habituales que intervienen en el cambio semántico, mecanismos tales como la metáfora, el eufemismo, la metonimia, la ironía, el disfemismo o la sinécdoque. Y este proceso es el que estudia en el caso de la lengua inglesa Robert Kiełtyka en su On Zoosemy: The Study of Middle English and Early Modern English Domesticated Animals, trabajo que fue originalmente presentado como tesis doctoral dirigida por el profesor Grzegorz A. Kleparski (Universidad de Rzeszów). Para llevar a cabo su objetivo el autor divide su obra en dos partes principales, que él llama “capítulos”. En el capítulo I, «Historical Semantics: Past Achievements and Modern Vistas» (pp. 23-88), pasa revista al estado de la semántica histórica y a las diversas teorías lingüísticas que han tratado de explicar el cambio semántico desde el siglo XIX hasta nuestros días, haciendo especial hincapié en la explicación de la metáfora y la metonimia que proporciona la moderna lingüística cognitiva. En el capítulo 2, «Semantic Development of Middle English and Early Modern English Canine, Equine and Feline Zoosemy» (pp. 89-226), el autor centra su estudio en las transferencias metafóricas que se han hecho en la lengua inglesa hacia el dominio humano desde los dominios canino, equino y felino. No obstante, Robert Kiełtyka no se limita solamente a estudiar este fenómeno en el caso del inglés, sino que, además, hace un estudio contrastivo y comparativo de estas transferencias de significado desde el dominio de los animales domésticos al dominio de lo humano en las más diversas lenguas, entre las que se incluyen no solo muchas lenguas indoeuropeas sino también otras tales como el mandarín, el hebreo o el húngaro. Además de las dos partes centrales a las que acabo de aludir, el libro contiene un «Preface» (pp. 7-9) del Profesor Grzegorz Kleparski que es un acreditado especialista en semántica histórica y zoosemia, una página de convenciones tipográficas (p. 10), una «Table of Abbreviations» (pp. 11-14), una «Introduction» (pp. 15-21), unas «Conclusions» (pp. 227-242) y una extensísima y actualizada bibliografía dividida en dos partes: 1) «Dictionaries and Corpora» (pp. 243-245); y 2) «Other References» (pp. 245-257). Con respecto al aparato bibliográfico, aunque es más que suficiente para el propósito que el autor se propone llevar a cabo, quisiera añadir algunas trabajos monográficos sobre zoosemia que no han sido recogidos en este libro y que pudieran serle de utilidad en futuros estudios; a saber: Chamizo Domínguez y Zawislawska (2008), Echevarría Isusquiza (2003), Ferrario (1990) o Vigerie (1992).

El libro de Robert Kiełtyka cumple con creces el objetivo que su autor se propone con él de dar cumplida cuenta de la evolución semántica en la lengua inglesa de los nombres de los animales domésticos; lo cual es especialmente notable dado el hecho de que, a pesar del uso que hacen los hablantes de cualesquiera lenguas de la zoosemia, los académicos le han prestado poca atención hasta ahora a la cuestión. Ahora bien, como acontece con todo trabajo bien hecho, este libro no solo cumple con su objetivo particular, sino que, además, abre ciertas perspectivas interesantes para futuras investigaciones sobre el tema. De acuerdo con ello, me atrevo a sugerirle al autor un par de líneas de investigación que bien pudiera llevar a cabo en el futuro:

1.     En primer lugar quisiera referirme al fenómeno de transferencia metafórica del dominio de las plantas al dominio humano (plantosemia), fenómeno al que no se ha prestado prácticamente ninguna atención. Bien es cierto que los casos de plantosemia que se pueden documentar en una lengua dada son cuantitativamente menores que los de zoosemia, pero no es menos cierto que también existe una amplia nómina de términos que significan literalmente en el dominio vegetal y se aplican translaticiamente al dominio humano, lo mismo aisladamente considerados que formando parte de unidades fraseológicas. Baste, a título de ejemplo, citar algunos casos de la lengua española entre los que están lexicalizados y, consecuentemente, recogidos en el DRAE, aunque este diccionario no es exhaustivo ni mucho menos al respecto: alcornoque, que, además de significar literalmente el árbol, significa translaticiamente «persona ignorante y zafia»; papa, que además de significar literalmente el tubérculo, significa translaticiamente «mentira» (México) y «mujer hermosa» (Uruguay); pera, que, además de significar literalmente la fruta, significa translaticiamente «dicho de una persona: muy elegante y refinada, que raya en lo cursi», sin mencionar que el modismo pera en dulce significa «persona o animal de excelentes cualidades»; o trufa, que, además de significar la criadilla de tierra, significa en el dominio de lo humano «embuste (mentira)».

2.    En segundo lugar, y dado que en este libro no solo se estudia el fenómeno lingüístico y cognitivo de la zoosemia en la lengua inglesa, sino que, como he señalado anteriormente, se hacen continuas referencias al mismo fenómeno en otras muchas lenguas, sería interesante llevar a cabo estudios sistemáticos y contrastivos de la zoosemia en las diversas lenguas. Estos estudios, además de su indudable valor teórico, tendrían también un gran valor práctico, especialmente para los traductores y para la confección de diccionarios bilingües, especialmente en los casos de divergencias. Por ejemplo, el sustantivo polaco cipka/cipa y el sustantivo español polla designan ambos literalmente en el dominio animal a la gallina joven; pero el sustantivo polaco designa metafóricamente a la vagina u órgano sexual de las mujeres, mientras que el sustantivo castellano designa al pene u órgano sexual de los hombres en el español hablado en España y es obviamente un término tabú; amén de que en el español hablado en América significa, entre otras cosas, «apuesta, especialmente en carreras de caballos» (DRAE, 2008) y, obviamente, no es un término tabú de ninguna manera. De modo análogo el sustantivo inglés bug y el español bicho son sustituibles el uno por el otro salva veritate en el dominio animal, pero sus significados translaticios en el dominio humano son muy diferentes. Y ello porque bugsignifica translaticiamente «an unexpected defect, fault, flaw, or imperfection», «a sudden enthusiasm», «enthusiast», «a prominent person» o «a crazy person» (Merriam-Webster, 2008), mientras que bicho significa, entre otras cosas, «persona aviesa, de malas intenciones», «persona (individuo)» o (El Salvador y Honduras) «niño, muchacho» (DRAE, 2008). Y si todos estos ejemplos son casos de términos que pueden llevar al error al más experto de los traductores, muchos más problemático es el caso de los falsos amigos, tema sobre al que me he ocupado desde hace algún tiempo.

En cuanto al capítulo de las cosas que he echado en falta en este libro, quisiera señalar dos. La primera de ellas es estrictamente formal, se trata de la ausencia en el libro de un índice de los nombres propios y de los términos más relevantes que aparecen en la obra, índice que sería de mucha utilidad a la hora de consultar algún detalle concreto. La segunda de ellas tiene algún alcance teórico mayor. Cuando se estudia la zoosemia se da por hecho el que estamos tratando de proyecciones metafóricas o metonímicas desde el dominio animal al humano. Ahora bien, cuando utilizamos el nombre que designa literalmente a un animal para referirnos al dominio humano, lo que estamos haciendo en última instancia es una proyección antropomórfica sobre los animales, dado que damos por aceptado que los animales tienen determinadas características que, hablando con propiedad, son estrictamente humanas. Así, por ejemplo, si tórtolo ha pasado a significar en el dominio humano «hombre amartelado» y «pareja de enamorados» (DRAE, 2008), esto ha sido posible porque previamente hemos aceptado que los tórtolos y las tórtolas son constitutivamente enamoradizos, cosa que, hablando con propiedad, solamente es predicable de los humanos. Y ello sin mencionar el que hay casos en los que se sabe explícitamente que el proceso de transferencia de significado se ha tenido históricamente un viaje de ida y vuelta. De entre estos casos quisiera referirme, a título de ejemplo, a dos de ellos: un caso de zoosemia y otro de plantosemia. Con respecto al caso de zoosemia, es sabido que el sustantivo zorra se aplicó históricamente en primer lugar a los seres humanos (Corominas y Pascual, 1984-87) y solo posteriormente se usó para referirse al animal que los latinos llamaban vulpes, de cuyo diminutivo vulpecŭla proceden los sustantivos españoles vulpeja y vulpécula; y ello a pesar de que los hablantes actuales del español no sean conscientes de este proceso diacrónico y hayan vuelto a usar el sustantivo zorra en el dominio humano para significar. Con respecto al caso de plantosemia, es relevante hacer notar que el sustantivo español aguacate (que desde el español se ha extendido a multitud de lenguas: alemán Avocado; francés avocat; inglés, italiano y neerlandés avocado; polaco awokado; portugués abacate; griego αβοκάντο) procede del término āhuacatl, que en lengua náhuatl significa literalmente testículo (Corominas y Pascual, 1984-87). Y, una vez lexicalizado en español el sustantivo aguacate en español para designar al fruto, en las variedades del español habladas en América Central se use ese sustantivo para designar a una «persona floja o poco animosa» (DRAE, 2008).

Para concluir quisiera hacer hincapié en que la lectura de On Zoosemy: The Study of Middle English and Early Modern English Domesticated Animals, Robert Kiełtyka, es sumamente recomendable por, al menos, las siguientes razones: 1) porque su contenido se ajusta a los prometido en el título; 2) porque en este estudio se ha tenido en cuenta el estado actual de las teorías sobre la metáfora y la metonimia; 3) porque es de suma utilidad para futuros estudios contractivos de la zoosemia en las diversas lenguas y, en consecuencia, para la tarea práctica de los traductores; y 4) porque lo contenido en él es susceptible de ser ampliado a ulteriores estudios en los que se amplíe este tema tan sugerente de las transferencias de significado desde el dominio animal al dominio humano, sea esto en las dos líneas de investigación que me he permitido sugerir o en otras que a mí se me escapen.

Referencias bibliográficas

Chamizo Domínguez, Pedro J. 2008. Semantics and Pragmatics of False Friends. Londres/Nueva York: Routledge.

Chamizo Domínguez, Pedro J. y Magdalena Zawislawska. 2008. «Animal Names Used as Insults and Derogation in Polish and Spanish». Philologia Hispalensis, 20/1: 137-174. Disponible en: http://www.institucional.us.es/revistas/revistas/philologia/pdf/numeros/20/1_chamizo.pdf

Corominas, Joan y José A. Pascual. 1984-87. Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Madrid: Gredos.

DRAE. 2008. Diccionario de la lengua española. Madrid: Real Academia de la Lengua. En http://buscon.rae.es/draeI/

Echevarría Isusquiza, Isabel. 2003. «Acerca del vocabulario español de la animalización humana». Círculo de lingüística aplicada a la comunicación, 15. Disponible en: http://www.ucm.es/info/circulo/no15/echevarri.htm

Ferrario, Elena. 1990. La metafora zoomorfa nel francese e nell’italiano contemporanei. Brescia: La Scuola.

Holder, Robert W. 2003. A Dictionary of Euphemisms. How Not To Say What You Mean. Oxford: Oxford University Press.

Merriam-Webster. 2008. Merriam-Webster on Line. Disponible en: http://www.merriam-webster.com/

Oxford English Dictionary. 1989. The Oxford English Dictionary. Edición de J. A. Simpson y E. S. C. Weiner. Oxford: Clarendon Press.

Sellar, Walter C., y Robert J. Yeatman. 1991. 1066 and all that. A Memorable History of England comprising all the parts you can remember including 103 Good Things, 5 Bad Kings and 2 Genuine Dates. Londres: Methuen [1930].

Vigerie, Patricia. 1992. La Symphonie animale. Les animaux dans les expressions de la langue française.París: Larousse.

Pedro José Chamizo Domínguez,

pjchamizo@uma.es

Universidad de Málaga

pjchamizo@uma.es

[1] Las definiciones de los términos castellanos las tomaré, salvo indicación expresa, de la edición electrónica del Diccionario de la lengua española (DRAE, 2008, en adelante).

[2] Como es sabido, el origen de la figura del pez para simbolizar a Jesucristo está en el hecho de que pez se dice en griego ichthys, sustantivo que coincide con el acrónimo de Iēsous Christos Theou Huios Sōtēr(Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador).

[3] A este caso alude el propio Robert Kiełtyka en su libro (p. 28), aunque me gustaría añadir a la información que se proporciona ahí que la imagen del toro en la bandera oficiosa de España tiene su origen en una famosa valla publicitaria del brandy de Osborne. No obstante, y a pesar de este origen comercial, el Toro de Osborne es la única valla publicitaria que se indultó cuando el Gobierno Español prohibió la publicidad comercial en las vías interurbanas (1998); y este indulto fue posible precisamente porque el Toro de Osborne era ya un símbolo oficioso de la propia España y con este sentido es utilizado por los seguidores de los equipos deportivos españoles.

[4] Aunque el OED no recoge estas acepciones, la versión electrónica del Collins English Dictionary & Thesaurus (http://uma.lexibase.reverso2.net/Main.aspx. Consultado el 30 de octubre de 2008), añade, como “taboo slang”, las siguientes: 1) «the female pudenda»; y 2) «a woman considered as a sexual object».

[5] La homofonía de los sustantivos ingleses gorilla y guerrilla se suele explotar cognitiva y humorísticamente con bastante frecuencia. A título de ejemplo baste la siguiente cita: «The second part of the Napoleonic War was fought in Spain and Portugal and was called the Gorilla War on account of the primitive Spanish method of fighting» (Sellar y Yeatman, 1991: 99). Para ulterior información sobre este asunto, ver Chamizo Domínguez (2008: 82-85).

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