S. Agustín, Las Confesiones, Editorial Tecnos, Colección “Los esenciales de la filosofía”, 2ª Edición, 2007, pp. 559.

por Ignacio Falgueras Salinas

Esta nueva edición de la obra históricamente más conocida del gran Obispo de Hipona, que, habiendo visto la luz por primera vez el año pasado, ha requerido una reedición en éste –cosa nada frecuente en esta clase de publicaciones–, reúne dos grandes aciertos que la recomiendan. El primer gran acierto es el tipo de edición: un tamaño que la hace asequible a la mano (21×12 cms.), un tipo de letra y papel bien legibles, y un notable esfuerzo editorial, que esta vez no se ha limitado a ofrecer una selección de textos, sino la extensa obra íntegra, adornada con muy útiles aditamentos. Tan atractiva presentación aproxima de entrada el escrito al lector y le pone cómodamente a la mano una obra que, a pesar de haber sido escrita hace más de 1.600 años, palpita todavía, llena de humanidad y de grandeza de espíritu. El segundo acierto básico ha sido el encomendar la traducción a un gran especialista en el pensamiento antiguo y medieval, el Dr. D. Agustín Uña Juárez, profesor titular de la Universidad Complutense. Con un trabajo cuidadoso hasta el menor detalle, el traductor ha conseguido hacer compatibles la fidelidad al texto, cargado de expresiones magistralmente acuñadas por el talento teológico, filosófico y retórico de s. Agustín –cuyo uso del lenguaje latino reúne la sencillez bíblica y la majestuosidad expresiva de Cicerón (p.103)–, con un estilo de lenguaje español muy asequible, así como con el objetivo de servir de instrumento de investigación a los universitarios. El esmero puesto en la traducción se advierte en la secreta emoción que la acompaña y que imita en todo lo posible la vibrante expresión del gran maestro de Hipona. La voluntad de rigor del traductor se observa en los numerosos paréntesis que recogen los términos exactos latinos cuando la expresión española no se ajusta con finura a las connotaciones y sugerencias del latín. El esfuerzo hecho para facilitar y enriquecer la lectura salta a la vista en el trabajo adicional que se ha tomado para poner un título a cada libro, y a cada capítulo dentro de cada libro, así como para aclarar los pasajes que lo piden con notas e indicaciones de estudio muy oportunas.

A todo lo que va dicho se añade una utilísima Introducción de casi 100 páginas, en las que A. Uña (i) presenta a s. Agustín, (ii) presenta Las Confesiones, (iii) presenta su traducción, y (iv) ofrece una rica bibliografía que incluye, aparte de las revistas, diccionarios y otros instrumentos de información básica sobre el pensamiento agustiniano, un conjunto de 66 estudios generales sobre s. Agustín seleccionados desde la perspectiva de Las Confesiones, las principales ediciones modernas del texto latino, las principales traducciones al español, y una segunda selección de 49 estudios especializados sobre la obra misma. Tan completísimo panorama otorga una riqueza y solidez a esta edición que la hacen altamente encomiable. Sólo un par de párrafos de la Introducción, dentro del apartado que intenta dibujar el perfil humano del maestro de Hipona, desentonan un poco del conjunto. En efecto, en las páginas 75-76, hablando del ardoroso entusiasmo del corazón de s. Agustín, se califica de «peligroso» el fervor de su larga y zigzageante búsqueda de la verdad, por haber arrastrado consigo y convertido en meros satélites de su peripecia vital a sus amigos. ¡Muchos peligros así quisiera tener yo, que me arrastraran a buscar la verdad apasionadamente! Lo peligroso no es buscar la verdad, aunque sea cayendo en errores pasajeros, sino vivir adocenadamente y sin maestro. Y, además, si al final los llevó a buen puerto, ¿por qué no calificarlo como «guía seguro», en vez de como amistad peligrosa? Asimismo, un poco más abajo, afirma A. Uña que, en su ardorosa condición, a s. Agustín “se le escaparon fórmulas comprometidas que urge rebajar” o que, “por exageradas, rebajan… el poder natural de la razón para conocer”. En sendas notas se citan los textos concretos a que se hace referencia, y que son (a) el “Cum Deus coronat merita nostra nihil aliud coronat quam munera sua”, y (b) “cum essemus infirmi ad inveniendam liquida ratione veritatem…”, en los que aparecen dos temas recurrentes en el pensamiento del eminente Padre de la Iglesia. No me parecen atinadas esas apreciaciones. En cuanto a la primera, por el número de veces (no menos de 7) que la repite en sus obras no parece que fuera una fórmula que a s. Agustín se le “escapara”; tampoco parece que se trate de una “fórmula comprometida”, cuando la ha hecho suya la liturgia católica y el Concilio de Trento (Denzinger nn. 1545-1548); menos aún parece que “urja rebajarla”, si con ella lo que se quiere decir es: “Quia et quaecumque sunt bona opera mea, abs te mihi sunt, et ideo tua magis quam mea sunt” (Enarratio in Ps. 137, n. 18 [PL 37, 1783-84]). En cuanto a la segunda apreciación, la idea de «debilidad» está vinculada en la doctrina de s. Agustín a las consecuencias del pecado original, y afecta al entendimiento en las formas de ignorancia y de dificultad para conocer –sobre todo a Dios y a nosotros mismos–, pero sin disminuir su capacidad natural. En verdad, dicha debilidad, derivada del pecado, no corre a cargo de la iluminación divina, fuente de nuestra connatural inteligencia, pues dicha iluminación divina, en vez de hacernos –al estilo de Platón– meros objetos iluminados, o intelectos pasivos, nos da el ser activas luces iluminadas que iluminan (Cfr. Sermo 380, n.7, PL 39, 1681-1682). Por lo demás, el tenor de ambos párrafos es tan episódico en esta amplia Introducción que a muchos lectores les pasará desapercibido, y, desde luego, no quita valor al ingente, riguroso e instructivísimo trabajo realizado por A. Uña.

En especial, brilla con luz propia su minucioso estudio de Las Confesiones como obra literaria. Treinta páginas de la Introducción están dedicadas a ese fin, haciendo (i) un resumen detallado de las investigaciones y controversias histórico-filológicas de los dos últimos siglos, y (ii) una interpretación original del sentido de la obra, de su unidad y estructura, y de su lenguaje y estilo. Sin negar el evidente carácter biográfico, A. Uña se inclina por acentuar el sentido de alabanza a Dios de toda la obra, el cual sería lo que en el fondo le daría unidad, que es lo que, para casi todo el mundo, resulta más obviamente problemático de Las Confesiones como obra. Sin discrepar de A. Uña, personalmente yo distinguiría entre el contenido y la forma de la obra. El contenido de la obra es autobiográfico, la forma es la de una oración, un coloquio de s. Agustín con Dios, cuya nota dominante es la alabanza. Gracias a la simbiosis de ambos, forma y contenido, éste alcanza a tener un valor humano tan universal, que apela a cualquiera que lo lea, mientras que la forma llega a ser, por su parte, un maravilloso ejemplo de oración personal. El problema de los tres últimos capítulos, dedicados a hacer un comentario del Génesis, entiendo que es un falso problema. Se trata, en efecto, de un problema de contenido (no de forma): el comentario del Génesis rompe el esquema biográfico del resto de los libros. Sin embargo, se suele olvidar que toda autobiografía tiene, por definición, que quedar inacabada. El problema no es de s. Agustín, sino de cualquier autobiografía: ¿qué decir del presente en que se está escribiendo y del futuro? Algunos cuentos suelen terminar diciendo: “y fueron felices y comieron perdices”. Es una forma ingenua de acabar lo que todavía no se ha acabado. Pues bien, s. Agustín resume su presente y su futuro con un comentario del Génesis. ¿Por qué? Porque la oración y el estudio de la Sagrada Escritura eran sus más íntimas ocupaciones, en las que con más fervor vital empleaba su tiempo, no sólo mientras escribía Las Confesiones, sino durante toda su vida. Nótese que, de las muchas ocupaciones a que se dedicaba, las más universalizables para todos los creyentes son, precisamente, la oración y el estudio de la verdad revelada. Sus muchas preocupaciones como Obispo (cfr. Sermo 340, 3 [PL 38, 1484]) no eran compartibles por todos, y, aparte de eso, para él no existían intereses personales mayores que la búsqueda de la verdad y la solicitud por la Iglesia. Pero, ¿por qué terminar con un comentario precisamente del Génesis? Las Retractationes (426-427) nos ofrecen cumplida respuesta: no parece que haya habido ningún otro empeño investigador que tanto trabajo haya dado a s. Agustín. Iniciada hacia el 389 contra los maniqueos (De Genesi contra Maniqueos, Retract. I, 10, 1-3 [PL 32, 599-600]), fueron tantas las dificultades que encontró para la interpretación literal que volvió sobre ella en Las Confesiones, e inmediatamente después en el De Genesi ad litteram, obra cuya redacción le ocupó desde el 401 al 415, y de la que dice lo siguiente: “In quo opere plura quaesita quam inventa sunt: et eorum quae inventa sunt, pauciora firmata, caetera vero ita posita, velut adhuc requirendae sint” (Retract. II, 24, 1 [PL 32, 640]). Tales palabras recogen admirablemente el espíritu investigador del santo, a la vez que el reconocimiento de la inacabable tarea del comentario literal del Génesis. Con eso concuerda que, años después de acabada esta obra, le añadiera aún el libro duodécimo. Se puede decir, pues, que los tres capítulos finales de Las Confesiones reflejan, de modo nítido, la ocupación preferente del santo (la búsqueda íntima y universalizable de la verdad revelada) en el momento en que las escribía y a lo largo de toda su vida, por lo que constituye un digno colofón a su autobiografía.

En resumen, este denso, pero accesible contenido de la Introducción se ajusta con su también accesible continente en la excelente edición que la colección “Los esenciales de la filosofía” ha puesto al alcance de todos los hispanohablantes, y por la que merecen felicitaciones tanto la editorial como el autor de tan elaboradas y ricas traducción, introducción, notas y anexo.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Historia de la filosofía medieval

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s