TORRALBA ROSELLÓ, F.: El camino espiritual de Søren Kierkegaard. Madrid, San Pablo, 2008. 144 páginas. ISBN 978-84-285-3335-5.

por José García Martín

El autor de la presente obra es suficientemente conocido en el ámbito de la investigación kierkegaardiana como para necesitar ninguna presentación por mi parte. A su ya apreciable e importante curriculum bibliográfico (cuatro libros y más de quince artículos; para una mayor información, puede consultarse su sitio Web personal: http://francesctorralba.com/indice.php), se le une este nuevo libro, cuyo título no puede ser más sugerente. Porque me parece que reúne dos aspectos esenciales del pensamiento de Kierkegaard: a) su devenir personal; y b) su profunda espiritualidad. Pero vayamos por partes. Detengámonos con brevedad tanto en la forma como en el contenido.

En primer lugar, se trata de una obra poco extensa con intención claramente divulgativa; es decir, para el público en general. Por ello, el autor utiliza un vocabulario que, sin dejar de ser filosófico, resulta comprensible para la mayoría de los lectores no especialistas. En consonancia con tal característica, se ha prescindido del aparato crítico casi en su totalidad, siendo básica y suficiente la bibliografía apuntada. No obstante, presenta una gran virtud: casi todas las referencias bibliográficas de Kierkegaard son de sus Papirer  (Papeles), y más concretamente de sus Diarios (Dagbøger). Esto significa que, en su inmensa mayoría, se ha manejado fuentes directas y, lo que es más importante, se ha trabajado con una parte tan trascendental y desconocida de la obra kierkegaardiana como son sus textos autobiográficos. Por otro lado, el autor hace entrar en escena diversos filósofos en diálogo con Kierkegaard; entre los cuales cabe destacar a Nietzsche, con el que el escritor danés forma una pareja intelectual muy curiosa y fructífera (y que daría por sí misma materia suficiente para publicar otro libro).

En cuanto a la estructura del libro objeto de la presente reseña, consta de tres capítulos: 1. El personaje, en el que de modo introductorio pero esencial se lleva a cabo un retrato histórico-cultural-biográfico del insigne danés; 2. Su espiritualidad,  el capítulo central del libro, en el que se pone de manifiesto toda la espiritualidad kierkegaardiana, tanto positiva como negativa o críticamente; y 3. Sus textos, en el que el Dr. Francesc, de forma bastante original, destaca la centralidad del tema del amor  y el peso de la concepción de Dios como amor en Kierkegaard. Con todo, cabría haber añadido una selección de textos kierkegaardianos que completara este estupendo libro.

Creo que el principal mérito de este texto reside en plantear aquella perspectiva más kierkegaardiana sobre Kierkegaard, esto es, la religiosa. Si bien, como es lógico, hay que reconocer que no es la única posible. Pienso con sinceridad que, aunque la hermenéutica estética sea perfectamente legítima (como cualquier otra bien fundamentada), la religiosa se acerca más al Kierkegaard auténtico (al sentido último de su obra y pensamiento); o, al menos, se aleja más de posibles errores o lecturas inadecuadas y sesgadas de la obra kierkegaardiana.

Por último, convendría corregir algunas erratas en las expresiones danesas que aparecen en esta obra. Igualmente, me gustaría indicar algunas aclaraciones:

Sería más coherente emplear siempre la grafía danesa característica de la época de Kierkegaard, y no mezclarla con la actual. O bien, escribir todas las expresiones kierkegaardianas tal como se hace en la actualidad.

La única revista propia que creó Kierkegaard fue Øjeblikket (El Instante), no Fædrelandet (La Patria), en la que, en efecto, sí publicó.

La figura que Kierkegaard contrapone al “testigo de la verdad” (al menos en sus Diarios) no es la del “profesor en filosofía”, sino la del “catedrático en teología”.

No obstante, la presenta obra reseñada es una estupenda introducción al pensamiento de Kierkegaard, y por ello le doy mi enhorabuena a su autor. Es de esperar que en posteriores ediciones se corrijan las imperfecciones, las cuales pueden pasar desapercibidas para la mayor parte del público, pero no para el especialista.

En conclusión, el camino espiritual de Kierkegaard es, a la vez, el camino más directo hacia Kierkegaard. Y añadiría algo más: camino no exento de “angustia” y “desesperación”.

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